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Dos años y medio en el poder han bastado para que Giuseppe Conte, un jurista convertido en primer ministro novato, haya aprendido a salir de las crisis que le amenazaron, como un funambulista en una tormenta azuzada por aliados poco fiables.

Su última hazaña ha sido mantenerse en el poder tras la salida de su coalición del partido de Matteo Renzi, Italia Viva, al que ha reemplazado hábilmente por un grupo de senadores y diputados que le dan la mayoría en Parlamento, aunque sea de forma bastante débil.

Con una mayoría absoluta en la Cámara de los Diputados y su victoria pírrica en el Senado, con una ajustada mayoría simple, deberá ahora ampliar su respaldo en ambas cámaras y, para ello, una vez más, deberá recurrir a sus dotes negociadoras.

EL ABOGADO DEL PUEBLO

Conte, de 56 años, era un abogado desconocido cuando en junio de 2018 juró como primer ministro. Desde entonces tuvo que "aprender" a lidiar con la siempre convulsa política italiana, sobreviviendo a dos crisis que pusieron seriamente en jaque su mandato.

Nacido en el pueblo de Volturara Appula, en la región de la Apulia (sur), el tacón de la Bota, al inicio de su vida pública poco o nada se sabía de él. El antisistema Movimiento 5 Estrellas (M5S) le quería como ministro y en alguna ocasión hizo gala de su talante en tertulias televisivas.

Su nombre saltó a la palestra en mayo de 2018, al aceptar ponerse al frente, como técnico imparcial, de la coalición entre el M5S y la ultraderechista Liga, concluyendo las negociaciones más largas para formar Gobierno de la República tras las elecciones de ese año.

Aquel profesor perfectamente trajeado y de aires solemnes se presentó ante el país como el "abogado del pueblo" pero enseguida encaró su primera polémica: las dudas sobre los estudios en prestigiosas universidades extranjeras presentes en su currículum.

Ante el hemiciclo el jurista daba muestras de inexperiencia y pronto se le endosó el cliché de "títere", de la cara bonita de los líderes de los partidos de la coalición, Matteo Salvini de la Liga y Luigi Di Maio del M5S, que ejercían como vicepresidentes.

Basta pensar en aquella mañana en la que, susurrando pero delante del micrófono, pedía permiso para hablar en el Parlamento a Di Maio.

No obstante, poco a poco, el país le empezaba a conocer: católico, próximo al Vaticano, devoto del Padre Pío, apasionado del fútbol y divorciado, con un hijo de unos diez años por entonces.

ARIETE CONTRA SALVINI

Conte fue elegido por su faceta conciliadora, lo que le convertía en un aglutinante perfecto del Cinco Estrellas para pactar con el partido que se terciara, en aquel momento la ultraderecha. Y tragó incluso con los decretos que penalizaban el rescate de inmigrantes.

Pero Salvini, entonces ministro del Interior, no tardó mucho en plantearse la traición por los vientos favorables de las encuestas electorales. Y en agosto de 2019 el ultraderechista abandonó la coalición en un intento de forzar un adelanto de las elecciones.

El Gobierno de Conte entraba en crisis pero esto ofrecía al primer ministro una ocasión de oro para demostrar fuerza por primera vez y, al término de un acalorado debate en el Senado, acusó a bocajarro de oportunismo al su hasta entonces intocable socio.

EL CAMBIO DE CHAQUETA

El único deseo del Cinco Estrellas por entonces era evitar unas elecciones que habrían entregado el país a Salvini, por lo que se pusieron manos a la obra para cuadrar la ecuación y buscar un nuevo aliado, y desde luego el tono dialogante del profesor fue clave.

De este modo surgió su actual Gobierno, la coalición entre el M5S, el Partido Demócrata y otras pequeñas fuerzas como la izquierdista Libres e Iguales o la de Renzi, que ahora le abandona.

Precisamente a menudo fue criticado por su ambivalencia, por su capacidad de pactar con partidos muy distintos, como el equilibrista que se tambalea de izquierda a derecha sobre el alambre.

Lo cierto es que hasta hace poco justificaba el nacionalismo de la mano de la Liga, incluso ante la Asamblea General de Naciones Unidas, mientras que ahora se alza como adalid europeísta.

En cualquier caso, evitadas unas nuevas elecciones, el segundo Gobierno de Conte empezaba su andadura sin mayores desvelos hasta que en febrero de 2020 el coronavirus sacudió Italia.

HA NACIDO UNA ESTRELLA

Pero paradójicamente la gestión de esta titánica vicisitud hizo que el aprecio por Conte subiera como la espuma, convirtiéndose en una figura pop en redes sociales (diversas encuestas le llegaron a otorgar hasta un 12 % de intención de votos si fundaba un partido).

El primer ministro tuvo que decretar en Italia un confinamiento sin precedentes y se convirtió en el busto que de vez en cuanto dirigía palabras de calma, responsabilidad y confianza a los hogares desde la televisión, siempre en horario de máxima audiencia.

Entretanto paseaba por las ciudades gozando de su popularidad y, en un gesto inesperado para alguien que siempre custodió con celo su vida privada, sorprendió una tarde de verano al acudir a un cine al aire libre con su novia Olivia Paladino, de 40 años, rubia, burguesa, hija de un conocido hotelero romano.

Conte le había pillado el gusto al poder y, como en las fábulas, había evolucionado desde la insignificancia hasta representar firmemente a las instituciones en uno de los momentos más oscuros.

Uno de sus episodios más recordados fue la noche en que reprochó los zarpazos de la ultraderecha en un momento tan complicado. "Este Gobierno no trabaja con el favor de las sombras", denunció, dirigiéndose con nombres y apellidos a sus adversarios.

Un inesperado golpe en la mesa que decretaba lo que ya era una obviedad: había nacido un líder y aspiraba a quedarse, aunque su horizonte siga repleto de nubarrones.

Gonzalo Sánchez