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El líder opositor ruso, Alexéi Navalni, puso hoy fin a la huelga de hambre de 24 días que había iniciado en prisión para exigir que le vean sus médicos de confianza tras instarle sus aliados a abandonarla de inmediato si quiere evitar un desenlace fatal.

"A la vista de los avances logrados y de todas las circunstancias, empiezo a abandonar la huelga de hambre. Según los protocolos, esto llevará otros 24 días y, dicen, es aún más difícil", señaló Navalni en su cuenta de Instagram.

"Así que deseadme suerte", se dirigió a sus seguidores en la red social, en la que indicó que volverá a ingerir comida tras un llamamiento alarmante de sus médicos de confianza el jueves y para no poner en peligro la vida de varias personas que habían iniciado huelgas de hambre solidarias.

Entre los que se habían sumado desde el exterior a la huelga de hambre se encontraban representantes de la asociación de víctimas de la matanza de la escuela de Beslán (2004), en Osetia del Norte.

"Amigos, mi corazón está lleno de amor y gratitud por ustedes, pero no quiero que nadie experimente sufrimiento físico por mi culpa", señaló Navalni.

El activista anticorrupción explicó que, gracias al "tremendo apoyo de buenas personas en todo el país y en todo el mundo", se ha logrado que le examinen en dos ocasiones médicos externos.

Navalni, de 44 años, inició la huelga de hambre el pasado 31 de marzo después de quejarse de dolores de espalda y la pérdida de sensibilidad en piernas y manos.

Le diagnosticaron una hernia doble y una protusión discal en la cárcel en la que cumple una condena de dos años y medio de prisión por un antiguo caso penal, pero Navalni insistía en que quería ser examinado por médicos especialistas de su confianza, algo que los servicios penitenciarios le negaron insistentemente.

El argumento de las autoridades de que su estado de salud era satisfactorio pronto quedó invalidado cuando sus abogados y su esposa, Yulia, denunciaron que Navalni, de 44 años, había adelgazado 16 kilos desde que ingresó en prisión en febrero y al menos 9 desde que comenzó su huelga de hambre.

LAS ALERTAS Y LAS PRESIONES

Las presiones dentro y fuera de Rusia --de líderes, de organizaciones de derechos humanos, la ONU y personas públicas-- se multiplicaron después de que sus colaboradores alertaran de que la vida del opositor "pendía de un hilo".

Sus análisis de sangre habían arrojado unos niveles muy elevados de potasio y muy bajos de sodio y uno de sus médicos habituales afirmó que Navalni "podía morir en cualquier momento".

Pese a que el Kremlin hizo oídos sordos a los llamamientos, Navalni, que sobrevivió en agosto pasado a un envenenamiento con el agente tóxico Novichok del que culpa al presidente ruso, Vladímir Putin, fue ingresado el pasado día 18 en un hospital penitenciario, donde se le prescribió una terapia vitamínica y le suministraron suero.

Navalni, en aquel entonces, ya se había descrito a sí mismo como "un esqueleto en la celda".

Gracias a las presiones dentro y fuera de Rusia, Navalni finalmente fue llevado el martes a un hospital civil en la región de Vladímir, donde fue sometido a un examen que incluía una electroneuromiografía y consultas con un neurocirujano, un nefrólogo y un neurólogo.

Cinco de los facultativos que tratan normalmente al opositor y que pudieron estudiar los informes médicos, instaron el jueves a Navalni a poner fin inmediatamente a la huelga de hambre, porque de lo contrario "pronto ya no habrá nadie a quien curar".

PELIGRO DE MUERTE

Prologar la huelga de hambre "puede causar un daño notable a la salud de Navalni y conducir al resultado más triste: la muerte", advirtieron, y explicaron que el líder opositor ruso tiene, entre otros, síntomas neurológicos severos y de insuficiencia renal, además de hiponatremia severa.

La opinión de sus médicos de confianza le parecía "digna de atención" a Navalni, que recalcó no obstante que, aunque volverá a comer, no renunciará a su exigencia de ser visto por los médicos que necesita, porque está perdiendo sensibilidad en manos y piernas y quiere saber qué ocurre y cómo tratar sus dolencias.

Los mismos facultativos exigieron este viernes que Navalni sea trasladado a Moscú para ser tratado por sus médicos y especialistas occidentales en un hospital moderno multidisciplinario, dado que aún no se ha efectuado un diagnóstico completo y el paciente no recibe los medicamentos adecuados.

Eso, subrayaron, "viola todos los estándares y principios éticos".