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José Antonio Griñán ha sido condenado por la Audiencia de Sevilla a seis años de cárcel y a 15 años de inhabilitación por el caso de los ERE falsos, un asunto que quebró parte de la buena relación con su predecesor, Manuel Chaves, y que le costó el cargo por motivos personales aunque siempre bajo la sombra del caso.

Griñán, que tras declarar como inculpado ante el Tribunal Supremo como imputado dijo a los periodistas que no creía que "hubiera un gran plan, pero sí un gran fraude" en este caso, es el principal político damnificado en un caso que ha juzgado a una década de Gobierno andaluz y que antes de suplir a Chaves ostentó la cartera de Economía y Hacienda.

Es precisamente el cargo de consejero el que ha inflado la pena -seis años de cárcel-, ya que desde este departamento era el que se realizaban los presupuestos donde estaba la partida supuestamente malversada.

El expresidente de la Junta justificó su marcha del PSOE en que pretendía quitar a su partido "la presión" que conllevaba este proceso, sobre todo después de que Ciudadanos condicionara su apoyo a la investidura de su sucesora en el cargo, Susana Díaz, a su renuncia y la de Chaves.

Abandonó la Junta para situar con unas primarias, también exprés como su marcha del Gobierno andaluz, a Susana Díaz en el cargo, la primera mujer presidenta en Andalucía y también la primera en una comunidad autónoma socialista.

 Presidente andaluz desde abril de 2009 hasta septiembre de 2013, Griñán accedió al cargo tras la dimisión de Chaves, y casi tres años después los electores dieron por primera vez la victoria al PP, aunque sin mayoría absoluta, por lo que siguió gobernando gracias a un pacto con IU.

Griñán manejó los tiempos políticos imprimiendo su sello personal, lo que desconcertó en no pocas ocasiones a sus propios compañeros, algo que pudo enfriar la buena relación histórica que ha mantenido con Chaves, con quien compartía muchos momentos al margen de la política incluso acudir a ver una buena película en un cine de Sevilla.

Un año después de que Chaves le pasara el "testigo", Griñán le relevó también como secretario general del PSOE-A, cargo que ocupó desde febrero de 2012 hasta julio de 2014.
  Ambos fueron además ministros de Trabajo, primero Chaves -entre 1986 y 1989- y, entre 1993 y 1996, Griñán.

 Profesor del Derecho del Trabajo, su primer cargo fue el de viceconsejero de Trabajo de la Junta en 1982, aunque su carrera política se consolidó con la llegada de su antecesor a la Presidencia de la Junta en 1990, cuando le nombró consejero de Salud y, sobre todo, a partir de 1994 cuando regresó a la política andaluza como consejero de Economía.

El distanciamiento entre Chaves y Griñán comenzó unos meses después de que éste alcanzara la Presidencia de la Junta, cuando quiso acabar con la bicefalia y asumir también la secretaría general del PSOE andaluz, lo que obligó a convocar un congreso extraordinario, que en marzo de 2010 puso fin a dieciséis años de liderazgo de Chaves.

La "vieja guardia" del PSOE andaluz quedó relegada y se abrió una nueva etapa en la que Griñán, alejado hasta entonces de la vida orgánica de partido, depositó su confianza en un equipo joven que, transcurrido el tiempo, tuvo como cabezas más visibles a Mario Jiménez en el partido y Susana Díaz en el Gobierno.