EFEHarare

Una docena de jefes de Estado africanos, acompañados de altos cargos y representantes de otras partes del mundo, así como centenares de zimbabuenses, dieron hoy en Harare el último adiós oficial al expresidente de Zimbabue Robert Mugabe.

"Un árbol gigante de África ha caído", dijo el presidente Emmerson Mnangagwa, quien reemplazó en 2017 a Mugabe en la cabeza del Estado, en el discurso de apertura.

El histórico líder zimbabuense, que gobernó con mano de hierro el país desde su independencia y hasta el golpe de Estado de 2017, falleció a los 95 años el pasado 6 de septiembre en Singapur, país donde permanecía hospitalizado desde abril.

Su féretro, cubierto por una bandera zimbabuense, entró al Estadio Nacional de Harare seguido por sus familiares más cercanos, liderados por su viuda, Grace Mugabe, velada en negro y del brazo del menor de sus hijos, Chatunga.

Antes, a un estadio que puede acoger a 50.000 personas, pero que no ha alcanzado su máxima capacidad, habían llegado los jefes de Estado y presidentes de Angola, Etiopía, Guinea Ecuatorial, Kenia, Malaui, Mozambique, Namibia, Sudáfrica, Zambia y la República Saharaui.

A pesar de ser desahuciado del poder por el Ejército en 2017, Mugabe fue declarado Héroe Nacional por su antiguo partido, el gobernante ZANU-PF, el mismo día de su muerte, y todos los altos cargos del mismo y de la oposición han estado presentes en este último adiós.

"Hoy Zimbabue está de luto por la muerte de un gran hijo de la Tierra, un visionario y defensor de nuestro empoderamiento", aseguró Mnangagwa, quien trabajó codo con codo con Mugabe desde los 60, y le considera la persona que ha "enseñado a una generación, liderado una nación e inspirado un continente".

Mientras, la esposa de Mugabe, líder de la facción del partido contraria a Mnangagwa que se disputo con éste la sucesión del poder, permaneció sentada con el rostro velado y visiblemente afectada en el podio, flanqueada del resto de altos cargos, y consolada a ratos por la esposa del actual presidente, Auxillia, quien se sentó a su lado.

A pesar de que los huecos en las gradas han sido visibles -señal de las dificultades económicas y la escasez de combustible que enfrentan muchos en este país del sur de África-, los miles de asistentes han cantado, vitoreado y silbado durante todo el acto.

Aunque muchos lo desprecian por su Gobierno largo y autocrático, que dejó al país sumido en una brutal crisis económica y profundamente dividido en líneas políticas, Mugabe todavía es venerado y considerado un referente por muchos en toda África.

El presidente de Kenia, Uhuru Kenyatta, describió a Mugabe como "un líder visionario e incansable defensor de la dignidad africana", y el expresidente de Ghana Jerry Rawlings lo ha considerado "uno de los guerreros más formidables del continente".

No todos los discursos de los presidentes han sido recibidos de la misma forma; la multitud abucheó al presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, que está inmerso en una crisis por la violencia xenófoba en su país contra inmigrantes zimbabuenses y otros estados africanos.

Se trata del último adiós oficial, pero el cuerpo de Mugabe no será dado sepultura hasta dentro de varias semanas. Después de una semana de tira y afloja entre la familia y el Gobierno de Mnangagwa, finalmente se ha acordado que el exdirigente sea enterrado en el Acre de los Héroes Nacionales en Harare, un santuario reservado para altas personalidades del país.

La mayoría de los compañeros de lucha de Mugabe durante la independencia, incluida su primera esposa, Sally, y su hermana Sabina, están enterrados allí, pero algunos miembros de la familia consideraban que él había querido ser enterrado en su aldea rural, Kutama, a 100 kilómetros al noroeste de la capital.

El Gobierno construirá finalmente un mausoleo especialmente diseñado en la cima de una colina en el Acre de los Héroes, algo que podría demorar hasta un mes en completarse.

En rasgos generales, el régimen de 37 años de Mugabe se caracterizó por la represión de sus opositores, elecciones de dudosa credibilidad, falta de libertades para su pueblo y una total ruina del Estado zimbabuense.

Oliver Matthews