EFEJartum/El Cairo

Durante años, Musa Farah, un líder tribal en la región de Darfur Norte, en el oeste de Sudán, vio como "cientos de los hijos" de su tribu iban a Libia a cambio de 1.000 dólares para alimentar con su sangre un conflicto en el que su país oficialmente no tiene tropas.

Farah dice que, hasta el año pasado, los jóvenes eran trasladados en aviones desde el aeropuerto de Geneina, en Darfur Oeste, y que los efectivos que supervisaban esos vuelos vestían "uniformes parecidos" a los de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) del poderoso general Mohamed Hamdan Dagalo, alias Hemedti.

Cuenta que cuando llegaron a Libia, algunos recibieron entrenamiento militar y otros no lo necesitaron porque la guerra de Darfur (2003-2008) ya les había enseñado todo lo que debían saber sobre cómo usar armas y sobrevivir a la batalla.

Las familias sabían de sus seres queridos porque recibían un "dinero mensual" desde Libia, pero este año los aviones han dejado de llevarse a los hombres de Darfur.

HEMEDTI Y LIBIA

En el 2000, un empresario sudanés con raíces en Darfur medró en una Libia en la que Muamar al Gadafi aún gobernaba con puño de hierro y alimentaba rebeliones y grupos armados en la región, algo de lo que le acusaban entre otros el Gobierno de Jartum.

El empresario era Hemedti, actual "número dos" del Consejo Soberano que dirige Sudán en su complicado proceso de transición política tras el derrocamiento del presidente Omar al Bashir en abril de 2019.

El comerciante devenido en general reconoció recientemente en una entrevista con la televisión Sudania24 sus "relaciones fuertes con la sociedad libia", pero negó una vez más que sus hombres hayan ido a Libia a luchar en las filas del mariscal Jalifa Hafter, heredero del maltrecho Ejército de Gadafi y que le disputa el poder al Gobierno respaldado por la ONU.

Hemedti aseguró que quienes apuntan a la participación de las FAR en la guerra "buscan demonizar" a estas fuerzas, integradas en el Ejército sudanés desde 2017.

"No tenemos interés de luchar en Libia", afirmó en la entrevista, antes de agregar que sus soldados no pueden "convertirse en mercenarios".

DE DARFUR A LIBIA

En 2017, Al Bashir puso a las FAR bajo sus órdenes directas, después de haber situado en 2013 a Hemedti al mando de este cuerpo creado para regularizar las Yanyauid (Janjaweed), unas milicias que lucharon en Darfur a favor del Gobierno y a las que en 2004 Estados Unidos acusó de genocidio.

Desde el derrocamiento de Al Bashir, no queda claro el papel de Hemedti en el reclutamiento o en el envío de hombres a Libia, pero la ONU, y también los bandos en conflicto, reconocen la presencia de combatientes sudaneses sobre el terreno.

Un panel de expertos informó al Consejo de Seguridad de la ONU a principios de 2020 de que durante el año anterior los grupos de Darfur aumentaron su capacidad militar en Libia, llevando a cabo "reclutamiento a gran escala".

Pese a que "muchos árabes de Darfur y Chad que luchan en Libia como mercenarios individuales son de las mismas tribus que la mayoría de los efectivos de las FAR", el panel dijo no tener "evidencia creíble" de la presencia de éstas.

Unos meses antes, otro panel de expertos en un informe también al Consejo de Seguridad aseguró que unos 1.000 efectivos de las FAR fueron desplegados en el país norteafricano en julio de 2019 para proteger instalaciones estratégicas como las petrolíferas.

El segundo panel consideró que tanto el general como Sudán infringieron el embargo de armas impuesto por la ONU a Libia, que prohíbe el envío de mercenarios.

Hemedti ha admitido que sus soldados combaten en el Yemen, en el marco de la coalición militar capitaneada por Arabia Saudí, junto a Emiratos Árabes Unidos (EAU), país que apoya militarmente a Hafter en el conflicto libio.

El acercamiento de Sudán a EAU, Arabia Saudí y Egipto después de la caída de Al Bashir -acérrimo enemigo de las monarquías del golfo- ha hecho pensar que Hemedti estaría ayudando a sus aliados en Libia para recibir algo a cambio o quizás presionado por éstos.

MILICIANOS, MERCENARIOS Y ENGAÑADOS

Muchos sudaneses luchan en las filas del autodenominado Ejército Nacional Libio de Hafter, aunque también hay presencia de milicianos de grupos armados de Darfur en el bando del Gobierno de Acuerdo Nacional de Trípoli, según los informes presentados al Consejo de Seguridad.

La investigadora sobre Libia del centro International Crisis Group, Claudia Gazzini, no puede precisar si las FAR mandaron a sus hombres directamente o reclutaron a otros combatientes "cercanos a Hemedti por etnia y otros intereses".

Sin embargo, sí recalca a Efe que a día de hoy unos 1.500 sudaneses de grupos rebeldes principalmente de la conflictiva región de Darfur, como el Movimiento de Liberación de Sudán y el Movimiento Justicia e Igualdad, están luchando en Libia.

Además de estos combatientes, la experta recuerda a los jóvenes sudaneses que acabaron en Libia supuestamente engañados tras haber sido contratados por una empresa emiratí.

El escándalo estalló a principios de año en Sudán, cuando las familias de unos 400 jóvenes denunciaron que habían sido enviados a luchar al Yemen y a Libia por la empresa Black Shield, que les contrató para prestar servicios de seguridad en EAU, desde donde fueron trasladados a los dos países en conflicto.

Los combatientes que han ido a Libia pertenecen tanto a tribus como a movimientos armados rebeldes que han sellado acuerdos con las fuerzas de Hafter, según dijo a el investigador de la Academia de Seguridad Suprema de Jartum, Hassan Alam Eddin.

Los combatientes cobran hasta 500 dólares al mes de forma directa, mientras que los grupos a las que pertenecen consiguen ayudas financieras y militares, además de quedarse con el armamento, los vehículos y el equipamiento que consiguen arrebatar a las fuerzas leales al Gobierno de Trípoli, según el analista.

DINERO Y PROBLEMAS

El experto militar sudanés Husein Saleh apunta que Darfur Oeste ha sido, desde hace años, "una fuente de combatientes extranjeros" y Hafter ha contado en varias batallas destacadas con mercenarios de los grupos rebeldes de esta zona.

El mariscal recurrió a los sudaneses por su conocimiento del territorio, sobre todo en las zonas desérticas del sureste de Libia, y la guerra en ese país es una fuente de ingresos para comunidades pobres y subdesarrolladas, uno de los principales motivos por los que se rebelaron hace más de 15 años.

En la época de Al Bashir, las autoridades "pasaron por alto" este trasvase de combatientes y el Gobierno transitorio formado el pasado agosto en Sudán no ha tomado cartas en el asunto, según el investigador del Centro de Estudios Africanos en Jatum Ozman Mahmud.

Mahmud destaca que entre los actuales dirigentes sudaneses hay "quien simpatiza con Hafter y quien simpatiza con Trípoli, y quien considera mejor no intervenir por la frágil situación política en Sudán".

Al Nur al Zaki y Francesca Cicardi