EFEJerusalén

A horas del polémico Día de Jerusalén, marcado año tras año por tensiones entre israelíes y palestinos, Fleur Hassan-Nahoum, vicealcaldesa de la ciudad, defendió las temidas celebraciones en una entrevista con Efe, en la que cuestionó que los judíos no puedan rezar en la Explanada de las Mezquitas, tercer lugar santo para el islam tras La Meca y Medina.

"Es nuestra fiesta y nadie nos va a decir en nuestro propio país si tenemos o no tenemos que celebrar. Nosotros celebramos el Día de Jerusalén", opina Hassan-Nahoum en un español casi perfecto, que aprendió durante su crianza en Gibraltar en una familia judía de origen marroquí.

Se refiere a la controversia en torno al "Desfile de Banderas", una marcha que se llevará a cabo este domingo y que es una de las más notorias tradiciones israelíes para celebrar lo que consideran la "reunificación" de Jerusalén en la Guerra de los Seis Días de 1967, que para los palestinos marca el inicio de la ocupación de la parte oriental de la urbe destinada a ser la capital de su eventual futuro Estado.

"Es un desfile, es un baile, así comenzó, siempre fue así", insiste, sobre el acto en el que cada año decenas de miles de jóvenes religiosos, muchos de ellos residentes de colonias en Cisjordania ocupada, recorren distintas partes de la urbe hasta llegar a la simbólica Puerta de Damasco y cruzar el barrio musulmán -envueltos en banderas israelíes y gritando eslóganes racistas- antes culminar con una ceremonia en el Muro de las Lamentaciones.

"¿Por qué los radicales tienen que decirnos cómo celebrar nuestra fiesta?", pregunta de forma retórica, en alusión a las amenazas esta semana del grupo islamista Hamás con una "guerra regional" en caso de que Israel "cruce las líneas rojas" el domingo en Jerusalén. Esta advertencia sigue a una similar el año pasado, cuando la reacción palestina a esta misma marcha dio comienzo a una escalada bélica de once días que dejó más de 270 muertos.

A las amenazas de Hamás se sumaron este año, según medios locales, una serie de peticiones a Israel por parte de distintos actores internacionales -incluyendo al Gobierno de Estados Unidos- de que cambiara la ruta de la marcha y así evitar que los ultranacionalistas atraviesen el barrio musulmán de la Ciudad Vieja, algo que hasta ahora no ha sucedido.

"Hemos pasado algunas semanas difíciles en Jerusalén, pero lo que se ve en las noticias no es la realidad del día a día. El día a día en Jerusalén no solo es seguro sino que también es de convivencia", enfatiza la vicealcaldesa, minimizando un repunte de tensión en la región que se agravó con la represión policial durante el funeral de la periodista palestina Shireen Abu Akleh, asesinada según fuentes palestinas por un soldado israelí.

"Lo que no vimos en los vídeos es cómo se estaba provocando a la policía antes, qué les tiraron, si les tiraron piedras, si les provocaron, si había violencia", justifica sobre las imágenes viralizadas de los policías israelíes golpeando a los participantes en el funeral que cargaban el ataúd con los restos de la veterana reportera de Al Yazira.

Aquel día, uno de los principales desencadenantes de la reacción policial fue que se ondearan banderas palestinas, algo que no está prohibido en Israel pero que la Policía no permite en Jerusalén, por considerarla una alteración de la paz.

Consultada sobre esta cuestión, Hassan-Nahoum defendió esta política sin dudar: "Imagínate que en Madrid pusieran banderas de ETA. ¿Cómo reaccionaria la Policía? Es lo mismo".

"¿Qué son las banderas palestinas para nosotros? ¿Qué es la ideología palestina?", siguió, antes de argumentar que "la ideología palestina está muy clara" y consiste en "la destrucción del pueblo de Israel".

Continuando con las comparaciones con el caso español, la vicealcaldesa, de 48 años y encargada entre otras cosas de las relaciones exteriores de la Ciudad Santa, destacó que el statu quo vigente que impide el rezo de judíos en la Explanada de las Mezquitas -algo que apoya en Gran Rabinato de Israel- es equivalente a que "una iglesia famosa de Madrid solo permita el acceso a cristianos".

La referencia a esta política, vigente desde la ocupación israelí de Jerusalén Este en 1967 e implementada para evitar enfrentamientos en un sitio sagrado tanto para judíos como para musulmanes, responde a la polémica desatada esta semana tras un fallo de un juez -luego revertido- que instaba a la libertad de culto para todas las religiones en el sitio.

"Yo creo que en el día de hoy el concepto de la libertad, de poder rezar como cada uno quiere y puede es algo bastante importante. ¿A mi me contenta el statu quo? No. ¿Hay que mantener el statu quo para mantener la calma en una ciudad con muchos problemas políticos? Sí. Pero yo comprendo mucho a ese juez, porque si tenemos un principio que es el derecho a rezar como cada uno quiere, ese derecho también aplica a los judíos", consideró Hassan-Nahoum.

Pablo Duer