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Marruecos ha empezado en los últimos días a dar pasos tímidos hacia el desconfinamiento de algunos sectores sin hacer un anuncio oficial, pues el "estado de emergencia sanitaria" decretado el 20 de marzo sigue vigente hasta el 10 de junio.

En las calles de las ciudades se ha empezado a detectar mayor movimiento de peatones y de vehículos, mientras que algunos comercios que llevan dos meses cerrados han empezado a abrir para limpiar y desinfectar sus locales.

A nivel oficial, el confinamiento sanitario terminará el próximo 10 de junio, tal y como anunció el pasado 18 de mayo en una comparecencia ante el Parlamento el presidente del Gobierno, Saadedín Otmani, sin que se haya explicado cuál será la estrategia global de desescalada en el país.

La realidad es que sobre el terreno, cada sector ha empezado en los últimos días a gestionar sus propios planes de desconfinamiento desde que el ministro de Economía y Finanzas, Mohamed Benchaaboune, llamara a las empresas a retomar sus actividades tras la fiesta del fin de ramadan, el pasado 24 de mayo, en aparente contradicción con su jefe de gobierno.

El analista Rachid Aourraz, del centro Moroccan Institute for Policy Analysis (Mipa), cree que el país evita comprometerse con un plan global que pueda fracasar después, optando más bien por una especie de experimentación que ofrezca a las autoridades mayor margen de maniobra en prevención de cualquier riesgo de rebrote del virus.

Aourraz sostiene que la última prolongación del "estado de emergencia sanitaria" ha sido mal percibida por varios sectores, y las autoridades -añade- son conscientes de esta situación que se plantea en el marco de una degradación de la situación económica.

"Por ello se han empezado a levantar de forma gradual algunas restricciones" sobre sectores económicos, explica el analista.

El ministro de Economía marroquí cifró últimamente el coste económico de la crisis de la COVID-19: aseguró que por cada día suplementario de confinamiento, el país pierde 1.000 millones de dirhams (90 millones de euros).

Una situación epidemiológica controlada (con 7819 casos acumulados de los cuales 207 han muerto y 5754 se curaron), además de que casi la mitad de las provincias del país se declararon libres del virus en los últimos días, han sido factores que han favorecido esta tímida reapertura.

La pasada semana, el ministerio de Comercio autorizó la reapertura de restaurantes y cafés, pero solo para servir a domicilio, lo que ha permitido observar colas de clientes en los pocos establecimientos que se han animado a hacerlo, ya que a otros muchos las cuentas no les salen.

Las librerías también han reabierto, pero los clientes son raros: "De momento solo vienen los clientes a recoger los libros que habían reservado por teléfono, desconocemos cuál será el comportamiento de los visitantes en el futuro", cuenta a Efe Abdelaziz, empleado en una librería en el centro de Rabat, mientras atiende a una clienta detrás de una pantalla de vidrio.

Se observan también un retorno progresivo de los taxis, la vuelta de los obreros de construcción en algunos barrios, y un mayor movimiento de los ciudadanos en las calles, pero siempre con mascarillas, legalmente obligatorias so pena de multa.

Por su parte, varias administraciones han empezado a convocar a sus funcionarios tras tres meses de teletrabajo, mientras que los desplazamientos interprovinciales ya son posibles por razones profesionales con una orden de misión de la compañía.

Las que no bajan la guardia son la policía ni la Gendarmería: fuera de los desplazamientos profesionales, siguen totalmente prohibidas las visitas familiares o a amigos, así como las fiestas de cualquier tipo, no dudando en ocasiones en desalojar playas de bañistas con agentes a caballo, como sucedió el pasado fin de semana en Essaouira.

La reapertura también viene acompañada de campañas pedagógicas sobre el virus: las administraciones han publicado guías que detallan las medidas de seguridad sanitaria dentro de los espacios laborales, a la vez que preparan un decreto para regular en el futuro el trabajo telemático para los funcionarios.

Pero si hay un sector que no encuentra ningún horizonte de vuelta a la normalidad es el turismo: con las fronteras cerradas y las líneas aéreas paralizadas, los profesionales marroquíes del sector alertan de que los viajeros optarán por los destinos que antes abran en la cuenca mediterránea, competidores directos de Marruecos.

Mientras que el turismo local, que siempre ha sido marginal, no podrá colmar el vacío por tener ahora otra prioridad más acuciante: superar la crisis económica.

Fatima Zohra Bouaziz