EFEMinsk

Occidente se niega a reconocer a Alexandr Lukashenko como presidente de Bielorrusia después de una investidura casi clandestina, no anunciada previamente y sin presencia diplomática extranjera, mientras la oposición ha decidido responder a la represión policial con su propia reforma de la Constitución.

"Gritan que no nos reconocen. Sabe usted, nosotros no le pedimos a nadie que reconozca o no nuestras elecciones, que reconozca o no la legitimidad del reelegido presidente", dijo hoy Lukashenko, según la agencia oficial BELTA.

Lukashenko, quien hizo estas afirmaciones durante un acto en la embajada de China, uno de los pocos aliados que le quedan junto a Rusia, intentó quitar hierro a la unánime condena occidental, pero la creciente presión internacional está a punto de traducirse en sanciones.

CONDENA DE OCCIDENTE

Mientras Chipre sigue bloqueando las sanciones de la Unión Europea (UE), Estados Unidos y el Reino Unido se plantean aprobar el viernes restricciones contra funcionarios bielorrusos de alto rango por fraude en los comicios y la dura represión policial de las protestas.

Washington, acusado por Moscú y Minsk de patrocinar esas movilizaciones, ha dado un giro copernicano a su reciente deshielo en las relaciones con Bielorrusia, sin embajador estadounidense desde 2008.

El Departamento de Estado de EE.UU. aseguró que Lukashenko carece de legitimidad, mientras la embajadora Julie Fisher sigue sin asumir el cargo en Minsk.

La UE anunció hoy que no reconoce la toma de posesión de Lukashenko como presidente de Bielorrusia por los "resultados falsificados" de las elecciones presidenciales del pasado 9 de agosto.

"La UE no reconoce los resultados falsificados. Sobre esta base, la llamada 'inauguración' del 23 de septiembre y el nuevo mandato que reivindica Alexandr Lukashenko carecen de toda legitimidad democrática", señaló el alto representante de la Unión Europea para la Política Exterior, Josep Borrell,

Denunció que los comicios presidenciales "no fueron ni libres ni justos" y reiteró que "la UE está revisando sus relaciones con Bielorrusia".

La posición de la UE "es clara: los ciudadanos bielorrusos merecen el derecho a estar representados por aquellos a quienes elijan libremente a través de unas nuevas elecciones inclusivas, transparentes y creíbles", recalcó.

Los países bálticos -junto a Polonia los principales azotes del régimen bielorruso- ampliarán la lista negra con otros cien nombres, lo que incluirá a funcionarios, jueces y altos cargos de las fuerza de seguridad.

Mientras, el presidente ucraniano, Vladímir Zelenski, ha dado la espalda a su vecino y ha advertido de una posible crisis de refugiados en caso de que la situación política se desestabilice.

UNA INVESTIDURA CASI CLANDESTINA

En respuesta a las críticas occidentales, Lukashenko destacó que "lo importante" es que la investidura esté "en consonancia con la Constitución".

"Bajo mi punto de vista, según la ley Bielorrusia no debe nada a los países occidentales y tampoco tiene por qué avisar a nadie. Es un asunto interno de nuestro país", insistió.

Además, negó que el acto fuera clandestino, ya que fueron invitadas "casi" 2.000 personas, pero no los embajadores de los países con legaciones en Minsk.

En la misma línea, el Ministerio de Exteriores bielorruso emitió hoy un comunicado en el que asegura que la condena de "algunos" Estados occidentales no refleja la opinión de la "gran mayoría" de la comunidad internacional.

"Los bielorrusos eligen por su cuenta y sin injerencia exterior al jefe de Estado, el Parlamento y las asambleas locales", resaltó y tachó de "insignificante" para Minsk la ausencia de legitimidad exterior.

La investidura provocó gran indignación en la antigua república soviética y miles de personas salieron a protestar en Minsk y otras ciudades del país.

Según el Ministerio bielorruso del Interior, casi 400 personas fueron detenidas durante las protestas, reprimidas brutalmente por la policía, que utilizó cañones de agua y gases lacrimógenos que dejaron decenas de heridos.

OPOSICIÓN IMPERTURBABLE

"La ceremonia fue un nuevo Everest de la idiotez. Fue una demostración pública de la inseguridad de Lukashenko. Si una persona realmente logra el 80 % de los votos, debería organizar una fiesta e invitar a mucha gente", comentó a Efe Anatoli Lebedkó, histórico opositor bielorruso.

Lebedkó subrayó que el juramento del presidente no cambia nada para la oposición, la cual mantiene su intención de reformar el sistema político y convocar unas nuevas elecciones presidenciales.

Explicó que el Consejo Coordinador opositor para el traspaso pacífico del poder ya ha iniciado el proceso de elaboración de una nueva Constitución, frente a la de 1994 que Lukashenko reformó al llegar al poder para reforzar las facultades del presidente.

"Hablamos de reforzar la separación de poderes, de otorgar mayores prerrogativas al Parlamento y de contar con una justicia independiente. Es decir, la Constitución que quiere el pueblo bielorruso", explicó.

También tienen previsto proponer una reforma de la legislación electoral para implantar un sistema mixto, comisiones electorales con presencia de todos los partidos políticos, sistema de escrutinio transparente y la posibilidad de recurrir a los tribunales en caso de fraude.

Señaló que la próxima semana abordará dicha variante de Constitución con la dirigente de la oposición unificada, Svetlana Tijanóvskaya, quien aseguró desde su exilio en Lituania que ella es "la única líder elegida por el pueblo bielorruso".

Nasta Zajarévich