EFEHong Kong

La oposición a la polémica propuesta de ley de extradición de Hong Kong ha espoleado la solidaridad intergeneracional en la excolonia británica y miles de jubilados y ancianos salieron a la calle esta semana en protesta por la brutalidad policial y en solidaridad con los jóvenes manifestantes.

A pesar de la alerta por contaminación y del calor, los manifestantes -apodados "el clan del pelo gris"- marcharon hacia la oficina de la jefa del Ejecutivo hongkonés, Carrie Lam, con pancartas que rezaban "Protege Hong Kong; protege a los jóvenes" o "Apoya a la juventud".

Al inicio de la marcha, a la que los organizadores estiman que acudieron 9.000 personas, una gran pancarta con la leyenda: "Contra la violencia estructural, sufragio universal", en referencia tanto a la respuesta policial que dejó varios heridos en las manifestaciones del último mes como a las aspiraciones democráticas de 2014.

Es este precisamente un punto clave, ya que en 2014, durante la llamada "Revolución de los Paraguas", fueron los jóvenes hongkoneses casi en exclusiva quienes participaron en las protestas por el sufragio universal, que generaron más de una discusión familiar.

"En 2014 no me importaba la política lo más mínimo", dice uno de los manifestantes, de 47 años y que se identifica como So. "Con un niño pequeño y un bebé, (en 2014) nunca pensé que tendría que preocuparme por lo que pasara en Hong Kong".

La última vez que So se manifestó fue en 1989, durante las manifestaciones de solidaridad con los pequineses que protestaban en pos de mayor apertura y en contra de la corrupción y que desembocaron en la masacre de Tiananmen.

"Ahora he despertado -sostiene-. Me alegra que mis hijos también hayan empezado a concienciarse a nivel social y aprender a ser ciudadanos responsables".

En la marcha de los mayores hongkoneses no había rastro de las camisetas negras, los cascos y las mascarillas habituales en las protestas de los jóvenes, sino que abundaban las camisetas blancas. También acudieron varios ancianos en silla de ruedas.

"Tenemos que mostrar apoyo a la gente joven, que ha estado sufriendo por nosotros estos días. Algunos incluso se han jugado la vida. Compartimos el mismo objetivo", señala otro de los manifestantes, Daniel Cheung, un jubilado de 77 años.

Aunque puede que esto no se traduzca en que la brecha generacional haya desaparecido (un vídeo muy difundido por la red social Facebook recientemente muestra a un joven en un restaurante hongkonés reprendiendo a su familia por llamar "radicales" a sus amigos manifestantes) la sensación de unidad sí ha aumentado.

"En Hong Kong, que una marcha haya logrado atraer a miles de ancianos es significativo. La gente cree que la policía está usando métodos más brutales y están más dispuestos a demostrar apoyo a los (jóvenes) manifestantes", argumenta Leung Kai-chi, de la Universidad China de Hong Kong.

Sin embargo, opina Leung, el mantenimiento de esta corriente solidaria intergeneracional dependerá en parte de si los partidos prodemocráticos hongkoneses se mantienen unidos.

Según el experto, otro importante factor sería la actitud futura de los jóvenes a la vanguardia de las protestas: "Han demostrado capacidad de adaptar su estrategia. Seguramente todo irá bien si siguen así. Si no, puede que las cosas se tornen preocupantes".

El de las personas mayores no es el único de los colectivos no jóvenes en haberse unido a las protestas, y en las últimas semanas, varios grupos de madres también mostraron su solidaridad con los jóvenes activistas, docenas de las cuales han sido arrestados.

Cuatro jóvenes llegaron a suicidarse por la frustración que les provocaba la propuesta de ley de extradición, declarada "muerta" por el ejecutivo del archipiélago el pasado 9 de julio y que abría la puerta a que Pekín accediera a "fugitivos" refugiados en Hong Kong.

Sin embargo, organizaciones de defensa de los derechos humanos, colectivos de abogados, de periodistas, de empresarios y un amplísimo espectro de la sociedad se mostró preocupada por la posibilidad de un abuso de esta norma por parte de China que resultara en una mordaza 'de facto' para cualquier disidente o crítico del régimen chino.

Durante los meses de junio y julio, Hong Kong registró varias protestas multitudinarias (al menos dos sobrepasaron el millón de asistentes) y en varias ocasiones la policía local recurrió a la violencia para dispersarlas, dejando algunos heridos de gravedad, lo que ha sido condenado por un amplio espectro social hongkonés.

Shirley Lau