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Un grupo de cinco amigos ha logrado traer a España cuatro robots de última generación para procesar test de coronavirus de forma masiva en una operación financiada por empresas privadas y facilitada por la mediación conjunta de varios ministerios.

Se trata de cuatro robots de la empresa Opentrons de Estados Unidos que permiten realizar 2.400 test PCR diarios, imprescindibles para acabar con el cuello de botella que supone la realización de estas pruebas a mano y hacer posible las campañas masivas de test a la población.

Tras varias semanas de intensas gestiones, los robots se encuentran ya en España, en el Instituto de Salud Carlos III y los centros sanitarios de La Paz, en Madrid, y en los de Vall d´Hebron y Clinic en Barcelona, donde se están poniendo a punto y optimizando para entrar en funcionamiento en "unos días", ha explicado a Efe, Sandra Figaredo, consultora de Asuntos Públicos en la agencia de Comunicación Llorente y Cuenca y una de las impulsoras de la iniciativa.

Antes incluso de que el Gobierno decretara el estado de alarma, Figaredo ya estaba en contacto con sus amigos para ver cómo ayudar en "la que se nos venía encima", dice.

Fue su amiga Rocío Martínez, investigadora del King's College de Londres, quien les habló primero de los superrobots americanos que tienen además la particularidad de ser "open source", con lo que se pueden programar para funcionar "con cualquier protocolo de cualquier laboratorio y utilizar cualquier reactivo de cualquier marca comercial", explica.

Tras comentarlo con Andreu Veà, profesor, investigador y pionero en internet; Javier Colàs, expresidente de Medtronic España y director de Innovación en Esade; y María Parga, presidenta del consorcio Alastria, asociación para fomentar la economía digital, el grupo se puso a trabajar.

Lo primero fue conseguir los 400.000 euros que cuestan los cuatro robots: a golpe de teléfono y a través de amigos, llegaron a la SOCIMI Merlin Properties, con ganas de aportar al esfuerzo común, que se prestó de inmediato a financiarlos.

Pero los robots se fabrican en China y pesan en total unas cinco toneladas, así que otro de los amigos contactó con Inditex, les presentó el proyecto, y la compañía puso a disposición sus aviones de carga y toda su logística en el país asiático.

Para lograr el visto bueno a la compra de los robots e identificar a los hospitales donde fueran más útiles, los amigos contactaron con el Instituto de Salud Carlos III, que a su vez les puso en contacto con el Ministerio de Ciencia y Tecnología.

Los permisos de aduanas, certificados y demás papeleo se lograron gracias a contactos en los Ministerios de Exteriores, Hacienda e Interior.

Los robots, que en realidad son "estaciones robotizadas, cada una compuesta por ocho robots", precisan de la instalación de ordenadores específicos que permitan a las máquinas comunicarse entre sí. Un par de llamadas a Apple, y la compañía aportó los 36 ordenadores necesarios.

Pero, además, hacían falta ingenieros de telecomunicaciones para montar los superrobots, programar los sistemas y optimizar las estaciones: otro amigo logró el contacto con Manpower, y cuatro de sus ingenieros se pusieron en marcha.

La recepción de las cinco toneladas de material que llegaba de China se hizo en una nave vacía que puso a disposición otro amigo, y el traslado a los hospitales tuvo la ayuda de Renfe.

La instalación de los robots en sus destinos finales se completó gracias a IKEA, que aportó el mobiliario necesario, y a Telefónica, que cedió los periféricos.

"Todo ha sido gracias a una cadena de amigos, contactos y empresas dispuestas a ayudar y a aportar soluciones rápidas e imaginativas", dice emocionada Figaredo, para quien ha quedado claro que "para salir de esta crisis necesitamos la colaboración de todo el mundo".

Ahora, los técnicos están acabando de optimizar los sistemas y establecer los protocolos, algunos hospitales están ya haciendo pruebas reales con las nuevas máquinas, y los cuatro centros médicos están compartiendo avances y soluciones.

En unos días, los superrobots se pondrán en marcha y serán capaces de analizar más de 70.000 pruebas a la semana, algo imprescindible para diagnosticar al mayor número posible de personas afectadas por la COVID-19 de una manera "rápida, eficaz y fiable".

En una segunda fase, está previsto que estos robots puedan ser utilizados para la realización de test de anticuerpos, lo cual permita identificar a la población inmune, la primera que debería incorporarse a la actividad laboral para reactivar la economía, explica Figaredo, consciente de que la realización masiva de tests "será la única herramienta para luchar contra el coronavirus mientras no salga la vacuna".

Mientras, el grupo de amigos ya se ha puesto de nuevo en marcha para repetir la operación y traer otros cuatro superrobots con la ayuda y colaboración de nuevos donantes.

Cristina Lladó