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La ultraderecha está presente por primera vez en un Gobierno de Bulgaria desde la caída del régimen comunista en 1989, en una coalición encabezada por el populista Boiko Borisov, investido hoy por tercera vez primer ministro desde 2009.

El Parlamento búlgaro otorgó su confianza a Borisov y su Gobierno de conservadores y ultras por 134 votos a favor y 101 en contra en una cámara de 240 escaños. La oposición socialista y el partido de la minoría turca votaron en contra.

La formación del nuevo primer ministro, la conservadora Ciudadanos para el Desarrollo Europeo de Bulgaria (GERB), ganó las elecciones anticipadas del pasado 26 de marzo pero no logró una mayoría suficiente, por lo que ha formado una coalición con la ultraderecha de Patriotas Unidos.

El GERB tiene 90 escaños y junto a Patriotas Unidos, una alianza de tres formaciones con un discurso xenófobo y euroescéptico, la coalición tiene una ajustada mayoría de 122 diputados.

Borisov dimitió el pasado noviembre después de que su candidata presidencial, Tsetska Tsacheva, perdiera frente al exgeneral Rumen Radev, un independiente que recibió el apoyo del Partido Socialista.

Borisov, la figura más influyente en la política búlgara en la última década, explicó en el Parlamento que su formación ha llegado a un acuerdo con los ultras para dar estabilidad al país más pobre de la Unión Europea (UE).

"Nos encontramos en un momento histórico para el mundo y para Europa debido la inseguridad política, los problemas económicos, los conflictos religiosa, la inestabilidad de la región y los desafíos de seguridad; tenemos la necesidad de superar el egoísmo partidista", expuso.

"Entre las prioridades están continuar el camino de integración europea y participar en el proceso de reforma de la UE, además de limitar la inmigración ilegal, garantizar la protección de las fronteras nacionales y el crecimiento económico", agregó.

Diez años después de la entrada en la UE, Bulgaria sigue bajo la tutela de Bruselas y fuera del club Schengen que permite viajar sin pasaporte por el resto de la UE, lastrado por la sombra de la corrupción policial y el crimen organizado.

El nuevo Gobierno tiene en total 21 miembros, incluidos tres ministros sin cartera, entre los que figura uno de los líderes ultras, Valeri Simeonov, que será viceprimer ministro responsable de Economía y Política Demográfica.

El otro líder ultranacionalista, Krasimir Karakachanov, será también viceprimer ministro responsable de Seguridad Nacional y además ministro de Defensa.

El GERB de Borisov controlará los principales ministerios excepto Defensa, y entre los que se incluyen Exteriores, Finanzas, Energía, Justicia, Interior, Fomento o Fondos Europeos.

La ministra de Exteriores será Ekaterina Zaharieva, titular de Justicia en el Gobierno anterior, mientras que esta última cartera la asumirá la excandidata presidencial Tsacheva.

La oposición socialista criticó el nuevo Ejecutivo al juzgar que su programa está alejado de las preocupaciones de la población.

Una quinta parte de los siete millones de habitantes del país vive en situación de pobreza mientras que otro tercio de la población tiene serios problemas para llegar a fin de mes, según datos del Instituto Nacional de Estadística.

"La palabra pobreza aun no se menciona en su programa de Gobierno", afeó antes del voto la líder socialista, Kornelia Ninova.

Dos millones de búlgaros emigraron en las últimas dos décadas en busca de mejoras económicas, un proceso que sigue en marcha a pesar de la integración comunitaria y que supone una grave crisis demográfica.

A mediados de abril conservadores y ultranacionalistas llegaron a un pacto de coalición entre cuyos puntos destacaba la permanencia en la Unión Europea y la OTAN, luchar contra la inmigración irregular y cambiar la política de refugiados comunitaria.

En ese acuerdo se indicaba que el nuevo Ejecutivo estudiará medidas para cerrar "el flujo de inmigrantes por las fronteras terrestres y marítimas con Turquía" y buscará reformar la política de asilo comunitaria para que los refugiados no sean devueltos al primer país por el que entran a la UE.

Tras el cierre de la ruta balcánica con Macedonia y el acuerdo migratorio con Turquía -que sólo se aplica a los refugiados llegados a las islas helénicas- ha aumentado la llegada de solicitantes de asilo e inmigrantes a Bulgaria desde la vecina Turquía.

Uno de los escollos que dificultó la firma del pacto fue la exigencia de los ultranacionalistas de un aumento de los salarios.

Finalmente, el acuerdo contempla que en los próximos cuatro años el salario mínimo pase de los actuales 230 euros hasta 325 y que el sueldo medio llegue hasta los 750 euros, mientras que la pensión mínima aumente el próximo octubre de 80 a 100 euros mensuales.

Vladislav Punchev