EFEMaría D. Valderrama París

El anuncio de la composición del nuevo Ejecutivo francés debe conocerse "en las próximas horas", según indicó este domingo Aurore Bergé, jefa de diputados del partido de Emmanuel Macron, cuyos primeros meses de reelección se han visto centrados en el rompecabezas de formar un Gobierno de consenso.

Los resultados de las elecciones legislativas del pasado 19 de junio dejaron una Asamblea Nacional fragmentada y marcada por la ausencia de mayorías absolutas, lo que ha obligado a Macron y a su primera ministra, Élisabeth Borne, a imponer cambios en el primer gabinete, anunciado en mayo.

El resultado es que el gobierno de acción, tan anunciado por el presidente, se retrasa ya dos meses. La mano ejecutora de Macron debe tratar de resolver con urgencia los problemas de los franceses que, de momento, se multiplican: inflación, nueva expansión del coronavirus, saturación en los hospitales, falta de personal en escuelas...

El principal objetivo del cambio de gobierno es reemplazar a las tres ministras que perdieron las elecciones en sus respectivos departamentos el pasado día 19: Amélie de Montchalin, ministra de Transición Ecológica, Brigitte Bourguignon, en Sanidad, y Justine Benin, secretaria de Estado del Mar.

Esto se debe a la regla no escrita impuesta por Macron de que todos sus ministros se sometan a la validación del electorado en los comicios de las legislativas.

A ellas se suma la ministra de Ultramar, Yaël Braun-Pivet, elegida esta semana presidenta de la Asamblea Nacional.

MULTIPLICACIÓN DE REUNIONES

Borne se reunió con Macron este viernes al regreso del presidente de una semana de encuentros internacionales para presentarle el resultado de tres días de consultas con los jefes de partido. De ahí salió poca disposición a gobernar en coalición con los macronistas, como el propio jefe de Estado había podido comprobar en los días que siguieron a las elecciones.

El Elíseo, sede de la Presidencia, dice haber comprendido el mensaje de los franceses, "trabajad juntos", pero lo cierto es que pocas figuras públicas han lanzado mensajes a favor de hacer nuevos compromisos.

Macron rechaza buscar aliados en la Agrupación Nacional y la Francia Insumisa, la extrema derecha y la extrema izquierda que se hicieron con 89 y 75 diputados respectivamente en las elecciones, convirtiéndose en los principales partidos de la oposición.

Por detrás de ellos quedan Los Republicanos, la derecha tradicional, que excluye también una coalición.

El Gobierno intenta pescar a los elementos más libres de cada formación y contentar al mismo tiempo a sus aliados tradicionales, los partidos del centroderecha de Modem y Horizontes, dirigidos por François Bayrou y Édouard Philippe, ex primer ministro de Macron.

Entre los nombres que más ruido hacen se encuentran las conservadoras Catherine Vautrin y Christelle Morançais, y una larga lista de alcaldes como el de Fontainebleu, Frédéric Valletoux, presidente de la Federación de Hospitales de Francia; presidentes de regiones como Jean Rottner (Los Republicanos) o el alcalde de Reims, Arnaud Robinet.

El problema es que entre esta mayoría de hombres habrá que elegir a una mayoría de mujeres por la voluntad del presidente de que el Gobierno sea lo más paritario posible y teniendo en cuenta que los principales cargos que lo abandonan, las ministras que serán cesadas con total probabilidad, son mujeres.

En cualquier caso, y tras días de agonía e incertidumbre entre los actuales ministros, que se juegan el puesto, el Gobierno debería estar ya en marcha cuando Borne pronuncie su discurso político ante diputados y senadores este miércoles, cuando presentará las grandes líneas de su programa político.

EQUILIBRIO POLÍTICO

Esto se traduce en que los nuevos cargos se anuncien entre mañana lunes o el martes, sabiendo que el mismo martes la comisión de leyes de la Asamblea Nacional debe ya comenzar a discutir el proyecto de ley sobre seguridad sanitaria en presencia del ministro de Sanidad, donde pocos esperan ya ver a Bourguignon.

Fuentes cercanas al Gobierno señalaban estos días en la prensa que la elección de los nuevos ministros estaba suponiendo demasiados ejercicios de equilibrio. Primero por la necesidad de encontrar personalidades capaz de comprometerse a largo plazo con los macronistas, pero también porque muchas personalidades prefieren no someterse al escrutinio púbico que supone ser ministro.

Los elegidos deben, entre otros puntos, dar cuentas de su patrimonio por las normativas de transparencia, cuestión que espanta, al parecer, a un buen porcentaje de candidatos.

Los interesados temen también desfallecer bajo la alargada sombra de Macron, convencido pese a haber perdido la mayoría absoluta en las legislativas, de que su misión como presidente debe centrarse en llevar a cabo las reformas económicas y estructurales que la oposición rechaza, como la de pensiones.

En Le Figaro, un ministro advertía este domingo desde el anonimato: "No se cambia el juego político con una remodelación".