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La intención de los partidos de la izquierda y del ámbito nacionalista e independentista para forjar un cordón sanitario que impidiera a Vox estar presente en la Mesa del Congreso ha dejado este martes una grieta por la que la formación de Santiago Abascal se ha colado con una vicepresidencia.

El desacuerdo entre el PP, Vox y Cs para pactar un reparto de votos que les concediera cuatro puestos de la Mesa, lo que por el número total de diputados era viable, presagió anoche una configuración de clara mayoría de la izquierda y sin representación de los de Abascal.

Incluso esta misma mañana, tanto el líder de Vox como sus dirigentes sugirieron que sus opciones de acceder a la Mesa eran remotas precisamente por la ruptura con los populares.

Descartada la sorpresa en la votación de la Presidencia, en cuyo cargo ha sido reelegida la diputada socialista Meritxell Batet, la sorpresa vino con las vicepresidencias.

El PSOE postuló a Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, Unidas Podemos a Gloria Elizo, el PP a Ana Pastor y Vox a Ignacio Gil Lázaro, y, como no apareció ningún nombre más, la sorpresa se confirmó: si había sólo cuatro candidatos a cuatro vicepresidencias y uno era de Vox, Vox entraría en la Mesa.

Las votaciones lo confirmaron: Vox logró el objetivo de ocupar una vicepresidencia, la cuarta, sólo con el apoyo de sus 52 diputados.

Y ello fue posible a pesar de que ERC y JxCat entraron en las combinaciones al dar su voto a la candidata de Unidas Podemos, lo que garantizaba a ésta tener más respaldo que el aspirante de Vox. Dada esta circunstancia, hubiera bastado que los 120 diputados socialistas se dividieran en dos bloques iguales, 60 votos a un candidato y 60 a otro, para hacerse con otras dos vicepresidencias.

Sin embargo, como han destacado fuentes de la dirección parlamentaria del PSOE, ha prevalecido retener la vicepresidencia primera y destinar a ella más papeletas que las conferidas a Ana Pastor (89 del PP, 10 de Cs y 2 de Navarra Suma).

En la siguiente votación, la designación de los cuatro secretarios, sí se ha desplegado el "cordón sanitario" contra Vox, y así, Unidas Podemos se ha hecho con dos, el PSOE con una y el PP con la restante.

Las consecuencias políticas de haber vivido dos votaciones tan dispares no han tardado y han motivado un duro cruce de reproches entre el PP y Vox, uno acusando al otro, y viceversa, de haber provocado una Mesa con mayoría de la izquierda sobre la derecha, en concreto 6 sobre 3.

El PSOE ha salido a explicar que por su culpa no se ha producido la entrada de Vox en la Mesa. El número dos del grupo parlamentario, Rafael Simancas, ha subrayado que incluso "hoy mismo" su partido ha planteado a PP y a Ciudadanos una combinación que apartaba a Vox.

Para los socialistas, si hay un responsable de que el "cordón sanitario" no haya funcionado, ése es el PP.

En Unidas Podemos, pese a lamentar la vicepresidencia de Gil Lázaro, se han enorgullecido de haber limitado a ese cargo la grieta del citado "cordón sanitario".

La composición de la Mesa, el órgano más importante del Congreso, la tercera institución del Estado, ha acaparado la atención política de una jornada intensa en la que la nota desenfadada la ha puesto el diputado más veterano de la Cámara, el socialista Agustín Zamarrón.

Sus maneras y su oratoria como presidente de la Mesa de Edad han mitigado el infortunio (el esguince de Adriana Lastra) y hasta la tensión, como la creada por la diputada más joven, Marta Rosique, de ERC, cuando ha leído los nombres de cuatro dirgentes catalanes presos como si hubieran sido elegidos en las urnas.

En la fase de acatamientos de la Constitución, el trámite que deben hacer los parlamentarios para tomar posesión de su escaño, no ha faltado la polémica.

Diputados independentistas catalanes y vascos han prometido entre alusiones a la "república catalana", a los "presos políticos" o a la soberanía vasca.

PP, Vox y Cs han considerado inconstitucionales dichas fórmulas y buscarán cómo impugnarlas, a lo que Batet ha replicado con un recordatorio de la jurisprudencia al respecto del Tribunal Constitucional. A su juicio, son "válidos" los acatamientos porque le ampara la Carta Magna y, por tanto, "no cabe el debate".

El Senado, en el que se ha estrenado este martes como presidenta la madrileña Pilar Llop, juez especializada en violencia de género, también ha vivido sus roces, y también por los acatamientos.

También en la Cámara Alta el portavoz del PP, Javier Maroto, ha pedido que estos se hagan mediante una fórmula concisa que simplemente incluye el "sí, juro" o el "sí, prometo", lo que Llop, al igual que Batet, ha negado por cuanto la Constitución permite esas expresiones.

La nueva presidenta del Senado, además, ha trazado sus prioridades: feminismo, igualdad, respeto al medio ambiente, combatir la violencia machista y apostar por una Cámara de diálogo y apertura.