EFEGinebra

Representantes de Marruecos y del Frente Polisario iniciaron hoy en la sede europea de la ONU en Ginebra las primeras conversaciones directas en seis años, con las que la parte saharaui espera devolver atención internacional al conflicto tras un largo olvido.

Las dos delegaciones, más altos representantes de Mauritania, Argelia y Naciones Unidas, se reunieron hoy durante unas tres horas y proseguirán sus contactos mañana jueves, día en el que se espera que las distintas partes hagan declaraciones.

El ministro de Asuntos Exteriores marroquí, Naser Burita, acudió a Ginebra encabezando una delegación en la que finalmente no estuvo, como estaba inicialmente previsto, el director de los servicios de contraespionaje marroquíes, Yasin Mansuri, próximo a la monarquía alauí, y con gran influencia en la política nacional.

Sí acompañaron a Burita tres políticos de origen saharaui pero afines a la postura de Marruecos, que desde 2007 propone una autonomía para la excolonia española del Sahara Occidental como alternativa al referéndum de autodeterminación que defiende el Frente Polisario.

Por parte del Polisario el jefe de la delegación en Ginebra fue el presidente del Parlamento saharaui, Jatri Aduh, y también destacó la presencia de Fatma Mehdi, secretaria general de la Unión de Mujeres Saharauis, y la de Mhamad Jadad, coordinador con la Misión de la ONU para el referéndum en el Sahara Occidental (Minurso).

Los jefes de la diplomacia de Argelia -tradicional aliada del Polisario- y de Mauritania también asistieron hoy a las conversaciones, así como el expresidente alemán Horst Köhler, actual enviado del secretario general de la ONU para el Sahara Occidental y uno de los grandes impulsores del actual diálogo.

El Frente Polisario ve con esperanza la vuelta a la mesa de conversaciones tras seis años de interrupción total de contactos.

El Polisario también considera que Marruecos puede usar la actual cita para ganar tiempo frente a la actual presión internacional, que ha empezado a exigirle una solución al estancamiento que el Sahara Occidental vive desde la precipitada salida de España del territorio en 1975.

Esa presión, coinciden los saharauis, ha partido en gran medida de Estados Unidos, con la llegada de John Bolton al frente del Consejo de Seguridad Nacional este año, aunque también se ha notado en nuevos actores como Rusia o China, cada vez más escépticos con la actividad que la MINURSO desarrolla en Sahara Occidental desde 1991.

La última resolución del Consejo de Seguridad de la ONU sobre el Sahara Occidental reconoce que el conflicto está repercutiendo en toda la región del Magreb e impidiendo su desarrollo, lo que daba finalmente importancia internacional a un contencioso olvidado durante décadas.

No se espera que las dos principales partes en conflicto hagan esta semana en Ginebra ninguna concesión a sus habituales reivindicaciones -referéndum para el Polisario, autonomía dentro de Marruecos para Rabat-, aunque el mero diálogo podría servir para limar asperezas y dar pie a futuros avances.

Decenas de miles de saharauis -170.000 según fuentes próximas al Frente Polisario- viven en campos de refugiados en la región argelina de Tinduf, donde tiene su sede el gobierno la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), reconocida sólo parcialmente por la comunidad internacional.

España, que se retiró del Sahara Occidental en febrero de 1976 en virtud de los Acuerdos de Madrid, suscritos el 14 de noviembre de 1975 con Mauritania y Marruecos, ha evitado durante décadas mediar en el conflicto para no perjudicar las relaciones con Rabat.

Sin embargo, numerosas organizaciones no gubernamentales y de la sociedad civil española prestan apoyo a la causa saharaui.

Por Antonio Broto