EFEBudapest

La oleada de refugiados que ven en Hungría la puerta de entrada para solicitar asilo en Europa Occidental no se reducirá en las próximas semanas, mientras que una veintena de ONG, entre ellas Amnistía Internacional, han solicitado al Gobierno húngaro que deje de criminalizar a los recién llegados.

La oficina centroeuropea de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) vaticinó en un comunicado difundido hoy que "espera que más gente llegue durante los próximos meses" a Hungría.

"El número de llegadas de ayer fue de más de 2.700 personas, con una media diaria de alrededor de 2.000 personas desde el mes pasado", indicó ACNUR.

Esa agencia de Naciones Unidas recuerda que hay unos 30.000 inmigrantes y refugiados en Grecia que pretenden llegar a Europa Occidental y que alrededor de 3.000 personas llegan cada día a Macedonia, país que luego abandonan en dirección a Serbia y Hungría.

"ACNUR espera que la tendencia en las llegadas a Grecia continúe por lo menos hasta octubre, cuando la navegación en el mar Egeo se vuelve extremadamente difícil", señalan los expertos de la ONU sobre una reducción de la llegada de refugiados desde Turquía.

Mientras, en la frontera meridional con Serbia, alrededor de 500 personas huyeron hoy de un punto de registro, paso previo para ingresar en el campamento húngaro de Röszke.

Al grito de "Campamento no" varios centenares se dirigieron a la autopista M5, que lleva a Budapest y que fue cortada en ese punto por la policía.

Este es el último incidente entre la policía húngara y los desesperados refugiados que huyen de conflictos en Oriente Medio, especialmente de la guerra civil de Siria.

En los últimos días, cientos de refugiados que deciden caminar por una autopista o una carretera en dirección a Budapest han generado momentos de tensión con las fuerzas de seguridad, que han llegado a utilizar gas pimienta.

Hungría ha levantado una alambrada de concertinas y ultima una valla de cuatro metros en los 175 kilómetros de frontera con Serbia, y además ha introducido una norma legal que convierte en delito el cruce ilegal de la frontera a partir del 15 de septiembre.

El Gobierno nacionalista húngaro también planea crear unas "zonas de tránsito" en su frontera meridional para procesar las solicitudes de asilo o devolver a los recién llegados a Serbia, país al que declaró "seguro" en julio para los aspirantes al asilo.

El nuevo ministro de Defensa, Istvan Simicsko, que asumió hoy su cargo, ha asegurado que pronto se reforzará la vigilancia de la frontera con hasta 4.000 militares.

"Enviaremos 3.000 ó 4.000 soldados a la frontera, incluyendo a reservistas", adelantó Simicsko ante la comisión de Defensa del Parlamento húngaro.

La movilización de los militares, que apoyarán los trabajos de la policía, ya la había anunciado el Ejecutivo, aunque es una medida que todavía debe ser votada en el Legislativo.

Simicsko sustituye al anterior responsable de Defensa, Csaba Hende, que presentó su dimisión por los retrasos en la construcción de la segunda valla fronteriza.

Ante esta política de mano dura, una veintena de ONG solicitaron hoy al Gobierno húngaro un trato humano a los refugiados que llegan al país en su camino a Europa Occidental y que, en lugar de criminalizarlos, les ofrezca verdadera ayuda.

"Hay que ayudar a los que lo necesitan y hacer todo lo necesario, este es un imperativo moral de toda persona y todos los gobiernos", aseguran ONG como Amnistía Internacional y el Comité Helsinki para los Derechos Humanos.

"La situación de Röszke debe ser solucionada por el Gobierno, en colaboración con organizaciones profesionales. Pedimos que el Gobierno actúe como es de esperar en una crisis: de una forma humana, justa y respetando los derechos humanos", demandan las ONG.

Los miles de refugiados que llegan a Hungría siguen camino estos días en trenes hasta la frontera con Austria, desde donde viajan a Viena, como escala previa a su deseado destino final: Alemania.

Sólo ayer unos 6.000 refugiados de Oriente Medio pasaron por Austria en su viaje hacia Alemania, según la radio pública austríaca ORF.

Centenares de refugiados pasan estos días la noche en la estación oeste de Viena, Westbahnhof, donde la empresa federal ferroviaria ÖBB ha instalado salas especiales para dormir y descansar.

Por Marcelo Nagy