EFEBerlín

La presidencia alemana de turno de la UE - que empezará este 1 de julio - estará marcada por la lucha contra las repercusiones de la pandemia del coronavirus y puede ser además decisiva para el legado que deje el paso por la Cancillería alemana de Angela Merkel.

La meta central del semestre alemán será sacar adelante el fondo para la reconstrucción, que deberá estar dotado con 750.000 millones de euros, y ante el que hay resistencia por parte de algunos países.

"El fondo no resolverá todos los problemas pero no tener el fondo los agravaría todos", advirtió en una entrevista con el "Süddeutsche Zeitung" de Múnich y otros medios europeos, de cara a la presidencia.

La lucha contra la pandemia y las repercusiones está enmarcado bajo el lema de la presidencia alemana - "Juntos para volver a hacer fuerte a Europa"- que se ilustra con un logo que representa una figura geométrica que, aunque no lo parezca, tiene una sola superficie.

Eso representa, según el portavoz del Gobierno alemán, Steffen Seibert, el hecho de que Europa, pese a diversos intereses, forma una unidad común, por lo que en la UE se requiere permanentemente la solidaridad de todos los países miembros.

Según la profesora Miriam Hartlapp, del Instituto de Ciencias Políticas Otto Suhr de la Universidad Libre de Berlín, la crisis de la pandemia ha hecho más visibles muchos retos del proceso de integración europea.

"Muchos de los temas e iniciativas que ahora se discuten alrededor del coronavirus recogen debates virulentos que vienen de tiempo atrás", dijo Hartlapp a Efe.

LA RECONSTRUCCIÓN EN INTERÉS DE TODOS

La idea del fondo, que se financiará con títulos emitidos por la Comisión, rompe en parte con el rechazo que había tenido hasta ahora Alemania ante cualquier forma de mutualización de la deuda.

"Todavía no está decidido como se implementará ese instrumento pero es verdad que la propuesta franco-alemana de la que parte representa un cambio fundamental de la posición alemana", dijo Hartlapp.

Entre las razones del cambio de posición Hartlapp mencionó las lecciones aprendidas de la crisis del euro y un giro en el discurso interno alemán, "en el que el ministro de Finanzas, Olaf Scholz, planteó ya antes de que estallara la crisis un abandono del 'cero negro'", como se suele llamar la exigencia de un presupuesto equilibrado.

A ello se agrega, según Hartlapp, un cambio en la opinión pública alemana en la que se percibe una mayor empatía frente al sufrimiento de otros países que en la crisis del euro.

EL RETO DE CONVENCER A LOS ESCÉPTICOS

Mientras Alemania defiende el fondo, un grupo de cuatro países - Holanda, Austria, Dinamarca y Suecia - tienen reservas frente al mismo.

El principal punto de discordia es el hecho de que el fondo proporcionará no sólo créditos con bajos intereses sino también ayudas no reembolsables a los países más afectados por la pandemia.

Según Merkel, "un reto especial requiere respuestas especiales" y para países que tienen ya una deuda muy alta en estos momentos tiene más sentido otorgar ayudas a fondo perdido que créditos.

La canciller ha dicho que trabajará para convencer a los países que todavía se resisten a ello.

"Es interés de todos los países miembros de la UE mantener un mercado interno fuerte y estar unidos ante el mundo. En una crisis así se espera que cada uno haga lo que es necesario y en esta situación lo necesario es algo fuera de lo común", dijo.

El bajo nivel actual de la deuda alemana le permite aumentar ahora el nuevo endeudamiento, mientras que para países como España o Italia la pandemia ha sido un golpe sanitario, económico y también emocional por el alto número de muertos.

"Ante ello se impone que Alemania no piense solo en si misma, sino que esté dispuesta a un acto extraordinario de solidaridad", dijo.

Merkel, por otra parte, señaló tras su último encuentro con el presidente francés, Emmanuel Macron, que la propuesta de la Comisión de ligar las ayudas a fondo perdido a medidas para aumentar la competitividad puede ayudar a que los escépticos abandonen su resistencia.

El fondo no solo tiene un sentido económico sino también político, puesto que un deterioro grave de la economía puede llevar en muchos países a un ascenso de los populismos y a un deterioro de la democracia.

Por otra parte, la situación internacional actual, con el desafío que representa China para las economías occidentales y los desarrollos que ha habido en EEUU bajo la presidencia de Donald Trump, es algo que, según Merkel, obliga a los europeos a mantenerse unidos.