EFEEstambul

El patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, escenificó hoy públicamente durante la misa de Reyes su respaldo pleno a Epifanio, el discutido líder de la Iglesia ortodoxa de Ucrania escindida del Patriarcado de Moscú.

Bartolomé celebró la misa de la Epifanía, el momento más solemne del año para la Iglesia ortodoxa, junto a Epifanio, recién nombrado metropolitano de Kiev por sus fieles, en la catedral de San Jorge, situada a orillas del Cuerno de Oro en Estambul y sede del Patriarcado ecuménico.

Bartolomé I firmó ayer el decreto que reconocer la independencia de la Iglesia ucraniana, algo que fue calificado como "trozo de papel" que "carece de valor canónico" por la Iglesia ortodoxa rusa.

Tras esa decisión, el patriarca ecuménico y la nueva cabeza de la Iglesia de Ucrania se turnaron hoy con una liturgia en griego y en ucraniano ante una entregada audiencia de los ortodoxos de Estambul, fieles llegados desde Grecia y una nutrida delegación ucraniana, compuesta por sacerdotes, políticos y fieles.

Entre ellos destacaban el presidente de Ucrania, Petró Poroshenko, acompañado por su esposa, Maryna, y el expresidente Viktor Yúshchenko.

La búsqueda de la independencia de la Iglesia ucraniana se intensificó en los últimos años tras la anexión por Rusia de la península de Crimea y el apoyo de Moscú a las milicias separatistas en el este ucraniano.

Al terminar el rito, Bartolomé entregó a su huésped el 'tomos' (certificado) que confiere plena independencia a la Iglesia ortodoxa de Ucrania, firmado ayer.

"Hoy, oficial y canónicamente, usted se convierte en la decimoquinta Iglesia en el bendito coro de las Iglesias autocéfalas", dijo Bartolomé a Epifanio.

El religioso recordó que fue el Patriarcado de Constantinopla el que fundó las primeras iglesias de Kiev y aseguró que, si bien transfirió su administración a Moscú en 1325, "nunca cedió su jurisdicción canónica" al patriarca ruso.

"El invierno de cismas y divisiones ha acabado, la lluvia del aislamiento eclesiástico ha terminado y la flor de la unidad aparece en la tierra", agregó el patriarca.

Respondió así al patriarcado de Moscú que hasta ahora tenía bajo su jurisdicción las iglesias de Ucrania y ha tildado de nuevo "cisma" el gesto de Bartolomé de reconocer la independencia de estas iglesias.

Cuando el patriarca ecuménico anuló, en octubre pasado, el 'tomos' de 1686 que reconocía la vinculación de Kiev con Moscú, la Iglesia rusa respondió rompiendo la comunión eucarística con Constantinopla, lo que significa que los fieles a Bartolomé ya no pueden comulgar en las iglesias bajo mando de Rusia.

Epifanio, por su parte, subrayó tras la ceremonia que "después de la oscuridad de la noche, el sol vuelve a salir, debido a la sabiduría de su Sagrado y Santo Sínodo".

"Ha quedado suprimida la injusticia y se ha restaurado la justicia. Y ahora, la hija ucraniana, por voluntad de Dios y cuidado de nuestra Madre Iglesia, se ha afianzado y consolidado", dijo Epifanio a la prensa ucraniana.

Recordó que el 15 de diciembre pasado se celebró un concilio en Kiev, en el que dos ramas díscolas de la Iglesia ortodoxa ucraniana, así como dos dirigentes de la Iglesia fiel a Moscú, decidieron unificarse y crear una única Iglesia Ortodoxa de Ucrania, reconocida ahora por Constantinopla, pero no por el patriarca de Rusia.

También el presidente Poroshenko se felicitó por la independencia de la Iglesia de Kiev. "Lo sucedido es un verdadero milagro que debemos a la voluntad del creador", recalcó en su cuenta en Twitter.

"Hemos cumplido con nuestro deber ante las generaciones pasadas y próximas", sostuvo Poroshenko, para quien el 'tomos' es en realidad otro "acta de declaración de la independencia de Ucrania".

Tras la ceremonia, el patriarca y sus huéspedes se trasladaron a la orilla del Cuerno de Oro para la tradicional bendición de las aguas, durante las que se lanza un crucifijo al agua.

Bartolomé y Epifanio, ambos ataviados con la corona del patriarca, acudieron a este brazo de mar mientras varias docenas de jóvenes en bañador, muchos de ellos llegados desde Grecia, tiritaban en tres barcazas bajo temperaturas cercanas a cero.

Cuando el patriarca lanzó el crucifijo, los chicos se abalanzaron al agua en tromba y, en breves momentos, el más rápido recuperó el sagrado objeto para devolverlo a Bartolomé.

El rito es cada año un momento festivo y solemne que afianza los lazos de la pequeña comunidad greco-ortodoxa de Estambul, pero también con Grecia, donde muchos siguen considerando Constantinopla su capital eterna.