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La ciudad de Tánger, con un millón largo de habitantes y una de las principales puertas de entrada en Marruecos, está aislada desde el mediodía de hoy por la aparición de nuevos brotes de coronavirus.

Desde hoy y hasta fecha no especificada, no se podrá entrar ni salir de la ciudad salvo casos precisos que requerirán de una autorización especial, mientras que el transporte público por carretera y por tren (incluido el tren de alta velocidad) ha sido suspendido hasta nuevo aviso, según un escueto comunicado del Ministerio del Interior.

La presencia de policías en las calles tangerinas es hoy mucho más notoria, y menor la presencia de viandantes, según dijeron a Efe habitantes de la ciudad, mientras que las redes sociales muestran la instalación de bloques de hormigón en varias avenidas para volver a controlar el tráfico vehicular.

Una fuente de la autoridad local dijo a Efe que las medidas de confinamiento no afectan al puerto de Tanger Med, que a partir del miércoles comienza a recibir ferris con pasajeros llegados desde los puertos de Sète (Francia) y de Génova (Italia).

Del mismo modo, tampoco van a verse afectados los ferris de repatriación fletados por la embajada de España: esta misma semana hay previstas dos salidas de Tanger Med a Algeciras, y se prevé que continúen a razón de dos por semana durante el mes de julio y agosto, al igual que continuarán los que fleta la embajada de Francia.

La cuarentena impuesta a toda la ciudad de Tánger no tiene límite preciso, y tampoco se ha informado de cuáles han sido los focos de coronavirus detectados en los últimos días que han conducido a esta medida radical; es más, las cifras oficiales hablan de solo 61 nuevos casos entre el sábado y el domingo en Tánger y su región.

Es cierto que Tánger acumula casi un 20 % del total de casos declarados en Marruecos en estos cuatro meses, y que la ciudad ha vivido varios brotes que han llevado al confinamiento parcial de barrios o al cierre temporal de empresas enteras: ha sucedido con una fábrica de congelación de gambas, una textil y la "joya de la corona", la factoría de Dacia-Renault.

Esta última, que supone 12.000 empleos directos y varios miles más indirectos, ha tenido dos brotes declarados de coronavirus, el primero de los cuales fue tan grave que obligó a cerrar la factoría entre mediados de marzo y fines de abril.

Una de las cuarentenas parciales declaradas en Tánger llevó al cierre del barrio de Beni Mekada, que con sus más de 300.000 habitantes es como una ciudad dentro de la ciudad, y que estuvo cerrado una semana larga en total discreción.

Pero las medidas de desescalada que se han comenzado a aplicar en todo el país, con la reapertura de comercios, cafés, playas o gimnasios, han llevado a una relajación en cuestiones como la distancia social o el porte de mascarilla.

Un periodista tangerino explicó hoy a Efe que ayer domingo la afluencia en las calles era la de cualquier domingo de verano, con los autobuses públicos repletos, y la "corniche" -eje social y de ocio de la ciudad- estaba llena de gente, muchos de ellos sin mascarilla y sin guardar ninguna distancia.

El caso de Tánger es el más llamativo por el tamaño de la ciudad, pero no es el único: el 5 de julio, la ciudad de Safi (300.000 habitantes) fue puesta en cuarentena y sus 18 fábricas de pescado, sustento principal de su población, fueron cerradas por la multiplicación del virus entre sus trabajadores.

También una región agrícola situada entre Larache y Rabat fue enteramente aislada el 19 de junio y cientos de explotaciones agrícolas de mayor o menor tamaño fueron cerradas por la multiplicación de casos entre las trabajadoras del sector de fresa y frutos rojos.

Pese a todos estos casos, la evolución de la pandemia en Marruecos ha estado relativamente bien controlada -gracias a unas estrictas medidas de cuarentena-, y tras cuatro meses de pandemia, el total de contagios registrados en el país es de 15.821 casos, de los que 253 pacientes murieron y solo 2.622 continúan activos.

Javier Otazu