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La Fiscalía pide 12 años de prisión para cinco acusados de integrar el Frente de Cárceles, un grupo de presos por delitos de yihadismo que presuntamente se afanó en cohesionar a otros internos condenados por terrorismo para mantener el control sobre ellos y que ninguno "se viera tentado de abandonar la yihad armada".

Entre los cinco que se sentarán desde este lunes en el banquillo de los acusados de la Audiencia Nacional figura Mohamed Achraf, cuyo verdadero nombre es Abderraman Tahiri, que fue ya condenado por liderar una célula desarticulada en 2004 que planeaba atentar contra objetivos emblemáticos de Madrid como la Audiencia Nacional, el Tribunal Supremo.

Él fue quien supuestamente trató de "erigirse en líder" de los internos afines al Dáesh para formar un colectivo de presos con el objetivo de que no abandonasen "la lucha en favor del ideario yihadista" y que continuasen con ella tras ser excarcelados, según expone la Fiscalía en su escrito de conclusiones provisionales.

El ministerio público solicita para los cinco una condena de 12 años de prisión por un delito de constitución de grupo terrorista con la agravante de reincidencia, si bien también plantea otras penas subsidiarias: 8 años por colaboración con organización terrorista o captación y adoctrinamiento terrorista.

Según Fiscalía, los acusados actuaron entre los años 2014 y 2018, mientras cumplían condenas en diferentes prisiones del país por delitos de pertenencia a organización terrorista, y su objetivo era que el resto de internos que también cumplían castigo por terrorismo se mantuviesen "fuertes y unidos" y que ninguno "flaqueara", así como conseguir "unir nuevos adeptos" a la causa del Dáesh.

A ello cree la Fiscalía que se dedicó Acraf, para quien el juez dictó prisión provisional por estos hechos, a través de una "campaña de envío de cartas" a otros internos, una "estrategia común" que, sospecha, compartía con los demás acusados.

Este acusado también reivindicaba presuntamente el reagrupamiento de los presos en la misma galería y módulo e incluso realizó una huelga de hambre en 2018, mientras estaba recluido en la cárcel de Murcia II, y promovía "un sentimiento de victimismo" en los presos "que los uniera en la lucha en favor de la yihad violenta".