EFEBarcelona

Algunas veces las metáforas las escribe el tiempo y otras, los detalles. Lo fácil habría sido recurrir hoy a lo primero. Viento, lluvia y al final sol. Otoño en verano. Ingredientes para una crónica de la Diada trufada de adjetivos con tinta gris, en contraste con la literatura luminosa de otros años.

Pero están los detalles. Los malditos detalles. Si desde 2012 las manifestaciones independentistas consistían en sumar, multiplicar y proyectar titulares rotundos con el todo por encima de las partes, este año ha tocado descontar y subrayar las partes sobre el todo. La letra pequeña sobre los grandes titulares. Los pequeños detalles.

Detalles como las omisiones directas en el discurso institucional del president Quim Torra a la prevista sentencia del 1-O y a los políticos presos. Como el acto político de ERC en plena Diada. Como la ausencia por primera vez del PSC en el acto institucional, o la de la alcaldesa Ada Colau en la manifestación.

El detalle del acto propio de Òmnium al margen de la Assemblea Nacional Catalana (ANC). La presencia de los comunes en el mismo reivindicando la absolución de los presos, mientras que a 600 kilómetros PSOE y Unidas Podemos intentan un acuerdo "in extremis" para evitar elecciones.

Detalles como que la presidenta de la ANC, Elisenda Paluzie, confiese ante la multitud que esta ha sido la Diada "más difícil" de organizar. O que esta reproche a los partidos haber dado "pasos atrás" en el objetivo de la independencia. O la "expulsión" de los políticos de la fila de invitados en los parlamentos.

Detalles como que la Guardia Urbana haya dado la cifra más baja de participantes en la manifestación independentista desde 2012. O que la mayoría de portadas digitales españolas destaquen como noticia una anécdota: la del himno español sonando a todo trapo desde un balcón durante el homenaje del Govern a Rafael de Casanova.

Los autocares de manifestantes regresan a casa mientras mañana en los debates se discutirá si la llama de 2012 sigue viva o si se apaga como este verano. Legiones de notarios firmando las actas de defunción del "procés" frente a quienes reparten actas de certificación de que "el tema catalán" seguirá ahí, tan distante, pero tan cercano, pared con pared, con la política española.

O tan peligroso como la posibilidad de un nuevo choque de trenes a días de la sentencia del 1-O. De momento aguardan microchoques de alto voltaje. Como esta noche mismo en el Parlament, cuando un grupo de encapuchados ha lanzado piedras contra los "mossos".

O como se espera los próximos 25 y 26, cuando Torra deberá decidir si asiste a la sesión del Parlament o si comparece en el juicio oral por los lazos amarillos del balcón de Palau.

Esta Diada ha discurrido entre reivindicaciones al derecho de autodeterminación. Al ejercicio de la autodeterminación, ha matizado hoy Torra -otra vez los detalles- y a la unidad independentista tras un verano de desencuentros mediáticos entre JxCat y ERC.

Ha sido una tregua en este pulso como el sol que se ha colado entre la tormenta. ¿Un arcoíris de Lledoners a Waterloo? Falta por ver si la tregua persistirá o si la unidad estratégica que emprendieron ERC y la antigua Convergència tras la Diada de 2012 son hoy dos aviones a punto de despegar hacia aeropuertos distintos.

Habrá quien relacione las cifras de participación a la baja ofrecidas por la Guardia Urbana -600.000 personas- para profetizar el final del mito del millón de manifestantes y jugar en las tertulias con la metáfora del radiante amarillo de las camisetas de diadas pasadas a la frialdad del azul turquesa de hoy.

Pero, aunque el periodismo de datos cotiza al alza, no es aconsejable leer una manifestación con calculadora confundiendo manifestantes con votantes ni tampoco recurrir a la eterna metáfora de los críticos del "procés": la del "soufflé" que baja. Y es que 600.000 personas en la calle son aún muchas personas.

Diada año 1. 2012. Media España temblando con la prima de riesgo mientras una manifestación convocada por el pacto fiscal se fue convirtiendo a fuego lento en una reivindicación independentista en toda regla.

Algunos políticos se sumaron a la carrera. Hubo quien hasta lo hizo en muletas, aunque no creyera que la carrera llevara a ninguna parte. Algunos políticos de entonces hoy ya son historia. A otros quisieron arrojarlos a la papelera de la historia.

El entonces president Artur Mas vio aquella manifestación por televisión desde la plaça de Sant Jaume, aunque dijo después que había estado en espíritu. Hoy algunos analistas dicen que ese espíritu está de vuelta para cerrar el círculo.

Diada año 8. El 8 no deja de ser una cifra formada por dos círculos cerrados...

Esos malditos detalles.

Leandro Lamor