EFELisboa

En los estertores de su dictadura, Francisco Franco observó con recelo y distancia la Revolución que cambió la historia de Portugal. Protegió a fascistas lusos y, según revela a Efe un exdiplomático español, aceptó también prestar ayuda a los socialistas portugueses en caso necesario.

"El Partido Socialista portugués pidió a Franco poder cruzar a España si las cosas empeoraban en Portugal", sostiene Inocencio Arias, entonces consejero de la embajada española en Lisboa.

Arias repasa los acontecimientos que rodearon a la Revolución de los Claveles, que acabó con 48 años de dictadura, el llamado Estado Novo, en una entrevista con Efe, precisamente, en la sede diplomática española en Lisboa.

España y Portugal estaban bajo el yugo de dictaduras fascistas. Franco y António de Oliveira Salazar no fueron amigos pero articularon el "Pacto Ibérico" para reforzar su poder.

En la madrugada del 25 de abril de 1974 cambió la historia. En un Portugal hastiado de la dictadura y debilitado por las guerras coloniales, el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA) tumbó al Estado Novo. Sin violencia.

Las cárceles se vaciaron de presos políticos y los exiliados regresaron, entre ellos, los líderes del Partido Socialista, Mário Soares, y Comunista, Álvaro Cunhal.

Pero, tras el triunfo de los "capitanes de abril", llegó el verano "caliente" de 1975, que colocó al país a un paso de la guerra entre los defensores del espíritu del MFA y quienes apostaban por un giro a la izquierda.

Los socialistas lusos temían un golpe del ala radical y buscaban alternativas, continúa Arias. "Un enviado" de Soares se reunió con el embajador español, Antonio Poch.

"La reunión fue en mi casa", recuerda Arias. Al día siguiente, Poch le convocó: "Esto es muy serio, tienes que ir de inmediato a Madrid. Y me dictó una carta".

La carta era para Franco. Los socialistas portugueses querían saber si, en caso de golpe, podrían cruzar la frontera sin ser detenidos.

"La respuesta fue verbal, no por escrito: Podían entrar. Se les estaba diciendo, subliminalmente, que a lo mejor tenían que entrar no por la frontera, sino por el monte".

"No querían exiliarse en España, pero tenían que encontrar un sitio donde ir sin problemas", asegura Arias.

Un planteamiento "absurdo, sin el menor fundamento", afirma por el contrario João Soares, hijo del expresidente luso.

"¡Eso es imposible!". "Franco era innombrable". Insiste en una entrevista con Efe. Y niega que su padre barajara abandonar Portugal después del 25 de abril.

Para Arias, sin embargo, la petición no era descabellada.

"El ambiente se cortaba". "Hubo un momento en que un grupo de izquierdas cercó el Parlamento y los legisladores tuvieron que salir por la ventana".

En septiembre de 1975, un incidente estuvo a punto de desatar un enfrentamiento entre España y Portugal y cambiar el rumbo de la historia.

Tras las últimas ejecuciones del franquismo -cinco militantes de ETA y el FRAP- cientos de personas atacaron la embajada de España y el Palacio de Palhavã, residencia oficial del embajador, en Lisboa.

"Había gente que quería desde que cortáramos la luz hasta que invadiéramos y Franco preguntó ¿Le ha pasado algo a alguno de los españoles? Le dijeron que no y ¿La embajada cómo está?. Hay que esperar. Y ahí se acabó", relata Arias.

Vasco Lourenço, uno de los capitanes de abril, tiene su propia teoría: "Franco nunca aceptó involucrarse en Portugal".

Atribuye el ataque a una maniobra de la extrema derecha y la CIA para forzar la intervención española.

"Teníamos una preocupación, el Pacto Ibérico", admite. "Hubo presiones para que los españoles interviniesen, para que la brigada Brunete interviniese, pero ocurrió lo que preveíamos. Los problemas internos españoles no les permitían mandar medios para aquí", apunta en una entrevista con Efe.

"Conseguimos convencer a nuestros amigos españoles de que Franco ganaba más con no intervenir. Hubo muchos contactos. No fue fácil superar eso", reconoce.

El propio Mário Soares reveló que Manuel Fraga le aseguró que Franco no actuaría contra Portugal: "Franco es gallego y como gallego tiene un gran respeto por Portugal, luego él nunca hará nada contra Portugal", le dijo el exministro español, según relató en 2014.

Portugal superó el verano caliente. Los vaticinios de Estados Unidos sobre su "sovietización" no se cumplieron, y los moderados, orientados por los socialdemócratas europeos, se impusieron a la izquierda revolucionaria.

En noviembre de 1975, Mário Soares ganó la pelea interna y la socialdemocracia se instaló en Portugal. Simultáneamente, España estrenaba su propia transición tras la muerte del dictador.

Para entonces, ya había nacido la Unión Militar Democrática (UMD), "hijos del MFA", en palabras de Lourenço, de la mano de un puñado de militares demócratas españoles.

La experiencia terminó con varios en prisión, pero influyeron en la democratización porque "la derecha en España tuvo recelo de que pudiera llegarse a un movimiento similar al portugués" y "percibieron ventajas en abrirse incluso al Partido Comunista", según el veterano militar.

"La UMD no consiguió el objetivo que nosotros alcanzamos porque nosotros teníamos un factor fundamental, la guerra colonial. Fue un factor decisivo para el 25 de abril", afirma Otelho Saraiva de Carvalho, otro actor emblemático de la Revolución.

Por Lisboa pasaron políticos españoles de todo signo para inspirarse en el modelo luso. Pero ambas transiciones fueron muy diferentes.

João Soares recuerda bien a las visitas de políticos e intelectuales españoles a su padre y también cómo el socialdemócrata alemán Willy Brandt apadrinó al socialismo español.

"Brandt fue decisivo para España también", asegura. Y le atribuye la decisión de colocar a jóvenes como Felipe González en el liderazgo: "Tienen que ser los jóvenes, los que no tienen memoria de la Guerra Civil".

Precisamente la Guerra Civil es, según la escritora Lídia Jorge, el hecho diferencial clave entre Portugal y España.

En Portugal, el Ejército actuó como "un elemento de liberación" en un contexto de pobreza y conflicto colonial, mientras que España cargaba el peso de la Guerra Civil, argumenta la autora de "Os Memoráveis", una de las mejores novelas sobre la Revolución.

"En España hay un rencor por la Guerra Civil que no se ha resuelto. No hubo una revolución sino un cambio parlamentario que no permitió a la población enfrentar su pasado".

Y concluye: "Por eso Salazar está enterrado y Franco no descansa".

Mar Marín