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El teniente general Francisco Braco fue uno de los primeros militares españoles que participó en misiones de la OTAN. Fue en la guerra de Bosnia-Herzegovina como piloto. Hoy es el jefe del Mando de Operaciones, responsable de las operaciones tanto nacionales como multinacionales en las que interviene España. En una entrevista con Efe repasa los 30 años de contribución española a esta organización.

En 1993 la OTAN inició operaciones aéreas en los Balcanes, y el destacamento aéreo-táctico Ícaro se instaló en la base italiana de Aviano, en la que España desplegó ocho cazas F-18 y dos aviones cisterna con la misión de contribuir al control del espacio aéreo en apoyo a las fuerzas de pacificación que actuaban en Bosnia-Herzegovina.

Entonces era comandante y pilotaba uno de los aviones cisternas que tenían la misión de reabastecer de combustible en vuelo. La operación se mantuvo hasta 2009 con sucesivos cambios de nombre, por lo que participó en varios relevos.

"ÍBAMOS DE NUEVOS"

"Aquello fue una novedad e íbamos todos de nuevos, tanto los que estábamos en las unidades como los mandos", reconoce el teniente general Braco, que resalta que, no obstante, no hubo ningún problema a la hora de integrarse con los militares de otros países.

Recuerda que ese verano de 1993 llegaron tenientes nuevos a la unidad en la que él era comandante con muchas ganas de participar en la misión de la OTAN pero con la incertidumbre de que no llegarían a tiempo. "Y lo lograron años después siendo comandantes, porque fue una operación muy larga".

Una misión integrada por fuerzas multinacionales, en la que adquiere importancia el que todos los países compartan procedimientos estándar, vuelen con los mismos procedimientos, tengan la misma fraseología en las comunicaciones o las mismas tácticas. Aunque la operación era real, "lo que siempre da un punto más de tensión", incide en que la integración y la coordinación con las unidades de otros países resultó fácil.

De aquella época conserva numerosos recuerdos "excitantes", como cuando durante la operación Deliberate Force (1995) sobrevolaban el Adriático a 10.000 pies de altura y veían disparar misiles de crucero desde los barcos que podían subir hasta 10.000 pies. "Y comentábamos entre nosotros, 'No nos van a llegar, van a cambiar la trayectoria'".

Tampoco se olvida de las veces que las tripulaciones tenían que doblar y triplicar sus salidas llegando "al límite", aunque "siempre manteniendo márgenes de seguridad". "Era impresionante ver cómo el personal respondía cuando se tocaba zafarrancho de combate. Y lo digo desde mi posición entonces de comandante", señala.

Una sentimiento de satisfacción que hoy como jefe del Mando de Operaciones también dice haber experimentado en más de una ocasión, en las operaciones Balmis y Baluarte por la covid, en la evacuación de Kabul "o en el esfuerzo que estamos pidiendo a nuestras unidades por la guerra de Ucrania".

RELEVADO PARA LLEGAR A SU BODA

La duración media de los despliegues no ha variado. Las unidades del Ejército de Tierra lo hacen cada 6 meses; en Aire, las capacidades cada 4 meses y las tripulaciones cada dos; y en la Armada, normalmente los barcos navegan durante cuatro meses que se pueden alargar a cinco o seis dependiendo de la situación del momento.

Aunque los militares no están obligados a participar en operaciones en el extranjero, el teniente general subraya la gran experiencia y formación que se adquiere, además de lo enriquecedor que es trabajar con otros países.

Para designar a los miembros de una misión se atiende exclusivamente a criterios operativos, aunque en una operación extensa en el tiempo se tienen también en cuenta las circunstancias personales.

Así, en la tripulación de la fragata Blas de Lezo, que acaba de regresar a España tras permanecer cinco meses y medio en el Mediterráneo, iba un marinero que tenía programada su boda y que tuvo que ser relevado al extenderse la misión para que pudiera llegar a su cita. "Y se casó", señala el teniente coronel.

Esta anécdota da una idea de cómo se tiene en cuenta el factor humano. "En un platillo de la balanza hay que poner las necesidades operativas y en el otro las circunstancias personales para buscar el equilibrio", precisa.

TODOS QUIEREN TRABAJAR CON LOS ESPAÑOLES

El teniente general Braco pone el acento en que la propia "humildad" de los militares españoles hace que no se valoren en su justa medida. "Somos buenos, pero a veces nos da un poquito de apuro el relacionarnos con otros, y siempre estamos con la vergüenza de no poder demostrar todo lo buenos que somos".

Cuando se forman las coaliciones internacionales y se pide apoyo a otros países, "todos saben que el soldado español es bueno y es de fiar", a lo que hay que añadir cómo facilita la convivencia el carácter, sobre todo, en situaciones tensas, donde existe riesgo real, recalca.

Los más de 1.600 efectivos españoles desplegados actualmente bajo bandera de la OTAN "están perfectamente preparados y adiestrados", indica Braco, que lamenta que no se vea todo el trabajo que se hace en el día a día en los cuarteles, que es "muy intenso".

Todas las unidades tienen su plan de instrucción y adiestramiento que hay que ir renovando. "No vale eso de te voy a enseñar a disparar, ya sabes disparar, pues listo", advierte.

Y una vez se designa una unidad para ser desplegada, se sigue un intensivo plan de adiestramiento y preparación para la misión que se le va a encomendar.

¿QUÉ HA CAMBIADO EN 30 AÑOS DE MISIONES?

"Básicamente, las misiones", explica el teniente general, que pone de relieve cómo ha evolucionado la situación geoestratégica mundial y se han introducido nuevas amenazas procedentes del ciberespacio, la guerra electrónica o la guerra de la información, que está obligando a ser cada vez más expertos en estos campos.

También los sistemas de armas van cambiando. "El fusil -señala- con el que yo trabajaba en la Academia del Aire no es el mismo que tenemos ahora; tampoco los vehículos, los misiles antiaéreos, los aviones o los barcos son los mismos".

Braco destaca que gracias a la experiencia de casi 30 años "los que estamos ahora en puestos de decisión hemos tenido la oportunidad de estar destinados como jóvenes oficiales en operaciones militares", lo que, a su juicio, "da una sensación de control de la situación, de saber de qué estamos hablando".

Teresa Díaz