EFEEl Cairo

Ocho años después del comienzo de la revolución en Siria, que degeneró en una guerra en la que han muerto más de 371.000 personas, de acuerdo con datos publicados hoy por el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, el presidente del país, Bachar al Asad, se mantiene en el poder sin que se vislumbre la posibilidad de que lo abandone y controla más del 60 % del territorio nacional.

El Observatorio, que ha documentado el conflicto desde sus inicios, ha podido verificar la muerte de al menos 371.222 personas desde el comienzo de la revuelta el 15 de marzo de 2011, aunque ha advertido de que la cifra de muertos podría ser superior al medio millón, entre civiles, combatientes de todos los bandos, detenidos y desaparecidos.

Según la ONG, con sede en el Reino Unido pero con una amplia red de colaboradores sobre el terreno, del total de víctimas, 112.623 son civiles, incluidos 21.065 menores de edad y 13.173 mujeres.

Asimismo, el Observatorio ha registrado 65.187 bajas en las filas del Ejército sirio y sus aliados, 50.484 de ellos de nacionalidad siria.

Mientras, entre los opositores a Al Asad, ha documentado 64.477 muertos de nacionalidad siria, tanto de facciones rebeldes e islamistas como de las Fuerzas de Siria Democrática (FSD), una alianza armada integrada principalmente por kurdos y que lidera la lucha contra el grupo terrorista Estado Islámico (EI).

También han fallecido 65.726 combatientes de otras nacionalidades, sobre todo árabes, pertenecientes a grupos armados radicales, como el EI y el Frente de Liberación de Levante (exfilial siria de Al Qaeda).

Además, en los pasados ocho años, hasta 88.000 personas podrían haber perdido la vida por torturas en las cárceles del Gobierno sirio en todo el país, y se desconoce la suerte de más de 10.000 personas, detenidas o secuestradas.

Ninguno de los bandos beligerantes reconoce las bajas en sus propias filas y el acceso a zonas de combate es difícil, por lo que las cifras podrían ser mucho más elevadas, según el Observatorio, pero después de tanta sangre derramada y de la destrucción provocada por los combates, al comienzo del noveno año de conflicto en Siria emerge un claro ganador: Al Asad.

Sus tropas y otras fuerzas que luchan a su favor controlan actualmente el 60,2 % del territorio sirio, después de haber recuperado el control de amplias áreas del país a lo largo de 2018 y de haber arrebatado sus principales feudos a los rebeldes, que ahora sólo dominan el 8,7 % del país, de acuerdo al Observatorio.

Las facciones insurgentes de todos las tendencias, incluidos los grupos más radicales como la exfilial siria de Al Qaeda, se encuentran arrinconados en la provincia de Idlib (noroeste) a la espera de una ofensiva gubernamental que quedó paralizada el pasado septiembre gracias a un acuerdo entre Rusia, principal aliado de Damasco, y Turquía, valedora de los rebeldes.

Al Asad ha advertido en varias ocasiones de que se dispone va a recuperar el control de todo el país, donde el EI tiene presencia sólo en el 2,2 % del territorio y está siendo expulsado de la última localidad habitada que controlaba en Siria, por lo que ya no representa un amenaza para Damasco.

Sin embargo, las FSD controlan ahora casi el 29 % de Siria, en el noreste del país, lo cual supondrá un dilema para el Gobierno central, que nunca ha ofrecido más autonomía a los kurdos a pesar de sus reivindicaciones.

Tras ocho años de una guerra brutal y compleja, en la que han intervenido múltiples actores nacionales y extranjeros, nadie pone en duda la permanencia de Al Asad en el poder e incluso varios países árabes, que le aislaron en 2011 por la represión violenta de las protestas, han dado pasos hacia la normalización de las relaciones diplomáticas con Siria.

Poco queda de aquellas manifestaciones, que dieron comienzo un día como hoy en la ciudad sureña de Deraa, donde esta misma semana se han registrado algunas protestas en contra de la colocación de una estatua del padre de Al Asad, el fallecido presidente Hafez Al Asad (1971-2000), pero no han sido reprimidas por la fuerza.

Francesca Cicardi