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"Hijo, muchas gracias pero yo no me voy". La frase sale, pausada, con cariño, de la boca de una mujer mayor. La escucha enfrente un desconcertado militar de la UME tras pedirle abandonar su casa a riesgo de que la devoren las llamas.

Terremotos, incendios, inundaciones y nevadas. Son situaciones que ponen al límite a los que las sufren y quienes, como estos militares, intentan ayudar. Por eso un grupo de psicólogos les enseñan técnicas para cuidar a otros en esos momentos... y para cuidarse de las experiencias vividas.

"No solo hay que rescatar, hay que velar por que las personas estén cuidadas", explica el capitán Alberto Pastor, uno de los tres miembros del equipo de psicólogos de la UME (Unidad Militar de Emergencias).

Los tres atienden a Efe en su cuartel general de la base de Torrejón de Ardoz (Madrid) para explicar cómo les preparan a la hora de enfrentarse a personas sometidas a un gran estrés. Pero también a no desatenderse y caer en el que llaman "síndrome John Wayne", ese vaquero que todo lo puede y aguanta.

El soldado que invitó a la mujer a dejar su vivienda y recibió esa contestación, relata Pastor, consiguió gracias a sus compañeros que lo hiciera. "No se preocupe señora que nos quedamos con usted y defendemos la casa", le aseguraron provocando exactamente lo contrario, que se decidiera a evacuar para no ponerles en riesgo a ellos.

"En estas situaciones a veces la gente piensa que puede perderlo todo y, ante eso, los soldados tienen que tener ciertas habilidades", explica el capitán. Las adquieren gracias a lo que llaman "primeros auxilios psicológicos" para conseguir tranquilizar a los afectados, algo que a veces es indispensable para su evacuación.

EL ESTRÉS VIAJA A CASA

Mostrarles técnicas de control de la respiración para que se relajen y evitar mareos o incluso desfallecimientos, comunicarles los mensajes de manera pausada o dar tiempo al enfadado para enfriarse son algunos de los trucos que aprenden, así como comprender su situación, como ocurrió, recuerda Pastor, en el terremoto de México de 2017.

Allí, los de la UME tuvieron un trato especialmente cariñoso con la familia del español que finalmente falleció sepultado entre los escombros del edificio en el que trabajaba.

"Es bonito que, dentro de esa desgracia, tuvieran un trato humano y un cariño especial", explica el capitán, pero también les hizo implicarse emocionalmente y cuando llegaron a España sufrieron las consecuencias.

Por eso los psicólogos enseñan a los soldados a gestionar las sobrecargas emocionales y que, durante y después de la emergencia, les pasen la menor factura posible.

En los cursos, por los que pasan unos 1.000 militares al año, recomiendan técnicas como intentar no proyectar las experiencias personales en las víctimas (pensando, por ejemplo, que esa niña afectada podría ser su hija o ese señor su padre) o recurrir al humor para aligerar la carga emocional.

PONER PALABRAS A LO VISTO

Pero, sobre todo, les invitan a "poner palabras" a lo visto y sentido. "La expresión emocional es buena", explica el teniente coronel Leandro Caballero. Por eso durante la emergencia les instan a dedicarle un rato en la reunión de cada tarde. "¿Cómo os habéis sentido?", pregunta entonces el responsable de grupo a los suyos. Y si nadie se arranca, habla el jefe para dar ejemplo.

"Es algo que tienen que automatizar", dice Pastor, y su compañero el capitán Rafael Pablos coincide en que es clave "normalizar el poder hablar de lo que se ha sentido" en un colectivo, el de los uniformados, que aún interpreta como una debilidad expresar aflicciones.

"Es muy importante que tengan espacios para compartir lo que han vivido en su grupo y que se extrapole a otros grupos dentro de su esfera personal, como sus amigos. Que digan: 'estoy mal, estoy afectado'", explica Pablos. Y que exterioricen esas imágenes de las desgracias "que les vienen de forma automática a la mente".

Eso y controlar la alimentación y el sueño durante la emergencia, para lo que tienen herramientas como una aplicación de móvil que reproduce grabaciones con técnicas de relajación y que pueden usar antes de irse a la cama.

Porque, explica Caballero, el estado de alerta es necesario para ser efectivo y tener los cinco sentidos activados, pero cuando la ansiedad se dispara afecta al rendimiento y a la persona.

ALERTA DESPUÉS DE LA EMERGENCIA

Y lo peor puede venir luego. El primer mes después de la situación traumática, explican los psicólogos, es esencial estar alerta. Es importante entonces identificar, por ejemplo, síntomas de irascibilidad, falta de sueño o nerviosismo, tanto en uno mismo como en los compañeros, para poder dar la señal de alarma.

Los psicólogos chequean su estado cada año y les ayudan con los cursos, incluidos en el programa de formación de la UME. Son clases de "Emociones y primeros auxilios psicológicos", "Autogestión y estrés", "Desactivación fisiológica" (control del cuerpo y mente en situaciones peligrosas para mejorar la efectividad y prevenir errores), "Habilidades de comunicación y gestión de conflictos" y "Autocuidado".

Porque la atención psicológica, recuerda Pastor, "cada vez es más habitual y se esta normalizando en la sociedad y en las Fuerzas Armadas".

"Desde 2005 (cuando se fundó la UME) hasta hoy ha habido un gran cambio, ahora te ven como uno más del equipo", resume este capitán, e incluso son ahora los soldados los que proponen a los psicólogos nuevas formaciones, superando así el síndrome del "cowboy" infalible.

María Traspaderne