EFELogroño

La Rioja intenta derribar el "frontón" en el que se ha convertido la ascendente curva de contagios de la covid con la adopción de severas restricciones, que incluyen, desde el pasado 22 de enero, el cierre de todos los locales, establecimientos y servicios no esenciales y el confinamiento perimetral de sus 174 municipios.

Las llamadas a la responsabilidad individual y colectiva y al autoconfinamiento no han sido suficientes para que La Rioja doble la curva de los casos de coronavirus en esta tercera ola de la pandemia, peor que en las dos anteriores y que, a día de hoy, tiene una incidencia acumulada a 14 días que roza los 1.000 casos por 100.000 habitantes.

Ello ha llevado al Gobierno de La Rioja a plantear, durante los últimos meses, drásticas, severas y duras medidas restrictivas, que no deseaba tomar, como dijo su presidenta, Concha Andreu, pero a lo que se ha visto obligado al registrarse una situación de transmisión comunitaria a mediados de enero, que aún continúa, y con el objetivo de "salvar vidas".

Una presión asistencial "insostenible", que ha hecho pasar de las 17 camas de UCI antes de la pandemia a las 86 actuales; un nivel de incidencia "dramático" y un ritmo de contagios "alarmante" aconsejaron a las autoridades riojanas adoptar estas medias ante la grave evolución de la situación epidemiológica en la región, que ya ha provocado más de 670 fallecidos por coronavirus, unos 290 en residencias de mayores.

ENTRE LAS PRIMERAS COMUNIDADES

El primer caso de covid se detectó en La Rioja el 2 de marzo de 2020 y fue la primera comunidad en la que la Guardia Civil, con equipos de protección individual (EPI), acudió a los domicilios de los contagiados en la ciudad de Haro para advertirles de la obligatoriedad de permanecer en sus domicilios durante la cuarentena.

Desde entonces, ha habido varios municipios confinados perimetralmente en distintos momentos, entre ellos Logroño, donde, durante una semana de octubre, se hizo, en el Palacio de Congresos, un cribado dirigido de test de antígenos a más de 11.300 personas.

También se ha confinado a la comunidad autónoma -que cuenta con 319.000 habitantes, según los últimos datos del INE-, de la que no se puede salir ni entrar desde el pasado 23 de octubre, salvo para acudir a trabajar, centros sanitarios y educativos y para gestiones ineludibles.

Las medidas se han ido encadenando desde hace más de cuatro meses, no solo las del cierre perimetral de la región, sino las que han afectado, sobre todo, a la hostelería y el comercio no esencial, ahora cerrados; y a las reuniones de convivientes y no convivientes, que en la actualidad se reducen a los miembros de una única unidad conviviente, tanto en espacios públicos como privados.

El 7 de octubre, el Gobierno de La Rioja prorrogó las medidas en vigor desde el 17 se septiembre, como limitar a 6 personas el número de personas que pueden estar reunidas en espacios públicos y privados y la prohibición de vender alcohol a partir de las 22 horas, excepto en el sector hostelero.

Esas y otras medidas, en diferentes momentos y hasta ahora, se han ido ajustando a la situación epidemiológica de cada momento, con el fin de reducir el contagio en las actividades en las que coinciden agrupaciones de personas.

Junto al confinamiento perimetral de la comunidad, excepto para desplazamientos justificados, del 23 de octubre al 7 de noviembre y lugo al 29 de este mismo mes, se acordó el cierre de los establecimientos a las 21:00 horas, salvo farmacias, supermercados, teatros y cines y locales que presten servicio de comida a domicilio, que se fijó a las 23:00 horas.

Ese horario se redujo después a las 20:00 horas algunos días de Navidad; a las 17 horas el 16 de enero hasta el cierre de toda la actividad no esencial el último día 22; y el toque de queda actual es de 22:00 a 6:00 horas.

Y LLEGÓ NAVIDAD

Y llegó Navidad. El Gobierno de La Rioja acordó, de nuevo, ampliar el cierre perimetral de la comunidad y la restricción de la movilidad nocturna desde el 19 de diciembre al 15 de enero para "evitar una tercera ola del virus".

