EFETrípoli

La batalla final por el control de Trípoli y por extensión de toda Libia, que libran el mariscal Jalifa Hafter, hombre fuerte del este del país, y el gobierno sostenido por la ONU en la capital, arrancó hoy con el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, como testigo principal.

El político portugués aterrizó este miércoles en Trípoli para respaldar el plan de paz y reconciliación que promueve su enviado especial, Ghassam Saleme, visita que no impidió que hoy estallara la tensión bélica acumulada durante los últimos días.

Superado el mediodía, la presencia del secretario general en la ciudad no evitó que Hafter, tutor del gobierno establecido en la ciudad oriental de Tobruk, ordenara el inicio de una operación militar cuyo objetivo, dijo, es la "liberación de Trípoli".

En un comunicado difundido a través de la radio, el mariscal pidió a las fuerzas bajo su mando "avanzar hacia la capital. Ciudadanos de Trípoli, os hemos escuchado. Ha llegado el momento para una gran victoria", afirmó.

Minutos antes, varias hileras de blindados y vehículos artillados habían comenzado a penetrar a través de los barrios del sur donde, según explicaron testigos a Efe, se libraron algunas pequeñas escaramuzas, en dirección al norte de la ciudad, donde se hayan los edificios oficiales.

"Ya ha habido intercambios de disparos en varios barrios", dijo un residente, que prefirió no ser identificado.

Los primeras escaramuzas se habían librado ya el miércoles en la ciudad de Asabiah, a unos 110 kilómetros al sur de la capital, y Gharyan, que según el LNA ya se ha rendido a las tropas de Hafter en el inicio de una batalla que se prevé larga y sangrienta.

Casi al tiempo que Hafter ordenaba el ataque, Fayez al Serraj, jefe del gobierno sostenido por la ONU en Trípoli, autorizó a las milicias que quedan a su mando a atacar y bombardear las posiciones de Hafter.

En un comunicado difundido por la inteligencia militar, Al Serraj explicó que la medida tiene como objetivo "preservar y proteger de toda amenaza las vida de los civiles y las infraestructuras" en caso de que las tropas de Hafter ataquen.

En la misma línea, el comando central de las fuerzas armadas en la ciudad estado de Misrata, principal puerto comercial de Libia y enemiga acérrima de Hafter, acordó movilizar las tropas en ayuda de Trípoli.

En este ambiente, Guterres instó a las partes a la calma y llamó a recuperar el diálogo para evitar que la capital y el país entren en una nueva espiral de violencia.

Y salvar el plan de paz, que incluye la convocatoria de una conferencia nacional -prevista para mediados de abril en la ciudad fronteriza de Ghadames- y la celebración de elecciones, cita a la que se resistía Hafter y que ahora parece quedar en el aire.

"Estoy muy preocupado por los movimientos militares que se producen en Libia y que elevan el riesgo de confrontación. No existe una solución militar. Solo el diálogo inter-libio puede resolver los problemas de Libia. Insto a la calma mientras me preparo para reunirme con los líderes libios", escribió Guterres en Twitter.

Una petición que fue desestimada por Ahmed al Mismari, portavoz del Ejército Nacional Libio (LNA), la milicia que lidera Hafter, quien aseguró a Efe que la operación continuará hasta "acabar con el terrorismo".

"Nuestro deseo es que las mujeres de libia den la bienvenida al Ejército libio como hicieron en Bengasi (capital del este) y en Derna", bastión del yihadismo en Libia, escenario en los últimos cinco años de duros combates.

Miembro de la cúpula militar que en 1969 aupó al poder a Muamar al Gadafi, Hafter se convirtió en su principal opositor en el exilio tras ser reclutado por la CIA en la década de los pasados ochenta y establecerse en Estados Unidos.

Regresó al país en marzo de 2011, apenas una mes de iniciada la revolución contra su viejo camarada y dictador, y cabildeó entre las fuerzas rebeldes hasta lograr ser nombrado jefe del LNA por el gobierno rebelde en Toubruk.

En 2014 lanzó una ofensiva para conquistar las ciudades de Derna, bastión del yihadismo en Libia, y Bengazi, segunda ciudad en importancia del país, que le concedió también el control sobre el golfo de Sidrá y el puerto de Ras Lanuf, médula de la industria petrolera libia.

En febrero pasado, sus tropas se hicieron con el control del sur y de los estratégicos yacimientos petroleros de Al Sharara y Al Fil, esenciales para la supervivencia económica y energética del gobierno sostenido por la ONU en Trípoli, al que no reconoce.

Meses atrás insistió en que su objetivo final era la conquista de Trípoli, que le daría el dominio de todo el país -a excepción de Misrata- tras más de un lustro de división política y guerra civil.

Por Mohamad abdel Kader