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Los partidos de Italia están bloqueados en las negociaciones para la elección del próximo jefe del Estado y siguen sin acercar posturas: la tercera votación de este miércoles acabó de nuevo con mayoría de papeletas en blanco, lo que aboca a un nuevo escrutinio mañana, jueves.

La votación concluyó con 412 papeletas en blanco, pero aparecieron algunos nombres muy destacados, como el del actual presidente de la República, Sergio Mattarella, que a pesar de reiterar repetidamente que no quiere seguir en el cargo obtuvo 125 apoyos de los 981 participantes en el voto, para el que están convocados 1.009 "grandes electores", entre diputados, senadores y delegados regionales.

La situación de impás está generando tensiones entre las formaciones de derecha y de la izquierda y, aunque la mayoría se decantó por el voto en blanco hasta que haya un acuerdo, el ultraderechista Hermanos de Italia se desmarcó y apoyó a uno de sus miembros, Guido Crosetto, como señal de que la parálisis no puede continuar, según fuentes de la formación.

Mañana se produce un cambio importante que altera el escenario actual: a partir de la cuarta votación parlamentaria se requiere de mayoría absoluta para sacar adelante a un nombre y se precisarán al menos 505 votos de los 1.009.

En las tres primeras, se han exigido dos tercios (673 votos) y tanto el bloque de la derecha como de la izquierda estaban muy alejados.

La alianza de derechas, formada por la Liga, Forza Italia (FI) y Hermanos de Italia, cuenta con 454 electores y el bloque de la izquierda, compuesto por el Partido Demócrata (PD) y Libres e Iguales, junto al Movimiento 5 Estrellas (M5S), tiene 405.

Por tanto, a la coalición conservadora le faltarían 50 electores desde mañana para imponer a un candidato y podría conseguirlos de otros partidos, como del Grupo Mixto, o de los "francotiradores", como se denomina en Italia a quienes se desmarcan de la línea oficial de sus respectivas formaciones.

El líder del PD, Enrico Letta, ya avisó hoy de que si mañana se produce una elección sin que haya habido diálogo y consenso entre las partes, se pondría en riesgo la continuidad del actual Gobierno, dirigido por Mario Draghi y en el que participan todos los partidos menos Hermanos de Italia, generando inestabilidad.

Después de que la derecha propusiera el martes tres candidatos, que fueron rechazados de inmediato por la izquierda, este miércoles los medios apuntaron a que el "as" en la manga de los conservadores podría ser la presidenta del Senado y miembro de la conservadora FI, Maria Elisabetta Alberti Casellati.

Casellati podría convencer desde mañana tanto a los centristas como a al M5S, ya que fue elegida para su cargo junto al presidente de la Cámara de los Diputados, Roberto Fico (exponente del M5S), durante el primer gobierno que formaron junto a la Liga en 2018.

Sin embargo, el líder del M5S, Giuseppe Conte, consideró que "proponer para la Jefatura del Estado a una persona que ya ocupa un puesto institucional sin acordar antes una solución" para el Senado "sería un error".

Los 43 electores del partido Italia Viva, una escisión del PD liderada por el ex primer ministro Matteo Renzi, pueden ser claves en esta elección, porque podrían apoyar tanto al candidato de la derecha como de la izquierda en una votación ajustada.

Este miércoles se barajó la posibilidad de que Italia Viva pudiera respaldar a Casellati si a cambio se les ofrecía la presidencia del Senado, pero Renzi rechazó que esté en juego este tipo de intercambio: "Creo que soy el político más odiado de Italia, pero incluso los que me odian saben que no hago operaciones en beneficio personal".

Giovanni Toti, exmiembro de Forza Italia y actual vicepresidente del partido Coraggio Italia, hizo un llamamiento para que "prevalezca el sentido de la responsabilidad y se pueda encontrar una solución ampliamente compartida en las próximas 48 horas".

En el horizonte sigue el nombre de Mario Draghi, que ya mostró su voluntad de ocupar la Jefatura del Estado, pero partidos como la Liga de Matteo Salvini, FI o el M5S ya han dicho que su labor como primer ministro es fundamental en el Gobierno.

Laura Serrano-Conde