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En medio de las dudas sobre la legitimidad que tendrá su Gobierno a partir del 10 de enero próximo, el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, abandonó la denominada “diplomacia del dólar” de Taiwán, a cambio del reconocimiento de China, que considera a la isla como una “provincia rebelde”.

En su decisión, anunciada el jueves, Nicaragua declaró que “la República Popular China es el único Gobierno legítimo que representa a toda China y Taiwán es parte inalienable del territorio chino”.

En respuesta, Taiwán, que lamentó la decisión que deja en 14 el número de países que la reconocen como Estado independiente, decidió “poner fin a todos los proyectos de cooperación bilateral y programas de ayuda, y retirar al personal de su embajada y misión técnica en Nicaragua”.

Desde 2018, con la retirada del apoyo de diversos países debido al conflicto sociopolítico interno que derivó en la peor crisis económica de Nicaragua en 30 años, Taiwán se había convertido en el principal cooperante y uno de los principales socios comerciales del país centroamericano.

A cambio, Nicaragua no solamente se mantuvo como uno de los pocos países que reconocían a Taiwán, sino que abogaba por su presencia en diferentes organizaciones de las Naciones Unidas.

Según datos del Banco Central de Nicaragua (BCN), de los 46,8 millones de dólares que el país centroamericano percibió de donantes bilaterales en 2020, 27,9 millones de dólares procedían de Taiwán. Además, de los 829,2 millones de dólares en préstamos al sector público nicaragüense, 321,6 millones de dólares eran del Banco Centroamericano de la Integración Económica (BCIE), con fuerte presencia del socio asiático.

De acuerdo con el BCN, Taiwán fue el quinto principal socio comercial de Nicaragua en 2020, y en 2021 si bien era el séptimo, sus 66,3 millones de dólares en compras a septiembre de este año ya habían superado los 63,3 millones de dólares de todo el curso anterior.

Hasta esta semana Taiwán era el único país que aparecía en los medios oficialistas en todas las donaciones, ya fueran viviendas, carreteras, proyectos alimenticios, alimentos para niños, dinero para emprendedores y aportes a la prevención de desastres, entre otras, que hicieron del embajador taiwanés, Jaime Chin-Mu Wu, uno de los extranjeros más conocidos en Nicaragua.

El apoyo de Taiwán a Ortega fue visto con recelo por los opositores, quienes señalaron al Gobierno de Taipei como “cómplice de las violaciones de derechos humanos” en Nicaragua, lo que no afectó la relación diplomática.

EL GIRO

Todo cambió en el marco de las elecciones de noviembre pasado, en las que Ortega fue reelegido, pero cuya legitimidad fue puesta en duda por la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la mayoría de la comunidad internacional, que no las consideraron libres, ni imparciales, ni transparentes, debido al encarcelamiento de siete aspirantes a la Presidencia por la oposición, eliminación de partidos opositores, y el establecimiento de leyes restrictivas.

Luego de 31 años sin lazos oficiales, Nicaragua anunció el restablecimiento de sus relaciones diplomáticas con China, que agradeció “profundamente esta decisión”.

El Gobierno de Venezuela, que preside Nicolás Maduro, aliado de Ortega, felicitó a Nicaragua por sumarse “al reconocimiento del principio inalienable de una sola China”.

Algunos analistas encontraron explicaciones a la decisión de Ortega en el aislamiento de su Gobierno luego de haber anunciado el retiro de Nicaragua de la OEA, y debido a las sanciones a sus allegados emitidas por el principal aliado de Taiwán, Estados Unidos, así como de la Unión Europea y otros países.

La activista Haydée Castillo afirmó que se trata de “la búsqueda desesperada de un alineamiento hacia otros polos, como son China y Rusia, en contraposición a Estados Unidos, quien ha mostrado un claro rechazo a la política dictatorial de Ortega”.

Castillo no descartó que “este movimiento en las relaciones internacionales de la dictadura Ortega Murillo esté relacionado con la necesidad de proteger sus intereses familiares y dinásticos ante el aislamiento internacional en el que se encuentra”.

Aunque el Gobierno sandinista insiste en el respeto de sus asuntos internos y su autodeterminación, hay quienes señalaron lo contrario.

“La relación con China continental será en los peores términos de sumisión, como lo fue con la extinta Unión Soviética, ahí sí que Ortega olvida su discurso de autodeterminación, soberanía y todos eso que ocupa para justificar su menosprecio por los derechos humanos de los nicaragüenses”, señaló el analista político Eliseo Núñez.

Las relaciones de Nicaragua con China y Taiwán han sido intermitentes a lo largo de la historia.

El país centroamericano, que ya tenía contradicciones con China desde 1897, reconoció a Taiwán en 1949. En 1985, durante el primer Gobierno de Ortega, Nicaragua rechazó a la isla y estableció relaciones con el territorio continental, lo que fue revertido en 1990 por la expresidenta Violeta Barrios de Chamorro, y que dio una nueva vuelta el jueves.