EFESan Fernando de Henares (Madrid)

El teniente y el sargento de la Guardia Civil agredidos junto a sus parejas en 2016 en un bar de Alsasua (Navarra) han declarado hoy en el juicio que temieron por sus vidas y el primero ha subrayado que sufrieron un "calvario terrible" con "golpes y patadas por todos los lados".

La Audiencia Nacional ha celebrado la segunda jornada del juicio contra los ocho jóvenes acusados de agredir el 15 de octubre de 2016 en un bar de Alsasua al teniente y a un sargento de la Guardia Civil y a sus parejas, por lo que se enfrentan a penas de entre 12 y 62 años de prisión por amenazas y lesiones terroristas.

Una sesión en la que también han declarado las novias de los dos agentes, que han narrado con detalle cómo fueron agredidos y las consecuencias que para sus vidas ha tenido el suceso, hasta el punto de que la pareja del teniente, con 19 años en ese momento, no ha ocultado que, aislada por su amigos y obligada a dejar su pueblo, llegó a pensar en el suicidio como única salida.

María José N., que desde los 3 años vivía en Alsasua y que, por tanto, conocía a los acusados, ha afirmado que sólo ha denunciado a los que estaba al cien por cien segura, pero hay otros citados como testigos de parte que también participaron en la agresión de los que está segura al 90 por ciento. "Por el 10 por ciento, hoy no están aquí", ha afirmado.

Las cuatro víctimas han reconocido a uno de los principales acusados, Jokin Unamuno, como la persona que comenzó a increparles dentro del bar de forma violenta dirigiéndose directamente hacia ellos. "Por él empezó la agresión, por él estamos hoy aquí", ha resumido María José N..

Todos han coincidido también en que nadie intentó ayudarles mientras eran agredidos en el bar Koxka ni persona alguna intentó calmar la situación y, en opinión del teniente y del sargento, se trató de una acción premeditada conociendo su condición de guardias civiles.

Según las víctimas, durante todo ese tiempo, tanto personas que estaban en el Koxka como otras que se sumaron del bar de enfrente, les insultaron con frases como "hijo de puta", "perros", "esto es lo que vais a tener cada vez que salgáis de arriba por ser guardias civiles", "dadles" o "se lo tienen bien merecido".

"No había nadie que me echara un cable o que intentara calmar la situación", ha resumido el teniente, para quien "fue una eternidad sufrir aquello, pero duraría minutos. Fue un calvario terrible".

Este agente valenciano que tenía 23 años en el momento de los hechos y llevaba un año destinado en Alsasua ha descrito, al igual que las otras tres víctimas, cómo, después de que Unamuno se dirigiera a ellos, empezaron a recibir golpes, patadas y empujones en el bar, cuando decidieron irse pero tuvieron que hacerlo por una especie de pasillo que formaron los agresores en el que siguieron "recibiendo golpes".

El teniente, que sufrió las heridas más graves, ha contado cómo, ya en la puerta, cayó al suelo y siguieron golpeándole en la cabeza y otras partes del cuerpo, momento en que su pareja se echó encima de él a modo de escudo para protegerle.

"Él sangraba y la gente seguía pegándole patadas en la cabeza, patadas en el cuerpo, tenía el tobillo totalmente partido y la gente seguía", ha explicado la novia del teniente, a la que también consiguieron tirar luego al suelo.

El teniente estuvo ocho meses de baja después someterse a una operación de tobillo a raíz de la cual, según ha relatado, se vio forzado a aprender a andar de nuevo.

Al igual que su entonces novia, este agente tuvo que salir de forma "abrupta" de Alsasua. En el caso de ella, ha narrado que a partir de ese día tanto su vida como la de sus padres comenzó "a ser un infierno" por el aislamiento y las amenazas a la que les sometieron, hasta el punto de que pensó en el suicidio.

Por su parte, el sargento ha afirmado: "Estoy acostumbrado a situaciones violentas, de estrés, por mi trabajo, pero esa situación nunca la he vivido. Temí por mi vida porque estábamos en inferioridad y esa sensación de odio y de rencor que tenían por ser guardia civil no la he sentido nunca".

Este agente llevaba destinado en Alsasua solo 20 días y tenía 33 años y ha recordado cómo también golpearon al teniente hasta hacerle caer, a la pareja de éste cuando intentó hacer "de escudo" y a su propia novia cuando se interpuso entre los agresores y él.

"Os vamos a reventar" es una de las frases que, según su relato, les decían mientras les pegaban, pateaban y empujaban con brutalidad.

Él y su pareja todavía residen en Alsasua sometidos, ha dicho ella, "a un juicio de valor en el que te sientes la agresora en vez de la víctima". "Vivimos constantemente pidiendo perdón y dando explicaciones", ha resumido la mujer.