Sin embargo, del 23 del 26 de diciembre -Nochebuena y Navidad- y del 30 de diciembre al 2 de enero -Nochevieja y Año Nuevo-, se permitieron los desplazamientos a otras territorios que fueran lugar de residencia habitual de familiares o personas allegadas; y el cierre de los bares y cafeterías se fijó a las 20:00 horas,

Se decidió mantener, hasta el 15 de enero, el toque de queda nocturna entre las 23:00 y las 5:00 horas, aunque entre el 24 y 25 de diciembre y el último día de 2020 y primero de 2021, el retorno al lugar de residencia habitual se permitió hasta la 1:30 horas.

El número máximo de personas en las celebraciones destacadas de Navidad se fijó en 10 personas, salvo que fueran convivientes.

Tras esas fechas, las cifras de contagios se dispararon, se llegaron a superar los 1.300 casos por 100.000 habitantes a 14 días; y la presión asistencial aumentó de forma preocupante, que algunos días provocó una ocupación total de la UCI del 80 %, por lo que la respuesta fue más contundente para evitar el colapso del sistema sanitario.

Por ello, se optó, desde el 22 de enero y durante un mes, por el confinamiento perimitral de los 174 municipios de La Rioja y el cierre de todos los locales, establecimientos, servicios y actividades no esenciales.

"TENEMOS QUE QUEDARNOS EN CASA"

"Tenemos que quedarnos en casa y limitar el contacto social a lo mínimo e imprescindible". Así de firme fue Concha Andreu el 20 de enero al anunciar estas nuevas medidas, ya que la reducción "drástica" de la movilidad y de las interacciones sociales es "la única vía efectiva" para reducir el ritmo de transmisión de la enfermedad y tratar de reconducir una situación "crítica".

Se establecieron medidas contra el coronavirus de impacto generalizado sobre toda la población y, una vez más, la hostelería -salvo para entrega y recogida a domicilio- bajó sus persianas, al igual que el comercio y la actividad no esenciales.

Ello ha provocado enfado, resignación y protestas entre los afectados, quienes insisten en que sus establecimientos son seguros, aunque también comprenden la situación sanitaria y reivindican ayudas para el sector.

La consejera de salud riojana, Sara Alba, en su comparecencia parlamentaria del pasado día 5, aseguró que la incidencia de la enfermedad mantiene a La Rioja en "una situación de extrema gravedad", aunque los datos epidemiológicos empieza a mostrar "algunos leves signos de mejora", por lo que se prevén antes cambios en las medidas fijadas hasta el 23.

LA UCI "SE REINVENTA"

La UCI del Hospital San Pedro de Logroño, centro de referencia del sistema sanitario riojano y único que dispone de una unidad de estas características, ha pasado de 17 camas, antes del inicio de la pandemia, a 86 ahora, tras haberse ampliado en distintas fases de la pandemia en función de las necesidades, con la posibilidad de llegar a 109.

Para ello, el hospital, de acuerdo a su plan de contingencia, se "ha reinventado" y ha ocupado 10 de sus 16 quirófanos y espacios de cirugía ambulatoria y reanimación para ubicar camas UCI, que son atendidas por unos 350 profesionales, cuatro veces más que lo habitual; mientras que se han aplazado operaciones programadas y se mantienen solo las urgentes y oncológicas.

La adaptabilidad y plasticidad del Hospital San Pedro está permitiendo que, por ahora, no haga falta derivar a ningún paciente covid a hospitales o centros privados y el Gobierno riojano, por ahora, no ve necesario solicitar espacios ajenos al ámbito hospitalario.

Sin embargo, en los últimos días ha pedido al Gobierno vasco que le ceda equipamiento sanitario para incrementar la capacidad asistencial de la UCI riojana, que, en abril de 2020, acogió a un paciente procedente de la sanidad de Soria.

LA GRAN ESPERANZA DE LAS VACUNAS

Alba también ha considerado que podrían producirse nuevas olas de coronavirus, al menos, una cuarta antes de este verano, "hasta que la enfermedad esté controlada, la población vacunada y haya una cura".

Para ella, de cómo se descontrole el cumplimiento de las medidas restrictivas y de cómo se comporte el entorno vecino dependerán esas nuevas olas de covid-19.

La vacuna es ahora mismo la "gran esperanza" y el Gobierno de La Rioja incide en que tiene capacidad para completar la campaña de vacunación con éxito y alcanzar el objetivo de que la inmunidad de grupo sea una realidad el próximo verano.

Reconoce que esta campaña de vacunación, con una estrategia permeable, es "realmente compleja" y en La Rioja se ha optado por una reserva estratégica para garantizar el suministro de la segunda dosis de la vacuna "en tiempo y forma".