EFEPraga

Los primeros ministros de la República Checa, Eslovaquia, Hungría y Polonia celebraron este domingo en Praga y Bratislava el trigésimo aniversario de la llamada Revolución de Terciopelo, la transición pacífica del régimen totalitario checoslovaco a la democracia.

Para el líder checo, el magnate Andrej Babis, fue un momento de sincerarse y agradecer el valor de sus conciudadanos durante la revolución, como el fallecido expresidente Vaclav Havel, así como estudiantes y artistas.

"No fui en ese momento tan valiente y comprometido como Havel" y, "como sabéis, fui miembro del Partido Comunista y no siento orgullo de eso", reconoció Babis.

La víspera, el polémico primer ministro fue criticado duramente en una protesta masiva con unas 250.000 personas en Praga, que pidieron su dimisión por conflicto de intereses, control de la prensa y abusos con fondos europeos.

En el Museo Nacional de Praga, recién restaurado, Babis ejerció de anfitrión de sus homónimos eslovaco, Peter Pellegrini; polaco, Mateusz Morawiecki, y húngaro, Viktor Orbán, además del presidente del Parlamento alemán, Wolfgang Schäuble.

Tras un "video mapping" de diez minutos, que reflejó algunos hitos dramáticos de la segunda mitad del siglo XX, los líderes hicieron su valoración de las transiciones centroeuropeas desde el antiguo bloque soviético del Este a la Unión Europea (UE), momento que el mandatario húngaro aprovechó para reivindicar el papel de los Estados nacionales.

"Somos el futuro de Europa", afirmó el ultranacionalista Orbán, al tiempo que destacó la defensa de un mundo basado en los "Estados nación y en los principios cristianos".

"Queremos decidir solos sobre nuestros destinos, queremos vivir como naciones libres, no como provincias, no como súbditos sometidos", añadió.

Tras el acto de Praga, los cuatro líderes se desplazaron a Bratislava, para hacer una ofrenda floral junto al castillo de Devin, en honor de las víctimas del comunismo.

Se estima que tras el golpe comunista de 1948 unos 60.000 checoslovacos se exiliaron y, entre los años 1968 y 1989, se marcharon otros 250.000.

Pero no todos lograron huir con vida y este memorial de Devin recuerda a 400 de ellos que perecieron en el intento de cruzar el Telón de Acero hacia Occidente.