EFEBrighton (R.Unido)

El congreso del Partido Laborista británico se ha convertido un año más en un campo de batalla entre facciones, a pesar de los esfuerzos de los líderes de los principales bandos, el ala izquierdista y la más centrada, por lanzar un mensaje de unidad frente al conservador Boris Johnson.

La primera reunión nacional en la que Keir Stamer ejerce en persona de jefe del partido se ha visto empañada por la dimisión de un miembro de su equipo en protesta por su hoja de ruta política, un paso que ha sido tachado de "sabotaje" por algunos de sus colegas en la dirección.

Andy McDonald, el último colaborador estrecho del anterior líder, Jeremy Corbyn, que quedaba en el gabinete de Starmer, eligió el momento en el que el foco mediático estaba sobre laboristas para quejarse de la falta de ambición del líder a la hora de subir el salario mínimo.

CORBYN NIEGA UNA "TRAMA MAQUIAVÉLICA"

Corbyn reunió esta martes a cerca de un centenar de afiliados y periodistas en un local cercano al centro de conferencias de Brighton (sur de Inglaterra) en el que se celebra el congreso y aseguró que no hay ninguna "trama maquiavélica" para socavar desde el ala izquierdista los planes de Starmer.

McDonald, a quien describió como "un amigo cercano", actuó "en conciencia" al dimitir y ha pasado un "trauma" como consecuencia de su decisión, aseguró Corbyn.

Presionado en diversas ocasiones por los periodistas para criticar a la actual directiva, determinada a dar un viraje hacia el centro tras la derrota en las últimas generales, el antiguo líder prefirió ofrecer una imagen conciliadora.

"Tenemos que ganar unas elecciones. Tenemos que ganar con las políticas que propongamos. Como líder, comprendo perfectamente lo difícil que es hacer que este partido esté unido y movilizar la gente. Eso es lo que tenemos que hacer", declaró Corbyn.

La sensación de urgencia entre los laboristas por superar rencillas y recuperar terreno tras la debacle electoral de 2019 se incrementa ante las especulaciones sobre unos posibles comicios anticipados en el Reino Unido en la primavera de 2023, dentro de 18 meses.

El exportavoz de Economía del partido, John McDonnell, mano derecha de Corbyn durante años, ha sido el último en expresar su convencimiento de que el conservador Boris Johnson no planea agotar la legislatura, que concluye en mayo de 2024.

DESGASTE DE JOHNSON

La crisis de suministros que ha dejado a miles de gasolineras del Reino Unido sin combustible y la saturación de la sanidad ante la pandemia, entre otros factores, han pasado factura en las encuestas en las últimas semanas al primer ministro.

El 39 % de los votantes respaldaría a los conservadores en unas elecciones generales, frente al 32 % que optaría por los laboristas, según la última encuesta de la firma YouGov. Hace apenas dos meses, la diferencia era de 13 puntos (44 % frente a 31 %).

Al mismo tiempo, sin embargo, Starmer todavía no convence a sus propios correligionarios de que tiene madera para ser el próximo jefe de Gobierno en el Reino Unido.

El 63 % de los británicos cree que el laborista no "ofrece la imagen de ser el próximo primer ministro", una opinión que comparte el 49 % de los votantes del partido, según YouGov.

El plan del actual jefe de la oposición pasa por recuperar la confianza de los votantes de las zonas posindustriales del norte de Inglaterra, que en las pasadas generales abandonaron su tradicional voto laborista para respaldar el Brexit de Johnson.

El portavoz de Interior laborista, Nick Thomas-Symonds, profundizó hoy en el camino hacia el centro que quiere recorrer Starmer al presentar un plan para combatir el crimen y reforzar la vigilancia policial.

Los conservadores se muestran "débiles contra el crimen y débiles contra las causas del crimen", afirmó.

"La seguridad de nuestras comunidades está en riesgo con este Gobierno", recalcó Thomas-Symonds, que trató de volver a centrar la atención de los medios en las propuestas políticas del partido tras una jornada de agrias polémicas internas.

Guillermo Ximenis