EFEBeirut

Un mes después de que Turquía lanzase una ofensiva en el norte de Siria para controlar una franja fronteriza y expulsar a los kurdos, la violencia continúa pese al alto el fuego en vigor y decenas de miles de civiles se han quedado sin un hogar al que regresar.

"La sensación después de un mes es la misma que el primer día, no cambiará. Nuestra ciudad es muy bonita, pero ahí se quedaron unas bestias (...) Los civiles no pueden ni asomar la cabeza, la situación es muy difícil", asegura a Efe el kurdo Xemgin Mamoste, de la localidad de Ras al Ain, fronteriza con Turquía.

Recuerda cómo tuvo que huir junto a su familia durante los primeros días de incursión turca en la población, la más afectada en esta campaña militar y que se sitúa en el extremo de la llamada "zona de seguridad" que el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, quiere establecer para aislarse de las milicias kurdas y reasentar a dos millones de refugiados sirios acogidos en su país.

Ahora, en virtud de dos acuerdos entre Turquía y Rusia, por una parte, y Turquía y Estados Unidos, por otra, las Fuerzas de Siria Democrática (FSD), la principal alianza armada liderada por kurdos, se han visto obligadas a retirarse de esa área en la que han empezado a patrullar unidades conjuntas de Ankara y Moscú.

SIN HOGAR

"Donde nos quedemos no será mejor que nuestro hogar", afirma en una conversación por internet Mamoste, que ahora se encuentra en Qamishli, la urbe más poblada del territorio que controla la autoproclamada Administración kurdosiria en el norte y noreste del país.

"Como kurdo y ser humano no puedo volver a esta ciudad y vivir con esta gente. Mejor ir a la selva (...) De mi familia, sólo mi abuelo se quedó en la ciudad. Hace diez días lo mataron. Ni los vecinos lo enterraron. Todas las casas han sido saqueadas, todas, al cien por cien", asevera.

El hombre se refiere a los rebeldes sirios -que apoyan a Turquía sobre el terreno contra las FSD y que continúan luchando tras el cese de hostilidades pactado-, facciones que han sido señaladas por la ONU por los posibles crímenes de guerra, como ejecuciones sumarias, cometidos durante la ofensiva.

Por su parte, Rodin, kurda procedente de Qamishli, dice a Efe que los "disparos nunca han parado", pero insiste en que seguirá resistiendo y que no dejará su hogar.

Su padre, identificado como Magued Eisa, también afirma en una conversación por internet que la familia está "dispuesta a defender la tierra".

DESPLAZADOS Y REFUGIADOS

Desde el comienzo de la ofensiva ha habido un movimiento de 215.119 desplazados en las áreas blanco del ataque de Ankara, según el último cómputo de la Oficina de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA) para Siria.

Un representante oficial de la ONU, que pidió no ser identificado, aseguró a Efe que 73.631 personas permanecen desplazadas a día de hoy, mientras que más de 115.000 han regresado a sus hogares, unas cifras que publicarán oficialmente el próximo lunes.

Además, del total hay casi 15.000 que se habrían refugiado en el Kurdistán iraquí, fronterizo con el territorio kurdosirio, según datos publicados este viernes por el Ministerio de Interior de esa región autónoma.

La mayoría de ellos habrían llegado a través de pasos informales entre ambas regiones, donde los cruces fronterizos no los controlan los gobiernos centrales de Damasco y Bagdad.

El portavoz de la ONG Norwegian Refugee Council (NRC) en Irak, Tom Peyre-Costa, explicó hoy a Efe que estos refugiados se encuentran repartidos en dos campos y en familias de acogida en el Kurdistán iraquí, y que la afluencia de llegadas se ha visto reducida.

"Hay cada vez menos refugiados que pasan la frontera cada día (...) debido a varias razones: los combates han disminuido en Siria y la gente empieza a volver a sus casas, del lado sirio se impide a los jóvenes cruzar y los jóvenes saben que en Irak no tienen libertad de movimiento en los campos", según Peyre-Costa.

NO HAY ALTO EL FUEGO

Pese a la disminución de los ataques, la ofensiva continúa y este lunes se han producido intensos choques en una aldea a las afueras de Ras al Ain entre las unidades de los Ejércitos turco y sirio, en el límite de la franja fronteriza que Erdogan quiere controlar y donde Rusia, principal aliada de Damasco, está presente.

Las tropas leales al presidente sirio, Bachar al Asad, se encuentran luchando ahora junto a las FSD en virtud de un entendimiento militar para hacer frente a los turcos y después de que Estados Unidos decidiese retirar sus tropas del área en contienda.

Sin embargo, Washington desplegó de nuevo sus tropas poco después en el este de Siria, con el fin de proteger los campos petroleros del grupo yihadista Estado Islámico.

Isaac J. Martín