EFEBarcelona

La crisis del coronavirus se está ensañando con las residencias de personas con discapacidad intelectual, un colectivo que suplica ser considerado de extrema "fragilidad" y que ha lanzado un grito de auxilio ante la falta de material sanitario y tests para detectar los contagios de COVID-19.

La emergencia que ha causado la pandemia, castigando a los sectores más vulnerables de la población, no deja margen de maniobra para los centros de personas con discapacidad intelectual, que están desbordados, con plantillas cada vez más reducidas y sin los equipos de protección necesarios para hacer frente al virus.

"Tenemos muchísimas dificultades y nos sentimos invisibilizados. La realidad es mala, de abandono. Necesitamos una mayor coordinación con el sistema de salud público y un plus de apoyo para este tipo de personas".

Quien así lo demanda es Enrique Galván, el director de Plena Inclusión, la organización española de referencia que aglutina a más de 900 entidades de personas con discapacidad intelectual y gestiona un millar de residencias y pisos tutelados en todo el país.

Galván asegura a Efe que necesitan más recursos y que están al límite de sus capacidades, tratando de adquirir equipos de protección personal (EPIs) con dinero que no tienen: "Estamos gastado cientos de miles de euros y ya veremos cómo lo podemos pagar", ha señalado.

Ha lamentado así que la administración no les ofrezca una respuesta, lo que está llevando al "desabastecimiento total" en residencias y pisos, donde la ausencia de pruebas de diagnóstico está mermando los equipos asistenciales a un ritmo vertiginoso.

De hecho, a falta de cifras oficiales, Plena Inclusión estima que en las últimas semanas han fallecido "decenas de residentes" debido al COVID-19 y exige por ello que se les considere "un colectivo especialmente frágil dentro de los vulnerables".

Y es que a la precariedad de recursos, que también afecta a otro tipo de centros, se suman las complicaciones que la pandemia está causando en las personas con discapacidad intelectual, quienes a menudo "no entienden" ni qué es lo que ocurre ni por qué cambia su rutina.

"Muchos tienen graves problemas de comportamiento y no entienden que esas rutinas de repente desaparezcan y no se les pueda dedicar la atención a la que están acostumbrados. Su entorno de seguridad ahora se ha caído", ha señalado Galván.

En la misma línea, el doctor Joaquim Serrahima, director general de Catalonia Fundació Creativa, que gestiona 19 centros y residencias en Cataluña, ha asegurado que los usuarios "lo llevan fatal" porque además de los cambios en las actividades "no saben qué hacer con las mascarilla o por qué sus cuidadores van todos con bata y guantes".

"De golpe, la vida que les hemos montado al aire libre se reduce a estar todo el día encerrados viendo la tele", ha enfatizado.

Serrahima también ha avisado de la enorme falta de personal y ha señalado que, en su caso, están ofreciendo "formaciones rápidas" a los profesionales que estén dispuestos a sumarse al proyecto pero no cuenten con una dilatada experiencia, una vía por la que han optado ya diversos centros para atajar la falta de trabajadores en el sector, uno de los más precarizados.

Así lo ha puesto de manifiesto el director de DINCAT, Carles Campuzano, quien ha destacado que se trata de un sector "laboralmente muy tensionado que estos días lo está dando todo sin EPIs y sin tests", dado que apenas llegan "a cuentagotas" cuando hay casos graves de personas afectadas.

Campuzano, cuya federación aglutina alrededor de 300 entidades, ha tildado la situación de "crítica" y ha recordado que las residencias de personas con discapacidad intelectual no suelen ser espacios "medicalizados" ni están pensados para tener apoyo sanitario: "Es, quizás, una de las debilidades del sistema".

Ha señalado también que cuentan con la ayuda de voluntarios, que les envían material sanitario impreso con 3D, pero que infelizmente sólo les permite "aguantar unos días" hasta obtener los equipos de protección homologados.

Por eso, profesionales y residentes siguen al pie del cañón lanzando el "Mayday": esperan, más temprano que tarde, recibir finamente EPIs y tests.

Alba Gil