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La nueva ministra de Igualdad tiene 31 años, lleva a sus espaldas una licenciatura en Psicología y 16 años de militancia -primero en el PCE, y después en los movimientos sociales- que la llevaron a Podemos, donde ha protagonizado una carrera fulgurante hasta ser la número dos y 'portavoza", como ella misma dijo, en el Congreso.

Extrovertida, organizada, metódica y defensora obstinada de sus ideas, Irene Montero, que nació en el barrio madrileño de Moratalaz el 13 de febrero de 1988, será la segunda ministra más joven de la democracia, después de la socialista Bibiana Aído, que ocupó con la misma edad pero unos meses menos la misma cartera.

La hasta ahora portavoz Podemos, madre de tres hijos de menos de tres años, vive el feminismo como un aprendizaje y ha hecho bandera de la necesidad de poner la vida y los cuidados en el centro de la acción política.

En febrero de 2018, abrió un debate nacional sobre el lenguaje igualitario al usar la palabra "portavoza" y desatar un sinfín de reacciones. Sonada fue también su intervención en el Pleno del Congreso un año antes, cuando tachó de "machirulo" a un diputado del PP.

Más recientes pero igual de afilados han sido sus enfrentamientos con la popular Cayetana Álvarez de Toledo, a cuenta de que se garantice que el consentimiento sea clave en delitos sexuales, una idea más conocida como el "solo sí es sí".

Una reforma del Código Penal pendiente, que será además una de las primeras medidas que quiere poner en marcha el Gobierno de Pedro Sánchez.

Montero será además la primera en compartir Ejecutivo con su pareja, Pablo Iglesias, que seguirá siendo su jefe, algo que aprovechan para echarle en cara sus adversarios políticos.

El mismo líder del PP, Pablo Casado, con quien mantiene una buena relación personal, no ha esperado mucho para denunciar que "en la mayoría de las empresas no se permite que una pareja esté en el mismo departamento".

Diputada por Madrid desde la XI legislatura, la primera a la que concurrió Podemos, Montero no estaba en el núcleo considerado fundador del partido, pero se convirtió en un valor al alza desde que asumió la jefatura de Gabinete de Iglesias.

De hecho, a finales de 2015, sin ser muy conocida, su jefe la citó en un mitin como vicepresidenta de su hipotético gobierno.

Su consolidación total llegó con su contundente actuación en la moción de censura frustrada de Podemos contra el Gobierno de Mariano Rajoy, cuando se ganó el respeto de muchos parlamentarios, y no sólo los de sus filas.

En Podemos había aterrizado procedente de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) -de la que fue cofundadora-, el último escalón de una precoz militancia política que la llevó previamente por los movimientos estudiantiles y la Unión de Juventudes Comunistas de España (UJCE) a sus 16 años.

Allí conoció a los ahora dirigentes de Podemos Juan Manuel del Olmo y Rafael Mayoral, además de su jefa de Gabinete, la exdiputada Teresa Arévalo, que la recuerda como una joven responsable y muy viva con gran disposición a colaborar.

El "sentido de la justicia" es otra de las virtudes que ensalza su equipo, un valor que tiene en la otra cara de la moneda una intolerancia ante la discrepancia que, según la 'leyenda negra' promovida por sus detractores, la llevó a ser la responsable del cerco a Íñigo Errejón y sus afines.

Los caminos de ambos estuvieron interrelacionados, pero a la inversa, pues Montero tuvo más influencia sobre Iglesias a medida que Errejón la iba perdiendo, y le tomó el relevo como portavoz en el Congreso en febrero de 2017 a raíz de la derrota 'errejonista' en Vistalegre II.

Montero siempre defendió no mimetizarse con las instituciones y alejarse de las moquetas, las que ahora pisará como ministra; y en julio de este año se opuso con uñas y dientes a investir a Pedro Sánchez tras su veto a Iglesias porque entendía que no merecía la pena entrar al Gobierno sin capacidad de transformar la realidad.

Y estaba dispuesta a defenderlo aunque eso costase -como sucedió- una pérdida de diputados en una repetición electoral.

Desde casa por el avanzado estado de gestación de su tercera hija, Montero fue la única de su grupo en decir "no" a la investidura de Sánchez el 23 de julio ya que depositó el voto antes del viraje hacia la abstención por las presiones de IU y parte de En Comú Podem.

"Nuestras madres y nuestras abuelas nos han enseñado que las cosas importantes no se consiguen a la primera", repitió una y otra vez en la campaña de las segundas elecciones, las de abril, un lema que reformulaba una de sus máximas favoritas: "Pelear, quemando el cielo si es preciso, por una vida que merezca la pena ser vivida".

Además de la marcha de Errejón, su peor bache político fue la publicación de fotos y datos del chalé de Galapagar que compró con Iglesias; crisis que se resolvió con una consulta a la militancia, que apoyó masivamente la continuidad de ambos.

En lo personal, al mes siguiente afrontaba la muerte de su padre y solo tres semanas después nacieron en julio de 2018 de forma prematura sus dos hijos mellizos.

Ha pasado un año y medio desde entonces y Montero ya acude a entrevistas y va al Congreso con su tercera hija, porque esta vez no se ha tomado entero el permiso de maternidad.

Y aunque quiere seguir su carrera como representante pública, también sueña con acabar su tesis doctoral, viajar, y llevar a sus hijos a conocer Chile, donde pasó una temporada como estudiante.

Montero no ha tenido reparos en contar algunas intimidades en Instagram: sus borracheras, que lloró con 'Compañeros' y que extraña a sus amigas y el teatro.

Hija única de un matrimonio de trabajadores -él era empleado de mudanzas y ella educadora-, estudió en un colegio madrileño pionero en los métodos de aprendizaje alternativo, donde se despertó su interés por la participación política.

Solo tuvo un trabajo antes de ser diputada: fue cajera en una tienda de electrónica. También fue investigadora en formación y entre 2013 y 2015 obtuvo una beca de doctorado FPU que dejó por Podemos.

Cinco años después, Irene Montero es la ministra de Igualdad en un Gobierno de coalición con el PSOE y se ocupará de la revisión de la aplicación de la ley de protección integral contra la violencia de género frente al "negacionismo" de Vox.

Lourdes Velasco