EFEBarcelona

Con mascarilla y detrás de una mampara, los farmacéuticos catalanes recuperan la normalidad tras soportar al inicio de la epidemia la presión de no poder dispensar geles o mascarillas y colaborar con la Generalitat y otras entidades para asegurar el reparto de medicamentos a todos los colectivos.

El Consejo del Colegio de Farmacéuticos de Cataluña ha puesto esta semana en valor que este colectivo ha realizado un "esfuerzo extraordinario, más allá del trabajo que ya realizan en su día a día, implicándose en diferentes iniciativas impulsadas conjuntamente con la administración y trabajando para garantizar el acceso al medicamento y la protección de toda la población".

Con la explosión de la pandemia llegó, en los primeros días, la carencia total de materiales de protección ante un población que les demandaba mascarillas y gel.

Ahora que ha finalizado el estado de alarma, los farmacéuticos presentan un balance satisfactorio como muestran los más de nueve millones de mascarillas distribuidas en colaboración con el departamento de Salud de la Generalitat, a través de las 3.227 farmacias catalanas.

Más allá del trabajo de información al otro lado del mostrador, el Colegio de Farmacéuticos y los propios profesionales han ayudado en la distribución a domicilio a las personas vulnerables de su medicación cuando no podían recogerla.

Una tarea que se pudo realizar gracias a la coordinación de los colegiados con los voluntarios, muchos estudiantes de Farmacia pero también deportistas federados, que hacían de mensajeros entre farmacia y paciente.

A través de la farmacia comunitaria, se han acercado los medicamentos hospitalarios de dispensación ambulatoria (MHDA) al domicilio del paciente, en colaboración con la farmacia hospitalaria cuando esta lo ha solicitado.

Muchos farmacéuticos han ayudado al departamento de Salud de la Generalitat para hacer posible la distribución de medicamentos a los hoteles de salud de toda Cataluña que acogían pacientes leves.

Los farmacéuticos catalanes han evitado miles de desplazamientos innecesarios a los centros sanitarios gracias, entre otras medidas, a la implementada por el Servicio Catalán de la Salud, conjuntamente con el Consejo de Colegios Farmacéuticos de Cataluña (CCFC), que permitía que los usuarios pudieran ir directamente a la farmacia, con o sin el plan de medicación.

Concretamente, desde mediados de marzo y hasta el 31 de mayo, en las farmacias se han reimpreso más de 1.700.000 planes de medicación, que de otro modo hubieran representado visitas al CAP.

También se ha permitido que a los pacientes crónicos con prescripciones de larga duración, que requerían renovarla, les pudieran continuar dispensando los tratamientos sin necesidad de ir al CAP. En total, en las farmacias han atendido a más de 79.800 pacientes crónicos.

Enric Noguera recuerda, en conversación con Efe, el trabajo maratoniano que han llevado a cabo desde su farmacia en Blanes (Girona), un negocio familiar.

"Teníamos el estrés añadido de no poder caer enfermo ninguno porque si no nos íbamos a contagiar todos y cerrar la farmacia", ha rememorado este colegiado, que asegura no haber vivido una situación comparable en sus tres décadas de dedicación profesional.

Los dos peores momentos fueron para Enric el inicio de la pandemia, con el goteo incesante de visitas y llamadas pidiendo mascarillas y geles que no podían dispensar, así como el inicio del plan de distribución de mascarillas de parte del departamento de Salud y la caída del sistema informático.

Ante la llegada de turistas este farmacéutico se muestra "tranquilo y preparado". "Son riesgos -asegura- que hay que correr, no puedes mantener a la gente confinada para siempre. Lo que sí que mantendremos son las medidas de seguridad como cuando había estado de alarma".

La farmacéutica en el barrio barcelonés del Carmel Marta Olius mantiene la limitación de clientes en su local y exige el uso de mascarilla y de gel.

Cuenta que lo peor, al principio de la crisis, fue "no saber cómo actuar", aunque destaca la "enorme solidaridad y responsabilidad" que ha mostrado la gente.

"El trabajo de los voluntarios ha sido impresionante. Un montón de gente joven, estudiantes universitarios e incluso de bachillerato, ayudando y sin esperar nada a cambio", ha explicado.

"Lo peor fueron las primeras semanas, aún sin mamparas y reutilizando durante días y días, ocho horas cada jornada, la misma mascarilla", ha añadido Olius.

Ahora, con el aire acondicionado y la costumbre se va llevando mejor la desescalada en la farmacia, donde seguirá primando la higiene todo el verano.

Lara Malvesí