EFETeherán

Millones de iraníes guardaron este domingo luto con su participación en los rituales de la Ashura, la festividad más importante para los chiíes, que este año han sido relativamente adaptados a los protocolos sanitarios debidos a la COVID-19.

En esta Ashura atípica todos los fieles se protegían con mascarillas, un elemento indispensable en un país como Irán, duramente golpeado por la pandemia, que ha causado hasta ahora más de 21.000 muertes y 370.000 contagios.

También en la mayoría de las "heiat" o cofradías intentaban mantener el distanciamiento físico, como había ordenado el Ministerio iraní de Salud, un protocolo difícil de aplicar en multitudinarias congregaciones.

Como en una especie de trance, los fieles vestidos de negro se golpearon el pecho y la cabeza con la manos y lloraron al recordar el martirio del tercer imán chií Husein, nieto del profeta Mahoma, en la batalla de Kerbala (actual Irak) en el año 680 de nuestra era.

Para conmemorar la muerte de este imán a manos del califa Yazid I, un hecho que marca el comienzo del cisma entre chiíes y suníes, las dos ramas principales del islam, las cofradías han tenido que hacer este año un esfuerzo extra y aplicar restricciones.

MENOS PROCESIONES Y LÍMITES DE AFORO

A las puertas de mausoleos como el de Imamzadeh Saleh en el norte de Teherán, los fieles formaron largas filas a la espera de que en el interior del recinto se liberara algún espacio.

"Nunca había visto algo semejante en mi vida, que la gente se siente a cierta distancia y lleve mascarillas y que no haya procesiones. Este año nos sentimos con el corazón roto", se lamentó en declaraciones a Efe Mohamad Forghaní, de 70 años.

No obstante, en opinión de este funcionario jubilado, que siempre asiste a las ceremonias de Ashura y de los diez días previos, "la esencia se mantiene, que es guardar luto por el imán Husein".

Las habituales procesiones de estas fechas, que este año han sido más esporádicas, están formadas por grupos de hombres que se flagelan la espalda con pequeños látigos formados de cadenas metálicas.

Entre la percusión de tambores y los cánticos de duelo, los cofrades portan asimismo en estos rituales "alamat", unas pesadas estructuras metálicas decoradas con plumas y estatuillas de animales.

LAS COFRADÍAS CON "LAS MANOS ATADAS"

Las cofradías también instalaban otros años casetas llamadas "takieh" para repartir comida, refrescos y té a los participantes en las ceremonias, pero la COVID-19 ha modificado esta tradición.

En la mayoría de los sitios solo están repartiendo comida empaquetada, principalmente a los pobres, para evitar aglomeraciones y la propagación del virus.

"Me da pena porque no podemos alimentar aquí cada noche a 3.000 o 4.000 personas ni hacer procesiones golpeándonos el pecho hasta las tantas de la noche, lamentablemente tenemos las manos atadas", dijo a Efe Mostafa Sameí, responsable del "takieh" del bazar de Tayrish.

Según las directrices del Ministerio de Salud, todas las ceremonias deben realizarse en exteriores y manteniendo la distancia física. De no cumplirse la normativa, las autoridades recortarán la ayuda a la cofradía o le cancelarán la licencia.

Sameí, que es desde su infancia "sirviente del imán Husein", explicó que este año han preparado unos 65.000 paquetes de comida para las familias más desfavorecidas y ceremonias de cánticos de luto, pero no procesiones.

Otra de las tradiciones por las que su cofradía era bien conocida y que este año ha quedado suspendida es la de "Shir jaregane" (los bebedores de leche), una ceremonia en recuerdo del hijo pequeño del imán, Ali Asghar, al que se atribuye el poder de facilitar los embarazos.

Tampoco han organizado el tradicional teatro "tazieh", en el que los participantes se visten de época para representar la batalla de Kerbala, que es considerada por Irán una lucha del imán Husein contra la injusticia.

UNA RESISTENCIA CONTRA LA TIRANÍA ACTUALIZADA

Honrar ese sacrificio del imán "ha arraigado la resistencia a la tiranía y la injusticia en el corazón y el alma de sus seguidores durante siglos", aseguró en un mensaje de Twitter el ministro iraní de Exteriores Mohamad Yavad Zarif.

Más allá fue su portavoz, Said Jatibzadeh, quien aseguró la víspera que la Ashura es "un pulso constante entre el bien y el mal, la dignidad y la humillación, y la libertad y la coerción".

"La constancia de Irán en la resistencia a la hegemonía tiene sus raíces en esta cultura. Ningún poder, por cruel que sea, puede quitarle esto a una nación dispuesta al sacrificio", subrayó.

Así aludieron a la resistencia frente a Estados Unidos, apodado por las autoridades iraníes como "hegemonía y arrogancia", que impuso a Irán duras sanciones tras retirarse de modo unilateral del acuerdo nuclear de 2015.

Una declaración de intenciones por parte de las autoridades iraníes: resistir hasta el final como el imán Husein antes de doblegarse a las exigencias de Washington.

Marina Villén