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Tras cien días de construcción, este martes ha visto la luz el hospital madrileño de emergencias Enfermera Isabel Zendal, una infraestructura "brutal", en palabras de la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, cuya inauguración ha sido enturbiada por las protestas sanitarias y las ausencias de representantes políticos.

Este nuevo hospital es el proyecto estrella de la estrategia madrileña contra la covid-19, y las filias y fobias que ha desatado desde su concepción han quedado plasmadas en el acto de inauguración, que ha deparado escenas diametralmente opuestas a uno y otro lado del vallado que rodea el recinto, junto al aeropuerto de Barajas.

A veinte metros de la entrada principal del hospital, un centenar de personas convocadas por distintos sindicatos sanitarios se agrupaban antes del comienzo del acto pidiendo la dimisión de Ayuso y censurando la creación de un hospital, a su juicio, "innecesario".

Los manifestantes han aprovechado las entradas y las salidas de los dirigentes para gritar consignas a favor de la sanidad pública e incluso han acompañado entre abucheos al viceconsejero madrileño de Salud Pública, Antonio Zapatero, mientras abandonaba el recinto al final del acto.

En la protesta se han dejado ver los portavoces en la Asamblea de Más Madrid, Pablo Gómez Perpinyà, y Unidas Podemos, Isa Serra, que no han asistido a la inauguración en señal de protesta.

También su homólogo socialista, Ángel Gabilondo, ha declinado la invitación al acto, aunque en su caso no ha participado en la manifestación.

Pero sin duda la ausencia más sonada ha sido la del ministro de Sanidad, Salvador Illa, que tenía reunión del Consejo de Ministros, pero que ha dicho que el Gobierno ha estado "perfectamente representado" por la secretaria de Estado de Sanidad, Silvia Calzón.

En la inauguración, Ayuso ha estado acompañada entre otros por el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida; el presidente de la Asamblea regional, Juan Trinidad; el vicepresidente autonómico, Ignacio Aguado; el consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero; y el presidente del PP, Pablo Casado.

La gran mayoría de los dirigentes que han asistido al acto han salido de sus coches oficiales y han atravesado a pie un resbaladizo camino hasta la entrada del hospital, que empezará a recibir a sus primeros pacientes la próxima semana, atendidos en primera instancia por los 116 profesionales que voluntariamente han pedido su traslado al nuevo centro.

El hospital Isabel Zendal estará dedicado a atender a pacientes con coronavirus para tratar de descongestionar el trabajo de otros centros hospitalarios de la Comunidad de Madrid.

Sin embargo, en el acto de inauguración la distancia de seguridad ha brillado por su ausencia en las melés de hasta cincuenta periodistas que se han formado en torno a los invitados, que, a su llegada, han atendido las preguntas de los medios.

La presidenta madrileña ha optado por entrar y abandonar el acto por uno de los laterales del recinto, sorteando de esta forma los abucheos de los manifestantes y los micrófonos de los periodistas.

Ayuso ha saludado con un toque de codo a los asistentes que, guiados por el director general de Infraestructuras Sanitarias, Alejo Miranda, han recorrido sin perder detalle el pabellón 2 del hospital, el primero que entrará en funcionamiento, con 240 camas de hospitalización y 48 puestos de UCI.

Durante la mayor parte de la visita, Ayuso ha caminado junto a Almeida y Casado, a quien, en un momento recogido por las cámaras de televisión, ha comentado: "Es brutal, ¿eh? Tiene de todo".

En otro instante, Casado le ha preguntado a la presidenta si había quirófanos, y le ha contestado Miranda, quien ha aclarado que hay "salas de procedimiento", aptas para intervenciones de urgencia.

Otra pillada de las cámaras la ha protagonizado Almeida, mientras se quejaba a Casado de las cuestiones por las que les interrogaban los medios. "No hay una pregunta con buena intención, todas tienen mala leche", ha dicho.

Como colofón al acto, el momento de los discursos, donde la presidenta ha ensalzado "la maravilla de Madrid" simbolizada por este hospital de cien millones de euros levantado en tres meses, "pionero en España y sin precedentes en Europa", motivo de aplauso de puertas adentro y de escarnio en la acera de enfrente.

Marta Moreno y Juan Vargas