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Mañana se cumplen 30 años del secuestro del empresario soriano Emiliano Revilla, retenido por ETA 249 días hasta su liberación tras pagar su familia unos 1.000 millones de pesetas. Hasta entonces, nadie había permanecido tanto tiempo secuestrado por la banda, que quiso mostrar que su lucha también iba para largo.

Tres etarras -dos hombres y una mujer, entre ellos el jefe del comando Madrid Joseba Urrusulo Sistiaga-, asaltaron a Revilla, de 59 años y natural del municipio soriano de Ólvega, poco después de las once de la noche cuando estaba a punto de entrar en el portal de su casa, en la plaza madrileña de Cristo Rey.

Fue encañonado con un arma y obligado a montarse en un Seat 1430 de color verde que apareció abandonado al día siguiente en un aparcamiento de la plaza de Olavide.

A ocho kilómetros de su casa pasaría los siguientes ocho meses, concretamente en la calle Belisana, cercano al metro de Arturo Soria, en un zulo de 2,45 metros de largo por dos de alto, al que se accedía por una escalera de mano y que Revilla recorría en apenas dos pasos.

Emiliano Revilla se había convertido en un "tiburón" del sector inmobiliario tras la venta en 1986 de su imperio alimentario cárnico a la multinacional holandesa Unilever por casi 9.000 millones de pesetas. El industrial fue dueño, entre otros, del palacio de Linares o del local de Galerías Preciados en el centro comercial de La Vaguada.

1988 había comenzado con una tregua de 60 días ofrecida al Gobierno de Felipe González, que respondió con el anuncio de la apertura de negociaciones apenas cinco días antes del secuestro de Revilla. Con la tregua rota, aquel año acabó con un balance de 19 personas asesinadas a manos de la banda.

Fuentes de la lucha antiterroristas explican a Efe que el secuestro del empresario no supuso un punto de inflexión significativo en las acciones de la organización, salvo que hasta la fecha fue el cautiverio más largo y posteriormente se convirtió en el tercero más duradero, después del de José Antonio Ortega Lara, 532 días y el de José María Aldaya, 342 días.

Sí dio una idea, resaltan las fuentes, de que ETA estaba dispuesta a "una lucha permanente o, al menos, a muy largo plazo".

Más allá, el secuestro de Revilla abrió el debate sobre la legitimidad del pago de un rescate por parte de la familia y al que se opuso el Gobierno porque entendía que con ese dinero se contribuía a que los terroristas dispusieran de más recursos en el futuro para continuar la violencia.

De hecho, durante los 249 días del cautiverio el Ejecutivo intentó que el entorno familiar no accediera a las condiciones de ETA. Se realizaron varias operaciones que acabaron con detenciones de miembros de ETA y la interceptación en Francia de pagos destinados a su rescate.

Aunque no se puede evaluar el montante final del pago efectuado finalmente por la familia a la banda por su liberación, se estima en alrededor de 6 millones de euros (1.000 millones de pesetas), aunque hay fuentes que doblaron esa cifra.

Fuera cual fuera la cantidad, dos semanas antes de aquel 30 de octubre, ETA reveló que tenía el dinero y que daba por cumplido el pago. Los terroristas "soltaron" a Revilla de madrugada muy cerca de su domicilio y le pidieron que no dijera nada a la Policía hasta dos horas después.

Testigo de estas horas fue la periodista María José Sáez, entonces becaria de la agencia Efe, que hacía guardia frente al domicilio familiar desde un coche. Según relata en el documental estrenado hace dos años "249. La noche en que una becaria encontró a Emiliano Revilla", fue la primera persona en ver a Revilla y la que le aconsejó de que llamara por teléfono antes de llegar a casa y decir "ya estoy aquí".

En estos 30 años, Revilla apenas ha hablado de su cautiverio. En marzo de 2012 accedió a visitar a Urrusolo Sistiaga en la cárcel de Nanclares de Oca, donde le pidió perdón y le dio una carta para su familia.

Emiliano Revilla siempre ha asegurado que no ha podido perdonar a sus secuestradores, aunque durante esos 249 días se sintió bien tratado.

Los terroristas le entregaron papel, lápiz y pinturas, material con el que pintó y escribió unas memorias que no salieron del zulo. Sí sus dibujos, que en 2005 se expusieron en su pueblo.

Cuarenta y ocho horas después de su liberación, ETA hizo una nueva oferta al Gobierno de interrupción de la violencia, condicionada nuevamente a la negociación de la "alternativa KAS".