EFEBuenos Aires

Víctimas y familiares de fallecidos en atentados terroristas en cuatro países se reúnen desde hoy en Buenos Aires para compartir su dolor y reivindicar, mediante sus experiencias, el papel de los supervivientes en la memoria colectiva.

El evento comienza en la víspera del aniversario del ataque de 1994 contra la mutua judía AMIA en la capital argentina, que mató a 85 personas e hirió a más de 300, y se extenderá hasta mañana, con la presencia, entre otros, del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro.

El objetivo de las jornadas es, según sus organizadores del Congreso Judío Latinoamericano (CJL), abordar el impacto del terrorismo desde el aspecto humano de la tragedia.

Además del atentado a la AMIA, las jornadas acogen a sobrevivientes del atentado a la embajada de Israel en Buenos Aires en 1992, que dejó 22 muertos y más de 200 heridos; el de Niza en 2016, con 86 fallecidos y más de 400 heridos; Nueva York en 2017, con 8 muertos y 12 heridos; y Paysandú (Uruguay), donde un hombre judío fue asesinado a puñaladas en 2016.

En el acto de apertura, en el que estuvo muy presente el reclamo de justicia por la masacre de la AMIA, que aún sigue impune, Almagro destacó que las víctimas de ese ataque "han convertido el horror en lucha".

Almagro aseveró que "ninguna semilla del odio puede ser tolerada" ni permitir que "germine en las sociedades", ya que cualquier discurso del odio tiene una "enorme capacidad de despertar fantasmas que están dormidos", como la discriminación y la violencia.

Entre ellos, Almagro apuntó al antisemitismo, frente al que llamó a ser "muy duros" para combatirlo, porque "trae dolor y muerte", y dijo que el atentado a la AMIA "fue un golpe a todos nosotros", no solo a Argentina.

El presidente del CJL, Adrián Werthein, declaró que tras conversar con los supervivientes constató que "pocos se ocupan de ellos", y que cuando la sociedad trata estas tragedias es para "recordar a los muertos".

Werthein reclamó que los sobrevivientes tienen que ser "docentes" que expliquen a la sociedad lo que vivieron, para así "permanecer en la memoria y ayudar a prevenir" la violencia.

En opinión del titular del CJL, los Estados "se tienen que ocupar un poco más" de las víctimas, porque creen que "sobrevivir les da el pasaporte a la vida de los comunes, sin comprender que el atentado ha matado su pasado y sus sentimientos".

El secretario argentino de Derechos Humanos, Claudio Avruj, expuso que los políticos deben empezar a trabajar en una "política basada en los valores del afecto, que plantea cercanía, entendimiento y escucha".

"La memoria le cuenta historias a la justicia y a la verdad, nos interperla y nos moviliza", opinó Avruj, quien pidió disculpas en nombre del Estado "por todos estos años de ausencia, de indiferencia, de indolencia, de lejanía" en el caso AMIA.

El presidente de la AMIA, Agustín Zbar, reiteró la reivindicación de justicia, pero se enorgulleció de que la mutua judía no paró "un solo día", y en la jornada siguiente al atentado seguía prestando "ayuda" a los ciudadanos.

Uno de quienes compartió su testimonio fue Daniel Pomerantz, que sobrevivió al atentado de la AMIA, del que, contó, "las sensaciones iniciales siguen frescas", como "la visión que se nubla" o los gritos "desgarradores" pidiendo ayuda o conocer el paradero de sus familiares.

Pomerantz, hoy director ejecutivo de la AMIA, rememoró que tras el ataque "su vida no fue la misma", y pidió que no se "ritualice" el aniversario de la AMIA y vuelva a "exigir justicia", porque "la impunidad genera angustia".

Carolina Mondino, una argentina que vive desde hace más de 30 años en Francia y sobrevivió al atentado yihadista de Niza, admitió que aún vive con pesadillas y no olvidará jamás "ese olor, ese ruido, ese horror", mientras Martín Marro, que escapó con vida del atropello de Nueva York, en el que murieron varios de sus amigos, aseguró que "la amistad es más fuerte que la muerte".