EFELondres

Tras la fama internacional alcanzada por John Bercow con sus estruendosas llamadas al orden, su sucesor como presidente de la Cámara de los Comunes, Lindsay Hoyle, aporta un estilo conciliador y una excéntrica camada de mascotas, encabezada por el loro Boris, tan "parlanchín y repetitivo" como el primer ministro.

Cuando se cumple un año de su elección, el próximo 4 de noviembre, Sir Lindsay, antes vicepresidente de la Cámara Baja, hace balance de sus logros en tiempos de Brexit y pandemia en una entrevista exclusiva con Efe, a la que asisten su esposa Catherine, el gato Patrick y el propio Boris, algo cohibido ante los recién llegados.

Admite que la salida del Reino Unido de la UE, que se ejecutó formalmente el pasado 31 de enero, "tuvo un gran impacto entre los diputados, por el odio, la indignación y la división entre las familias".

Por esa razón, uno de los primeros objetivos que se ha marcado como presidente (o "speaker") de la cámara es velar por su salud, incluida la mental, algo a lo que, en su caso, ayudan mucho las mascotas por las que es conocido en el Reino Unido.

BESTIAS POLÍTICAS

Cada uno de sus animales tiene nombre de "bestias de la política" británica, según su personalidad: "Boris parlotea mucho y tiene las plumas revueltas" como la cabellera del jefe del Gobierno, Boris Johnson, y el majestuoso gato Patrick emula al lord conservador Patrick Comarck.

El difunto gato Dennis, explica Hoyle, homenajeaba al veterano diputado Dennis Skinner y el "rottweiler" de 57 kilos Gordon al ex primer ministro laborista Gordon Brown. La perra Betty "es tenaz" como Betty Boothroyd, la primera mujer presidenta de los Comunes, y, con su "cáscara dura", la tortuga Maggie "es una Margaret Thatcher nata".

Las mascotas a menudo viajan con Hoyle al Palacio de Westminster desde su tierra natal de Lancashire (norte de Inglaterra), cuyo escaño ostenta desde 1997, aunque por su cargo neutral como presidente de la cámara debió renunciar a su militancia laborista.

"Son parte de la familia, Patrick no me perdonaría si no me lo trajera y Boris se comporta como si esto fuera suyo", dice a Efe el diputado en el salón del apartamento londinense donde se alojan temporalmente, mientras eliminan el asbesto y los ratones que infestan su residencia oficial dentro de Westminster.

MODERNIZACIÓN ANTE LA PANDEMIA

Desde su llegada al sillón de la presidencia, Hoyle, con reputación de hombre justo y afable, ha transformado el funcionamiento de la Cámara Baja, posibilitando la conexión remota de los diputados durante la pandemia y, por primera vez en siglos, el voto digital, en lugar de manual.

"Votar con el pase que usamos para abrir las puertas es rápido y eficaz, es una novedad que seguramente conservaremos", afirma, para añadir que, no obstante, es importante mantener la tradición de que los parlamentarios acudan en persona a las salas de votación, pues ello permite que se mezclen diputados y ministros.

Cuando sustituyó al polémico Bercow, cuestionado por sus heterodoxas maniobras parlamentarias en los debates sobre el Brexit, se propuso cambiar el ambiente "irascible" e "incluso mezquino" que se había apoderado de los Comunes, en favor de una dinámica "más respetuosa y tolerante".

"Puede haber diferencias políticas entre nosotros, pero eso no significa que hayas de ser grosero o intimidatorio", declara.

CAMBIOS TRAS EL TRAUMA DEL BREXIT

La angustia y polarización sufridos durante el proceso del Brexit, sumados a la cultura de acoso laboral que persistía en el Parlamento, convirtió en prioridad "velar por la salud física y mental no solo de los parlamentarios, sino de todo el personal que trabaja" allí.

"Tenemos de 5.000 a 8.000 personas que vienen a este lugar, y no teníamos doctor, así que hemos introducido un servicio médico y psicológico", puntualiza.

Además, se ha creado un departamento de Recursos Humanos y se ha incorporado a los sindicatos a la toma de decisiones.

Cuidadoso de no criticar a su antecesor, Hoyle, el 158 presidente de la Cámara de los Comunes - cuyo propio whisky, como es tradición, saldrá a la venta en noviembre -, insiste en que "cada uno tiene su estilo", y él será "juzgado" por el suyo.

Con las reformas emprendidas y la multimillonaria rehabilitación pendiente del edificio del Parlamento, el "speaker" afronta animado la etapa que se abre en 2021, cuando el Reino Unido se habrá separado de las estructuras comunitarias.

Anticipa que "habrá mucho más trabajo", pues gran cantidad de las leyes y normas que hasta ahora se dirimían en Bruselas "corresponderán a los Comunes", que deberán ejercer mayor "labor de escrutinio" del Gobierno.

EL DESTINO DE GIBRALTAR

Además de los animales y su equipo local de fútbol, los Bolton Wanderers, Lindsay Hoyle, de 63 años, cuenta entre sus pasiones la protección de los territorios británicos de ultramar, entre ellos Gibraltar, de cuya universidad es rector desde el pasado febrero.

Como presidente del Grupo parlamentario multipartito para Gibraltar, trabaja para que, ante la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE), "se negocie un buen acuerdo" para los habitantes del Peñón, que en el referéndum de 2016 votaron mayoritariamente por permanecer en el bloque comunitario y lamentan su exclusión del mercado único.

"Como 'speaker', no tengo opinión política, pero desearía que se escucharan las necesidades de Gibraltar y de esa parte de España" al otro lado de la frontera, manifiesta. "Esa relación debe conservarse y construir sobre ella", señala.

Pese a sus vínculos con el Peñón - compartidos con su padre, el exdiputado laborista y hoy lord Doug Hoyle -, el político tiene "muy claro" que el destino del territorio al sur de la Península lo deben "decidir los gibraltareños", y el Reino Unido "no tiene derecho ni a cederlo, ni a quedárselo".

Durante la charla, Patrick se ha adormecido y Boris observa posado desde el respaldo de un sofá. Hoyle y su esposa confiesan que se plantean adoptar otra mascota, quizás un perro más.

¿Le llamarían Jeremy (como el radical exlíder del Partido Laborista Jeremy Corbyn) o Keir (como el más centrista dirigente actual, Keir Starmer)?. "Sería bonito tener un Keir", concluye el presidente, con una media sonrisa imparcial.

Judith Mora