EFEMadrid

Las negociaciones al límite que han llevado el PSOE y Unidas Podemos hasta prácticamente el momento de la votación definitiva no han salvado la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno, por lo que se abre un plazo de dos meses para que haya un nuevo intento o pase el tiempo y se convoquen otras elecciones.

El caudal de votos a favor que ha cosechado el candidato socialista en el Congreso -además de los del grupo socialista- ha sido exiguo, uno solo, el del único parlamentario del Partido Regionalista Cántabro, de modo que los 124 "síes", aparte de ser un número incluso más pequeño que el de su investidura fallida de 2016, se han quedado muy lejos de los 155 "noes".

Para que Sánchez hubiera salido del Congreso este jueves con la potestad de formar un nuevo Gobierno, resultaba necesario aumentar la cifra, que es la que obtuvo en la primera votación del martes pasado. Sin embargo, ningún grupo se ha desplazado al sí.

Sólo ha cambiado de criterio ERC, tal y como avanzó su portavoz, Gabriel Rufián, a primera hora de la mañana. Su decisión de decantarse por la abstención, en vez del "no" de hace dos días, perseguía aumentar la presión sobre Unidas Podemos.

Porque ha sido precisamente el grupo presidido por Pablo Iglesias sobre el que ha recaído la responsabilidad de propiciar la investidura de Sánchez.

Una apuesta del partido "morado" y de sus confluencias por el "sí" habría elevado el nivel de apoyo al candidato socialista a los 166 votos, y Sánchez ahora estaría encajando en su agenda el momento de ir a ver al rey para prometer el cargo y nombrar a los nuevos ministros y ministras.

Pero no ha sido el caso. Unidas Podemos se ha mantenido en la abstención al igual que el PNV, ERC y Bildu (67 en total).

Como ha recordado el secretario general del grupo socialista, Rafael Simancas, tras la votación, Sánchez deja de ser candidato desde este jueves y se abre un periodo de dos meses a contar desde el 23 de julio para que surja uno nuevo o el propio Sánchez vuelva a intentarlo.

Si el tiempo pasa y llega el 23 de septiembre sin novedades, se disolverán las Cortes, el BOE publicará el real decreto de convocatoria electoral y los ciudadanos serán llamados a las urnas el 10 de noviembre.

Entre las fuerzas políticas de izquierdas sólo pensar en ese escenario causa temor. Rufián ha insistido en que "septiembre complica la vida a todos", dando a entender que la abstención de este jueves raramente se repetirá en unas fechas en las que se conocerá la sentencia del 'procés'. Por su parte, el diputado de Compromís Joan Baldoví ha afirmado que otros comicios generales darían "una oportunidad al trío de Colón", en referencia a PP, Cs y Vox.

El PSOE ha eludido concretar si Sánchez lo intentará de nuevo y Unidas Podemos se ha mostrado dispuesto a reanudar las negociaciones a pesar de la controvertida relación en la que se quedan ambas formaciones tras esta investidura.

Iglesias ha recordado en el Congreso la complejidad de culminar con éxito unas conversaciones que comenzaron hace 48 horas, nada más terminar la primera votación del martes.

Ayer, tras una reunión entre Carmen Calvo y Pablo Echenique, algunos ultimátum, llamadas telefónicas y filtraciones de documentos, las negociaciones quedaron interrumpidas y al borde de la quiebra, pues el PSOE comunicó que ya no se movería.

El ambiente se enrareció tanto que Rufián, casi de madrugada, medió con Iglesias y con el responsable de Organización de los socialistas, José Luis Ábalos, para que intentaran un acuerdo hasta el último segundo.

Sin embargo, el PSOE no se ha movido.

Iglesias sí. Tres horas antes de la votación del Congreso, difundió un documento con el que comunicaba al PSOE que estaba dispuesto a aceptar una vicepresidencia de Derechos Sociales e Igualdad, los ministerios de Trabajo, Sanidad y de Ciencia.

Entre sus objetivos, la derogación de la reforma laboral.

El PSOE la rechazó, básicamente por la pretensión de Unidas Podemos de gestionar la cartera de Trabajo, e Iglesias y su dirección decidieron que votarían "abstención". La investidura de Sánchez estaba sentenciada.

La presión fue tanta que incluso durante unas horas pareció que el voto en el grupo confederal variaría según las siglas. IU se apeó del "no" y prácticamente abocó a Iglesias a elegir abstenerse.

Comenzó la sesión en el Congreso y el candidato socialista abrió el turno de intervenciones con el gesto afectado y duras críticas a Iglesias.

Le reprobó haber hablado de ser "humillante" liderar un ministerio; le advirtió de que entre un Gobierno que no sirviera a los ciudadanos y sus convicciones, siempre elegirá la defensa de sus convicciones y del interés general; y le recordó que no puede poner la gestión de los presupuestos en manos de personas que nunca han gestionado uno.

El líder de Unidas Podemos le replicó que ha faltado al respeto a su organización y a sus votantes y que no se puede abordar una negociación a base de filtraciones.

Pero Iglesias se ha reservado una última carta: en la tribuna de oradores, para salvar la investidura, anunció que su partido renunciaba al Ministerio de Trabajo si, a cambio, recibía la gestión de las políticas activas de empleo.

Duró poco la expectativa de un acuerdo en el último segundo y ver a Sánchez y a Iglesias enganchados a sus móviles avivó todavía más la posibilidad del Gobierno de coalición. IU incluso pidió retrasar la votación en balde.

El PSOE, no obstante, se negó.

Sánchez afronta dos meses ahora durante los que tendrá que decidir si acepta una hipotética nueva negociación con Podemos o deja pasar el tiempo para que España vuelva a una contienda electoral.