EFEBangkok

La exmandataria birmana Aung San Suu Kyi cumplió este sábado 76 años prisionera de la junta militar que la derrocó en un golpe de Estado el pasado 1 de febrero y la ha sumergido en un orwelliano proceso judicial.

Según muestran las imágenes de los medios locales y de las redes sociales, miles de personas salieron hoy a manifestarse contra la junta llevando flores en la mano o enganchadas a la oreja o el cabello, mientras otros exhibieron pasteles de cumpleaños en homenaje a la depuesta líder.

Las flores en recuerdo a Suu Kyi no se limitaron a las protestas, sino que son parte hoy del paisaje cotidiano en las calles de un país donde la nobel de la paz es el símbolo de la oposición al régimen de los uniformados.

El pasado lunes, la nobel de la paz se sentó en el banquillo de los acusados en el primer día del juicio en el que está acusada de cinco cargos variopintos como la incitación a la agitación pública, la violación de las normas de la covid-19 y la importación ilegal de "walkie-talkies".

Además tiene pendiente otro juicio en el Tribunal Supremo por el cargo más serio de vulnerar la Ley de Secretos Oficiales, una norma dictada durante la época colonial que se castiga con hasta 14 años de cárcel.

También ha sido acusada de aceptar sobornos, un cargo que ha sido categóricamente rechazado por sus abogados, como todos los demás.

Los militares, al mando del general golpista Min Aung Hlaing, detuvieron a Suu Kyi el día del golpe y, desde entonces, la han mantenido bajo arresto en un lugar desconocido y prácticamente incomunicada.

Durante las primeras vistas preliminares ante el tribunal de Naipyidó, Suu Kyi compareció por teleconferencia y solo acudió en persona a la corte el pasado 24 de mayo.

Sus abogados aseguraron que la nobel de la paz vivía sin noticias de lo que ocurre en el país, sumido en una espiral de violencia entre grupos de defensa civil formados raíz del golpe y el Ejército golpista, que ha masacrado a cientos de manifestantes pacíficos.

En la última vista del pasado martes, Suu Kyi se quejó ante el juez de que parte de la comida que le habían enviado sus abogados desde Rangún le llegó en mal estado, lo que evidencia lo precario de su situación.

HIJA DE HÉROE NACIONAL

Hija del héroe nacional Aung San, la líder depuesta vivió su juventud fuera de su país y llevó una vida privilegiada, con estudios en la Universidad de Oxford (Reino Unido), pero en 1988 volvió a Birmania (Myanmar), donde se unió a las protestas contra el Gobierno militar de entonces.

Durante las sucesivas junta militares, pasó 15 años bajo arresto domiciliario en distintos periodos e incluso renunció a despedirse de su marido, Michael Aris, que murió de cáncer, por miedo a no poder volver a su país para seguir su lucha pacífica por la democracia.

"Estaba dispuesta a estar en desacuerdo con los poderosos. Era, en mi opinión, valiente y ciertamente disciplinada, extremadamente disciplinada", indicó a Efe Peter Phopam, un periodista británico que ha entrevistado a Suu Kyi y ha escrito dos libros sobre ella.

"Siempre sentí que merecía completamente el Premio Nobel de la Paz en 1991. Fue muy valiente y consiguió expresar con claridad las aspiraciones democráticas del pueblo birmano", señaló Phopam en entrevista telefónica.

El periodista y escritor opinó que Suu Kyi, conocida en su país como la "dama" o "madre Suu", es una gran oradora, lo que ha demostrado en mítines ante miles de personas, aunque también "muy ambiciosa" y "sin talento para la política práctica".

LÍDER DE FACTO

Suu Kyi, cuyos dos hijos se criaron fuera de Birmania, fue liberada en 2010 y seis años más tarde se convirtió en la líder de facto del país como consejera de Estado y ministra de Exteriores en una "democracia disciplinada" planificada e implementada por los miliares.

Aunque siempre ha mantenido un apoyo arrollador en su país, Suu Kyi perdió todo su prestigio en el exterior cuando se negó a interceder por la minoría rohinyá tras las campañas de limpieza étnica del Ejército en 2016 y 2017 y hasta defendió la actuación de los militares en la Corte Internacional de Justicia.

"Creo que su reputación quedó irreversiblemente dañada por no enfrentarse a los militares durante la crisis de los rohinyás", dijo Popham en referencia a los asesinatos, violaciones y torturas de los soldados contra esta vulnerable comunidad.

El periodista manifestó que el general Min Aung Hlaing perpetró el golpe de Estado en febrero por pura ambición de poder, pero sugirió que este levantamiento militar también pone en evidencia la escasa habilidad política de Suu Kyi.

Bajo el poder de los militares, la nobel de la paz vuelve a compartir el destino trágico de su país, aunque la dama mantiene un enorme respeto y admiración entre sus compatriotas, quizá incluso más que antes.

Gaspar Ruiz-Canela