EFEMaastricht (Países Bajos)

El 25 aniversario del Tratado de Maastricht, que se celebrará el próximo 7 de febrero y vendrá acompañado de decenas de actos, quiere ser utilizado por la ciudad holandesa que lo acogió para contagiar al continente de su entusiasmo europeo, en un momento de graves turbulencias para la UE.

El tratado supuso el primer paso para una integración no solo económica, sino también política. Veinticinco años después, la UE ve cómo el ascenso de partidos euroescépticos y el futuro "brexit" (la salida del Reino Unido de la misma) cuestionan el proyecto comunitario.

"Todo el mundo conoce Maastricht. A veces tienes que explicar que también es una ciudad", bromea el gobernador de la provincia de Limburgo, Theodorus Bovens, en un encuentro con corresponsales extranjeros.

Las autoridades de la región, situada entre Bélgica y Alemania, insisten en que en este municipio se han vivido en primera persona los beneficios de la cooperación entre países, al haberse facilitado la vida a la gente que vive en la zona.

Las antiguas "vallas físicas" y los "controles que había antes para comprobar cuántas botellas de vino, de cerveza o paquetes de cigarros habías comprado" acabaron hace tiempo, y "la vida es mucho más fácil si hay menos barreras", asegura Bovens.

Se da la paradoja que Geert Wilders, líder de la extrema derecha holandesa y que tiene como uno de sus eslóganes "¡Cerremos las fronteras!", es originario de la provincia de Limburgo.

"No creo que sus propuestas sea buena para el interés de la gente de Limburgo", considera Bovens, quien recuerda que en su provincia miles de extranjeros trabajan en sectores como la sanidad o la agricultura.

"Toda nuestra economía depende de gente que es de fuera", subraya.

La alcaldesa de Maastricht, Annemarie Penn-te Strake, insiste por su parte en el carácter internacional de la ciudad.

"En esta zona hay gente cruzando países todo el tiempo, enamorándose al otro lado de la frontera y formando familias", afirma.

"Es muy importante resaltar los beneficios que implica la UE y no caer todo el tiempo en tristezas como el "brexit", considera la regidora.

Penn-te Strake lamenta, por otra parte, que a menudo se vincule el acuerdo de 1992 en Maastricht a la moneda única.

"La esencia del tratado no puede ser el euro", sino otros temas "que ya están en el texto y aún no estamos discutiendo, como el de la ciudadanía europea", comenta.

Incluso se muestra algo crítica con la unión monetaria, y asegura que desde su gabinete se escucha con atención a economistas como Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía en 2001.

"Él dice que empezar con el euro no fue una idea muy prudente" porque "pensábamos que ya estábamos preparados sin estarlo todavía", añade.

De las decenas de actos organizados para celebrar el 25 aniversario, los más señalados son dos.

El primero será una "cumbre" el próximo 9 de diciembre, en la que participarán académicos y expertos europeos, que se centrará en la unión monetaria, la dimensión social de la UE y su legitimidad democrática.

"Nuestra ambición es ser el lugar en el que se pueda debatir sobre Europa", indicó el gobernador de Limburgo.

Bovens lamentó que en las discusiones públicas actuales no se hable de temas que "ya están en el tratado" como "la Europa social, o la ciudadanía europea".

El gobernador fue más allá y aseguró que la negociación sobre el "brexit" debería celebrarse en Maastricht.

"Si abandonan la UE están renunciando al Tratado de Maastricht", afirmó, "no solo a Bruselas".

El segundo gran evento tendrá lugar el mismo 7 de febrero de 2017, coincidiendo con la firma del tratado. Entre 3.000 y 5.000 jóvenes de toda Europa se reunirán en un festival para celebrar debates políticos e intercambiar ideas sobre el futuro del continente.

Cuando visiten Maastricht, podrán admirar el monumento "Estrellas de Europa", situado en una rotonda del centro histórico y que representa el espíritu que se respiraba en 1992.

La obra se inauguró en 2002 por el décimo aniversario del tratado. Está formada por 35 estrellas blancas de aluminio que, sujetadas por unos mástiles, parecen ascender al cielo.

Doce de ellas aguantan en lo más alto formando un círculo, representando a los países firmantes del acuerdo. Las otras 23, en posiciones más bajas y a distintos niveles, simbolizan los estados con deseos de integrarse en la unión.

De momento, la estrella del Reino Unido se mantiene arriba, no se sabe por cuánto tiempo.

Por David Morales