EFENairobi

Liberia acudió hoy a las urnas para elegir al jefe de Estado que sustituirá a la primera y única presidenta de África, Ellen Johnson-Sirleaf, y que tomará el relevo en un país sumido en una crisis económica y social provocada por la epidemia de ébola que asoló el país en 2014.

Más de 5.000 colegios electorales abrieron con la primera luz del día para los 2,2 millones de electores registrados y que votaron pacíficamente en el que es el primer traspaso democrático de poderes entre dos presidentes salidos de las urnas desde 1943 y los terceros comicios democráticos que celebra el país después de la guerra.

La jornada transcurrió sin incidentes relevantes, a pesar de las dificultades logísticas que afrontó la Comisión Electoral para transportar las papeletas en plena época de lluvias, con la utilización de camiones, coches, motos y hasta canoas para poder llegar a los lugares más remotos del país.

Según las últimas encuestas, entre los veinte candidatos a dirigir el país el claro favorito es el actual vicepresidente Joseph Boakai, que encabeza la lista del gobernante Partido de la Unidad (PU).

Muy de cerca, algunos analistas aseguran que incluso por delante, está el popular exfutbolista George Weah (Congreso para el Cambio Democrático, CCD), único Balón de Oro africano (1995) y considerado el mejor jugador de la historia del continente.

La Comisión Electoral tiene previsto anunciar los resultados el 25 de octubre, aunque para evitar una segunda vuelta el aspirante a la presidencia tiene que conseguir la mayoría absoluta, lo que no logró Johnson-Sirleaf en los comicios de 2005 y 2011.

El principal cometido del próximo presidente es mantener la paz en un país que ha sufrido dos guerras civiles (1989-1996 y 1999-2003) que costaron la vida a más de 150.000 personas y que causó centenares de miles de desplazados y refugiados.

La todavía presidenta y premio Nobel de la Paz en 2011, Ellen Johnson-Sirleaf, que no puede concurrir a un nuevo mandato por limitación constitucional, ya dio los primeros pasos hacia esta estabilidad, consiguiendo la retirada de la misión de paz de la ONU, que estuvo activa trece años, y de todas las sanciones impuestas al país.

Además, desde que gobierna hace doce años, Liberia ha aumentado su PIB en un 248 por ciento, pasando de 604 a 2.101 millones de dólares, una mejora económica que ha repercutido en la esperanza de vida, que ha aumentado de los 56 años a los 62.

No obstante, desde la crisis del ébola que en 2014 mató a casi 5.000 personas, la economía se ha visto afectada y 2016 finalizó con un decrecimiento del 1,6 % del PIB.

Solo en Liberia, el virus contagió a 10.322 ciudadanos y 4.608 de ellos fallecieron, lo que le convierte en el país con más víctimas.

Los expertos niegan que el decrecimiento se deba únicamente a la epidemia de ébola y subrayan factores como el histórico déficit de infraestructuras que sufre el país, algo que ha afectado directamente a la organización de los comicios.

Sea como fuera, el próximo presidente de Liberia debe reducir la pobreza (el 50% de la población vive por debajo de su umbral), eliminar la corrupción y revitalizar la economía, que arrastra tres años en contracción.

La presidenta saliente termina así con un Gobierno de transición que se formó tras el exilio del sanguinario presidente Charles Taylor en 2003, condenado por el Tribunal Especial para Sierra Leona de la Corte Penal Internacional (CPI) por crímenes de guerra y contra la humanidad durante la guerra civil de ese vecino país.

Para las elecciones de hoy, tanto líderes como ciudadanos habían llamado a un ejercicio pacífico que consolidara los valores de esta pequeña democracia, en un continente donde muchos líderes se aferran al poder cambiando la Constitución.