EFEOviedo

El presidente del Principado, Adrián Barbón, se ha comprometido a gobernar con osadía, audacia, ilusión y ambición una Asturias que, aunque les pese a muchos, "tiene más futuro que pasado" y que debe liberarse de la "la atadura narcótica del miedo y el andar cansino de la inercia".

Barbón (Laviana, 1980) es desde hoy el noveno presidente del Principado -el octavo en ser elegidos desde as primeras elecciones autonómicas de 1983-, un cargo en el que releva a Javier Fernández, que ha estado al frente del Gobierno asturiano durante los últimos siete años.

El también secretario general de los socialistas asturianos desde hace dos años ha prometido este sábado su cargo en una ceremonia que ha tenido lugar en la planta noble del parlamento asturiano y en presencia de unos 300 invitados, entre los que se encontraban los ministros de agricultura, Luis Planas, y de Sanidad, la asturiana María Luisa Carcedo.

Además de Javier Fernández, otros tres expresidentes -los socialistas Pedro de Silva y Juan Luis Rodríguez Vigil, y el vicepresidente de Foro, Francisco Álvarez-Cascos- han seguido el primer discurso de Barbón como presidente, una parte de él en asturiano.

Lo hizo para reafirmar el compromiso asumido por el PSOE asturiano con la llingua ya que en el último congreso regional apostó, por primera vez, por impulsar su oficialidad.

"Dejadme ser audaz", ha pedido el exalcalde de Laviana antes de ofrecer de nuevo entendimientos con todos los grupos parlamentarios porque, según ha añadido, "el diálogo fortalece, no debilita" y porque Asturias "no se merece el bloqueo".

Barbón se verá obligado a gobernar en minoría a lo largo de esta legislatura ya que los 20 diputados socialistas, y el previsible apoyo de los dos de IU, con la que cerró un acuerdo de investidura, le dejan a uno de la mayoría absoluta (23) en la Cámara asturiana.

Por el momento, el acercamiento a Podemos, que cuenta con cuatro diputados, no ha sido posible, aunque en las últimas semanas el ya presidente del Principado no ha dejado de lanzar ofertas para llegar a entendimientos, preferentemente con los partidos de izquierda.

"No hagamos de esta legislatura una mala copia de la anterior: que pluralidad no signifique intransigencia, el terreno yermo de la mala política", ha dicho antes de asegurar que "diálogo, cercanía, ilusión, trabajo, ambición, osadía, innovación, cambio, futuro y humildad" serán su carta de presentación.

Afín a Pedro Sánchez, y muy cercano a la vicesecretaria del PSOE, Adriana Lastra, presente en la ceremonia, Barbón se ha comprometido a "trabajar de la mano" del presidente en funciones siendo "tan exigente como leal en la defensa de los intereses de Asturias y de España" y por eso, ha dicho, su presencia en Madrid "será habitual" durante su mandato.

Planas,por su parte, ha mostrado la "plena disposición" del Gobierno de España para abordar de forma conjunta y desde la "cooperación institucional" los principales retos que afronta la comunidad y ha calificado de "ambicioso" el programa de Gobierno de Barbón para dar respuesta a cuestiones como la lucha contra la despoblación, la transición energética, la culminación de infraestructuras y el reforzamiento del sistema educativo.

Previamente, el presidente saliente, Javier Fernández, alejado políticamente de Barbón, le había recomendado evitar "las narraciones polarizadas y desintegradoras" y había recordado que en política se necesita "fuerza, energía, reflejos, inteligencia, conocimiento, pasión y optimismo", pero también suerte, algo que ha deseado "de todo corazón" al nuevo jefe del Ejecutivo asturiano.

Al pasar el testigo a un presidente 30 años más joven -el primero que tiene Asturias nacido con la Constitución ya vigente-, ha reconocido que le gustaría "que se recordara a aquella generación que llevó a la calles y a las aulas el sueño ilustrado de la España moderna" y que "inició la andadura por un camino distinto" en la transición.

El presidente del parlamento, Marcelino Marcos Líndez, ha aprovechado para reivindicar la búsqueda de reformas que eviten situaciones de bloqueo político que, en último extremo, puedan abocar a la repetición de elecciones.