EFEKampala

El popular músico y líder opositor de Uganda, Bobi Wine, recalcó este lunes que las elecciones del pasado jueves fueron "las más fraudulentas de la historia de Uganda" y pidió a los ugandeses y a la comunidad internacional rechazar la victoria del presidente, Yoweri Museveni, en el poder desde 1986.

"El general Museveni tomó el control de estos comicios. Los números que están compartiendo las autoridades no son reales", dijo el candidato presidencial por la Plataforma de Unidad Nacional (NUP), en declaraciones telefónicas a Efe desde su domicilio, donde permanece bloqueado.

Según la información comunicada por la Comisión Electoral de Uganda el pasado sábado, el presidente Museveni dominó los comicios celebrados el día 14 con un 58,64 % de votos a su favor, mientras que Wine recibió el 34,83 %.

Desde la publicación de los resultados oficiales, Wine permanece bloqueado en su residencia -a unos 15 kilómetros del centro de Kampala- por las fuerzas de seguridad de Uganda, que han impedido cualquier movimiento del líder opositor.

"Estoy bajo arresto domiciliario, más de 400 soldados están rodeando mi hogar. Ni mi mujer ni yo podemos salir de nuestra casa, nos estamos quedando sin comida, pero nadie puede entrar, incluso mis abogados han sido bloqueados", afirmó Wine.

El Ejército ugandés, sin embargo, niega el arresto de Wine y, según declaró a Efe un portavoz militar, el coronel Deo Akiiki, este fin de semana, se trata de un operativo para garantizar la seguridad del popular político de 38 años.

"Si no dejamos pasar a alguna persona para entrar a la casa de Bobi Wine es por su propia seguridad y la seguridad de las personas que rodean al candidato presidencial", sostuvo Akiiki.

PROTESTAS CONTRA LOS RESULTADOS Y POSIBLES ACCIONES JUDICIALES

Wine, que ya venía rechazando los resultados oficiales desde la difusión de los primeros números el pasado viernes, cree que estas fueron "las elecciones más fraudulentas de la historia de Uganda" y aseguró a Efe que compartirá "todas las evidencias que su equipo ha recopilado" en cuanto "se restauren las conexiones a internet", bloqueadas desde la noche previa a las elecciones.

"Llevaremos estas elecciones a los tribunales, aunque sabemos que el Poder Judicial está tomado por el general Museveni. Por eso, también estamos considerando otras opciones pacíficas, incluidas protestas no violentas por toda Uganda y por todo el mundo", expresó el líder opositor.

La tensión política hace temer episodios como los del pasado noviembre, cuando al menos 54 personas fueron asesinadas por los cuerpos de seguridad ugandeses cuando miles de manifestantes salieron a las calles para pedir la liberación de Bobi Wine, que había sido arrestado.

"Todas las decisiones que nosotros tomamos dentro de mi partido las tomamos en grupo, son decisiones grupales. Como aún no he podido reunirme con los líderes de mi partido, todavía no podemos decir de manera clara cuáles serán nuestros siguientes pasos, pero sin ninguna duda compartiremos con el público qué haremos próximamente", subrayó.

Por su parte, el portavoz del partido político de Wine, Joel Senyonyi, aseveró en una rueda de prensa este domingo que "esta es una revolución que no puede ser detenida por unas elecciones fraudulentas".

Fuentes de la Policía confirmaron a Efe que, en al menos dos ciudades de Uganda, Masaka (sureste) y Luweero (centro), en los últimos días ya ha habido manifestaciones aisladas que fueron dispersadas por las fuerzas de seguridad en operaciones que dejaron decenas de arrestos.

Wine, de 38 años, comenzó su carrera política en 2017 y pronto se convirtió en una de las voces más críticas con el Gobierno gracias a sus discursos transgresores.

Por su parte, Museveni, de 75 años y popular entre las generaciones más ancianas como baluarte de estabilidad tras 35 años en el poder, califica a Wine y a sus simpatizantes de "agentes del caos" a los que es necesario combatir.

Ya los comicios de 2016 -en los que Museveni fue reelegido con un 60,7 % de los votos- fueron tildados de fraudulentos por la oposición, y observadores tanto de la UE como de la Commonwealth y la Unión Africana (UA) denunciaron irregularidades y un clima de intimidación hacia votantes.