EFECampo de Balukhali (Bangladesh)

La ayuda para casi 400.000 refugiados rohinyás llegados en las últimas tres semanas a Bangladesh apenas cae con cuentagotas en los campos más necesitados, mientras la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) alerta de que hay que prepararse para el "peor escenario".

La oficina de la ONU en Bangladesh elevó hoy a 389.000 los miembros de esta minoría musulmana que han salido huyendo de Birmania (Myanmar) desde el pasado 25 de agosto, lo que supone 10.000 más que los registrados en la víspera.

Los refugiados que se alojan en asentamientos "espontáneos" o de nueva creación siguen aumentando y se sitúan ya en 214.000, mientras que unos 154.000 se encuentran en campamentos improvisados preexistentes, informó hoy el Grupo de Coordinación Intersectorial en su último informe.

"Los recién llegados continúan circulando desde puntos de tránsito, aldeas de comunidades de acogida y el área metropolitana de Teknaf (principal punto de cruce por río) hacia asentamientos provisionales existentes y ubicaciones espontáneas", explicó el grupo.

Según el informe, varias agencias han comenzado a trasladar suministros por aire hacia Bangladesh y nuevas organizaciones están llegando al suroriental Cox's Bazar, donde se concentran los campamentos, para "ampliar la respuesta" a la crisis.

Unicef ha comenzado a enviar camiones cargados de jabón, pañales y ropa, entre otros suministros, a los campos de refugiados.

"Hay una escasez aguda de todo, especialmente refugio, comida y agua limpia (...) Tenemos una tarea monumental por delante para proteger a estos niños extremadamente vulnerables", indicó el representante de Unicef en el país, Edouard Beigbeder, en un comunicado.

Según estimaciones de Unicef, el 60 % de los refugiados son menores de edad y un 23 % tienen menos de cinco años.

En medio de esta situación, la OIM afirmó hoy que hay que manejar el "peor escenario" en la crisis, que sería que todos los rohinyás abandonaran Birmania, en particular el estado de Rakhine, en el occidente del país y donde se estima que viven un millón de miembros de esta comunidad.

"Tenemos que estimar el peor escenario que es que todos salgan", dijo en conferencia de prensa en Dacca el director de Operaciones y Emergencia de la OIM, Mohammed Abdiker Mohamud.

Mohamud reiteró su petición de ayuda a la comunidad internacional, añadiendo que hace unos días se hizo una solicitud de fondos de 77 millones de dólares cuando la cifra de rohinyás no llegaba aún a 300.000.

"Queremos ver a la comunidad internacional venir rápido y muy rápido, no mañana, no pasado mañana, les pedimos (que estén) hoy", demandó.

Reconoció que, aunque esta crisis -la situación en Birmania de los rohinyás, que los considera apátridas- comenzó hace mucho tiempo, el éxodo masivo de esta minoría musulmana ha tomado a todo el mundo por sorpresa.

"Seamos sinceros, nadie esperaba que fueras a tener 400.000 personas cruzando la frontera de Bangladesh, así que nadie estaba listo con comida, instalaciones de salud", dijo.

Los donantes privados están llenando el hueco de las agencias del sistema de las Naciones Unidas, a las que apenas se ve en algunos campos casi tres semanas después de que se iniciara esta nueva crisis.

Sin embargo, la ayuda desorganizada se ha convertido en un motivo para aumentar el caos ya existente en los nuevos asentamientos de refugiados.

La actual crisis se desató el 25 de agosto, cuando un ataque de un grupo insurgente rohinyá contra casetas policiales y militares en el estado de Rakhine, en el noroeste de Birmania, fue respondido con una operación militar en la zona.

A finales del año pasado, el Ejército birmano llevó a cabo otra campaña militar tras un ataque insurgente, que en aquella ocasión provocó el éxodo de más de 80.000 rohinyás y la condena de organismos internacionales y organizaciones de Derechos Humanos.

Por José Luis Paniagua