EFEBruselas

Los veintisiete países que seguirán en la Unión Europea (UE) tras "brexit" (la salida del Reino Unido de este bloque) han escenificado durante las negociaciones para la marcha británica una unidad sin precedentes que, sin embargo, se pondrá a prueba al abordar la futura relación entre Londres y Bruselas los próximos meses.

La ruta del Reino Unido hacia la salida del club comunitario llega hoy a su punto intermedio cuando quedan exactamente 365 días para que se formalice este abandono y se cumple, además, un año desde la activación por parte del Ejecutivo británico del artículo 50 del Tratado de Lisboa, que dio pie a este proceso.

Desde aquel 29 de marzo de 2017, en el que May comunicaba a Bruselas oficialmente su solicitud de divorcio, ambos bloques han logrado avances sustanciales en áreas como el coste de la separación o la equivalencia de los derechos de los ciudadanos británicos en territorio europeo y viceversa.

Estos progresos permitieron el pasado mes de diciembre el salto a la segunda fase de las negociaciones, pese a las dudas que aún persisten en el espinoso tema de la frontera entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte.

Durante los ocho meses que han transcurrido desde la primera ronda de negociación formal, los Veintisiete han logrado mantener una posición firme, con intereses comunes y la convicción de que una grieta en su unidad podría dar una apariencia de debilidad ante la marcha de una de sus principales economías.

Así, prácticamente cada vez que los líderes de los Veintisiete han tenido que dar luz verde a una decisión sobre el "brexit", como las directrices para la futura relación o las demandas para el periodo de transición, este consenso se ha logrado en pocos minutos, algo de lo que siempre se ha sentido orgulloso el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk.

No obstante, fue el propio político polaco quien advirtió el pasado mes de diciembre, unos días después de sellar la primera etapa de las negociaciones, que la segunda será "el auténtico test" de la unidad de los Veintisiete.

En este periodo, el principal escollo será definir la futura relación entre Londres y Bruselas una vez que concluya la transición el 31 de diciembre de 2020, que probablemente se concretará en un acuerdo de libre comercio muy diferente a la actual participación británica en el mercado único y la unión aduanera.

Las guías comunitarias para negociar este fase, aprobadas el pasado viernes en la cumbre europea de primavera, tienen en cuenta "las posiciones repetidamente declaradas del Reino Unido", que rechaza frontalmente permanecer en el mercado único, y descartan la posibilidad de un acuerdo "a la carta".

El heterogéneo impacto que el "brexit" tendrá en los diferentes Estados miembros abrirá la puerta, por primera vez desde que los británicos votaron "sí" a su salida de la UE, a la posibilidad de que cada uno de ellos dé prioridad a diferentes intereses en el diseño de la futura relación con Londres.

Sobre la mesa de los negociadores en los próximos meses estará presente el inevitable ámbito comercial, pero también la cooperación aduanera, la colaboración en la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado o la seguridad, entre otros.

El reloj será también uno de los protagonistas de esta fase y no dará tregua desde ahora hasta octubre de 2018, cuando Bruselas pretende haber finalizado el acuerdo de retirada que también incluye los términos de la transición y, de ese modo, dejar tiempo para su ratificación en el Parlamento Europeo y otros organismos relevantes antes del comienzo del periodo transitorio.

Pese a la incertidumbre y el tiempo jugando en contra, la legislación es clara: dentro de un año será el último día de los británicos como miembros de pleno derecho de la UE e, incluso con la escenificación de la unidad de los Veintisiete, cambiará para siempre la forma de entender el club comunitario.

Laura Zornoza