EFEMadrid

Ha sido un día intenso de trabajo en el Arca de Noé. No he parado desde minutos antes de la ocho de la mañana hasta las tres de la tarde, viendo a los enfermos que me han asignado, y he tenido que dejar a uno pendiente para el turno de tarde, porque no me ha dado tiempo.

Ya todo es mucho más cómodo, y eso permite trabajar en mejores condiciones. Se han dado cuenta de que con lo enorme que es Ifema y con todo el espacio que hay en este recinto ferial, en el que se ha levantado este hospital de campaña, no había ninguna razón para tenernos a todos juntos y con el riesgo de contagiarnos.

Ya han habilitado unos vestuarios muy grandes, separados para hombres y mujeres, y con unas taquillas espaciosas con llave.

Además, en vez de tener que esperar para firmar en un control en la entrada del pabellón, en el que se guardaba una larga fila, ya lo hacemos en distintos sitios del interior, lo que también ha hecho disminuir las colas.

También ha cambiado la entrega de los trajes de protección, que ahora se nos dan en un mostrador muy largo, con distintas secciones diferenciadas por tallas, con lo que cada uno se va a la fila que considera y, como hay mucha gente distribuyendo los trajes, apenas se tarda nada en recibir el equipo.

Tampoco hoy estaba lleno el control del pabellón 9 en el que trabajo. De sus 50 camas disponibles, solo había ocupadas 46. Se supone que en cada control las visitas las hacemos 4 médicos y un supervisor, aunque hoy sólo estábamos tres.

Hemos dado muchas altas, con lo que han sido continuos los aplausos con los que los otros enfermos han despedido a los afortunados que se han vestido de calle y se han dirigido a la puerta para afrontar los 14 días de cuarentena que les aguardan en sus domicilios como medida preventiva, para que no contagien.

A pesar de que a aquí nos suelen traer a enfermos que no pueden absorber otros hospitales madrileños y que no están muy graves, no te puedes relajar en ningún momento, porque los pacientes están bien y, de repente, se ponen malos y empiezan a no oxigenar en condiciones. De la misma manera, a otros los mantienes aquí por precaución antes de que se vayan a su casa.

También hay que tener en cuenta que hay pacientes mayores y que ya no es tanto el coronavirus, sino los problemas que le puedan generar otras patologías. Hoy un anciano nos ha dado un susto a causa de una taquicardia: lo hemos tenido que monitorizar, hemos llamado a la UCI y suministrado un antirrítmico por vena.

Nos ha ayudado mucho uno de los médicos que estaba en el recinto: es cardiólogo pediátrico y nos ha venido a echar una mano.

Como medida de mejora, cabría estudiar si está bien repartida la carga de trabajo, porque, si por la mañana pasamos consulta y por la tarde se vuelve a pasar, tiene poco sentido. En todo los hospitales se pasa consulta una vez al día. Así que si tienes cuatro médicos por la mañana, por la tarde podría ser suficiente con dos para ver a los posibles ingresos.

No creo que sea necesario pasar consulta por la tarde a los mismos que se ha visto por la mañana. Aunque, por supuesto, a los que están mal, sí: no hay perderlos de vista. Hoy he dejado aviso al turno de tarde de que me vigilaran a un par de ellos, ya que estaban muy malitos.

Hoy también nos han dado un toque para que no hagamos tantas analíticas. En medicina hay mucha gente muy intervencionista, sanitarios a los que, creo, les gusta mucho jugar al supermédico. No se trata de pedir más o menos, sino que hay que hacerlas cuando estén justificadas.

La verdad es que ha sido un no parar, pero creo que ha sido realmente el primer día en que todo se ha desarrollado como debería haberlo hecho desde el momento en que este hospital de campaña abrió sus puertas para ayudar en la pandemia de la COVID-19.

(Cuaderno de bitácora del Arca de Noé es una serie especial de EFE coordinada y editada por Olivia Alonso, con el testimonio diario en primera persona de un médico voluntario en el hospital de campaña de Ifema, en Madrid).