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La debacle del candidato socialista Ángel Gabilondo en las elecciones autonómicas de Madrid ha hecho entrar de nuevo en erupción al PSOE de Madrid, cuya crisis lleva cronificada desde hace más de 30 años por sus conflictos internos, las injerencias de Ferraz y su incapacidad para llegar al poder.

La dimisión de su secretario general, José Manuel Franco, y la renuncia de Gabilondo a su escaño han sido el último episodio de la intrincada historia de la filial socialista madrileña, que ha quedado en manos de una gestora hasta el congreso de otoño.

Gabilondo ha firmado el peor resultado del socialismo en unas autonómicas en Madrid, donde dejó de gobernar en 1995 con Joaquín Leguina, un referente del partido al que Ferraz ha abierto un expediente de expulsión por fotografiarse con la candidata del PP, Isabel Díaz Ayuso, la guinda a la semana "horribilis" del PSOE-M.

Desde que el partido pasara a denominarse Federación Socialista Madrileña (FSM) en 1977, los problemas internos se han sucedido cíclicamente, sólo aplacados, en cierta medida, en la primera etapa de la democracia al ostentar el poder.

En la alcaldía de la capital, con el emblemático Enrique Tierno Galván, quien la ocupó hasta su muerte en 1986, y en la Comunidad, con Leguina, en el gobierno durante doce años.

Sin embargo, el largo pulso entre el sector renovador de Leguina y el guerrista, liderado por José Acosta, enquistó la división entre familias, lo que se tradujo en constantes disputas por controlar el aparato.

En 2003, Rafael Simancas rozó el poder en la región, pero el "tamayazo" de dos diputados socialistas aguó las expectativas y generó otro vendaval, que llevó a cambiar el nombre por el de Partido Socialista de Madrid (PSM), rebautizado a su vez en 2015 por el de PSOE-M.

Pese al desfile de candidatos desde los 90, los socialistas madrileños siguen sin dar con la tecla para remediar su sequía en la Comunidad y en el Ayuntamiento de Madrid.

"El problema del PSM no es de nombres, sino de proyecto político", diagnosticó Pedro Sánchez en mayo de 2014 cuando se postuló a las primarias del PSOE que acabaría ganando.

Pocos meses después de tomar las riendas, Sánchez reabrió la caja de los truenos y fulminó a Tomás Gómez como secretario general para colocar a Gabilondo, tras acusarle de provocar un "deterioro grave" a la imagen del partido y de generar inestabilidad orgánica.

Al cese de Gómez le siguió el de Antonio Miguel Carmona como portavoz en el Ayuntamiento de Madrid.

"El problema es que algunos no sólo tropiezan con la misma piedra, sino que se enamoran de la piedra", reflexiona Carmona a Efe en alusión a cómo Sánchez ha manejado la filial madrileña.

Para Carmona, el PSOE-M ha arrastrado muchos problemas, pero ahora tiene uno nuevo, y es que "gente que no es del PSOE ha organizado la campaña" y "las listas se han hecho desde Moncloa, ni siquiera desde Ferraz".

"Los candidatos impuestos no van a ningún lado. No se ha tenido en cuenta a los militantes, que son los que conocen la calle, los que hablan con la gente. La Ejecutiva está totalmente intervenida", lamenta el exportavoz municipal.

La solución para volver a gobernar en Madrid, sostiene, es que, además de no pactar con los populistas, los afiliados "vuelvan a recuperar el partido y que el PSOE vuelva a ser el PSOE".

Una prueba de la falta de rumbo del socialismo madrileño ha sido que nadie ha repetido como candidato a la alcaldía de la capital desde 1995, cuando lo hizo Juan Barranco, el último regidor socialista hasta 1987.

Desde entonces, se han repetido las derrotas, en algunos casos con cabezas de cartel nombrados por Ferraz ante el malestar de las bases, como Trinidad Jiménez, Miguel Sebastián o el exseleccionador de baloncesto Pepu Hernández hace dos años.

"El problema endémico del PSM es que es un partido sin un proyecto autónomo respecto a Ferraz. La injerencia ha sido sistemática. Franco y Gabilondo han tenido las manos atadas a la hora de confeccionar la campaña, los equipos y el programa", analiza a Efe Ángeles Álvarez, diputada y concejala socialista por Madrid, conocedora de las entrañas del partido.

A su juicio, desde la época de Leguina "no hay un proyecto autónomo", a lo que se añade que las "resistencias" entre los diferentes sectores del socialismo madrileño "han generado unas dinámicas internas que no son beneficiosas".

Álvarez cree que el PSM necesita repensar su estructura, corregir "el grave error" de haber cedido el centro al PP y volver a "tomar el pulso de la calle", como se hace en los bastiones municipales donde el PSOE suele gobernar.

"Y eso es algo que no se hace con las encuestas, sino con trabajo desde el día siguiente a las elecciones", recalca la veterana política, quien coincide en el ostracismo en el que se ha sumido a la militancia.